A LA BÁSCULA  

Cenadores

Previo a la aprobación en el Senado de la República de la serie de iniciativas enviadas por el Presidente y que fueron autorizadas en una sesión nocturna en la cámara de diputados, en fas track ‘dispensándose’ el trámite de que pasaran por las comisiones respectivas y tras su aprobación subirlas al pleno, el presidente de la cámara alta y coordinador del grupo parlamentario de Morena, Ricardo Monreal Ávila, había empeñado su palabra, se comprometió con el resto de los grupos parlamentarios a que en el senado las iniciativas sí se discutirían, y no pasarían como en la cámara baja, en ‘fast track’.

Desde Palacio Nacional corría prisa porque en ambas cámaras las iniciativas presidenciales fueran aprobadas de inmediato, sin cambiarle ni moverle ni un punto ni una coma como es la tradición morenista, antes de que concluyera el periodo ordinario de sesiones, ya que tras el reinicio del mismo en septiembre habrá cambios en la cámara de diputados, y ya no tendrá ni la presidencia de la misma, ni de la Junta de Coordinación Política.

Ante ello, los integrantes de la bancada morenista en el Senado, fueron convocados a Palacio Nacional por el Presidente, donde recibieron las instrucciones de cómo y qué deberían hacer con el asunto que tanto interesaba a López Obrador, y Monreal Ávila consideró que era el tiempo y el espacio para negociar –a cambio de su dignidad- que el Presidente le levantara el castigo, que le volviera a hablar, y que hasta le concediera el rango de ‘corcholata’ del que había sido despojado y tanto le preocupaba.

Así, tras una cena en Palacio Nacional y los acuerdos establecidos con el líder senatorial, la bancada morenista decidió sesionar fuera de su recinto oficial y, sin la presencia de la Oposición, aprobaron también sin leer siquiera el paquete de leyes que tanto interesaban y urgían al presidente. Sin el menor rubor, Ricardo Monreal dijo que la visita al presidente, fue con motivo de saludarlo y desearle recuperación, porque venían de haber padecido extraña y sospechosamente Covid-19 por tercera ocasión.

Una noche después de las elecciones del domingo pasado, los gobernadores morenistas y algunos miembros de su gabinete, tuvieron una cena en Palacio Nacional con López Obrador, quien dijo que el motivo había sido felicitar a la maestra Delfina Gómez por el triunfo por la gubernatura en el Estado de México, aunque en realidad el motivo fue para dar las órdenes y girar las instrucciones de que todas sus ‘corcholatas’ –así las bautizó y llama el Presidente-, de que aquellos que aspiraban a contender por la candidatura de Morena a la presidencia de la república, deberían dejar sus cargos.

Así fueran integrantes de su gabinete a los que sí les pude dar órdenes, como es el caso de los responsables de la política interior y exterior, Adán Augusto López y Marcelo Ebrard Casaubón, respectivamente; o titulares de un gobierno que se supone autónomo y que llegó al puesto a través de una elección como Claudia Sheinbaum, gobernadora de la Cuidad de México; o integrante de otro poder, con cargo electo por el pueblo a través de las urnas, como es el caso de Monreal Ávila. Uno ya se adelantó desde el día siguiente, Marcelo Ebrard, y el resto dicen que esperarán a después del Consejo Político Nacional de Morena el domingo entrante.

Ahora el presidente ha anunciado que invitará a cenar a Palacio Nacional a los consejeros del Instituto Nacional Electoral (INE) para intercambiar puntos de vista, y que no haya elecciones fraudulentas o amañadas, y aunque no lo diga se refiere a la elección presidencial de 2024, porque ya no hay más, las del pasado domingo en Coahuila y el Edomex fueron las últimas antes de la ‘madre de todas las elecciones’ del año entrante.

A través de sus invitados a las cenas en Palacio Nacional –los cenadores, pues-, el presidente ha venido marcando las líneas a seguir y hasta el momento sus invitados han acatado con simpáticos actos de genuflexión, todas las indicaciones presidenciales, pero uno espera que los actuales consejeros del INE tengan el mínimo de dignidad y, sí, escuchar al presidente, pero no plegarse a sus caprichos y ocurrencias.

Además, como por qué pudiera ser tan necesaria esa reunión y hablar del tema de la transparencia y legalidad de las elecciones cuando apenas el domingo pasado el INE volvió a dar la enésima muestra de que, como organismo autónomo e independiente, sigue siendo tan confiable en que en las elecciones se preserven la transparencia, la legalidad, la certeza y la confianza de los ciudadanos.

En Coahuila y el Edomex, el INE realizó su trabajo de manera impecable a través de los institutos locales. Como buen árbitro que realiza bien su trabajo, pasó inadvertido, dejando como debe ser, el protagonismo a candidatos y partidos.

El INE no necesita recibir una invitación de Palacio Nacional para realizar su trabajo, saben hacerlo y muy bien. Pueden ser cenadores invitados del presidente, pero manteniendo íntegra su dignidad e integridad como Consejeros electorales. Que así sea.

 

laotraplana@gmail.com

@JulianParraIba

 

Autor

Julian Parra Ibarra
Es director del diario digital La Otra Plana y la revista impresa Metrópolis. En cuatro décadas de ejercicio periodístico ha trabajado en diarios como El Norte de Monterrey, La Opinión-Milenio en Torreón, Esto en la Ciudad de México y a.m. en León, Guanajuato entre otros; ha sido conductor en programas de radio y televisión. Es columnista en varios medios impresos y digitales de Coahuila y Durango.
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