JEANNE DIELMAN, 23, QUAI DU COMMERCE, 1080 BRUXELLES

 ¿La mejor de todos los tiempos? Para nada. Solo se trata de un filme con sus méritos narrativos, sobrevalorada y característica de una época específica que conecta con el discurso de estos tiempos. Nada más.

Que este casi olvidado filme haya sido elegido como el mejor de todos los tiempos por la encuesta que cada diez años realiza la revista inglesa especializada Sight & Sound, desplazando a dos iconos intactos del cine como son “Vértigo”, del maestro Alfred Hitchcock y “Ciudadano Kane”, de Orson Welles, parece una exageración solo comprensible cuando todos se afanan por tratar de quedar políticamente correctos en un instante en que las preocupaciones sociales van por el lado de las reivindicaciones del rol de la mujer.

Realizado en 1975 por Chantal Akerman, una joven directora que con esta pieza debutaba en el largometraje, el filme tiene elementos que son característicos de esa época, como los planos fijos, la monotonía narrativa y los sucesos que ocurren fuera del campo visual y en sus tres horas de duración no soporta una revisión exhaustiva sin provocar tedio o rechazo.

El peligro de establecer listas y encuestas respecto de las “mejores películas de la historia” es que nadie se convence cuando, como sucedió ahora, un filme menor y sobrevalorado por circunstancias extra cinematográficas, desplace a joyas auténticas del cine. (¿Es este filme mejor que “¿Gritos y susurros”, de Ingmar Bergman?) sin existir un fundamento real o válido. Así, de manera invariable surge la polémica respecto de la pertinencia de este desconocido título como la mejor de todas, considerando que en todas las encuestas de la revista había estado casi oculta en el lugar 35.

Con absoluta razón los cinéfilos reclamaron, levantaron protestas en las redes sociales y subrayaron el desatino de este cambio paradigmático que, sin dejar de lado las cualidades que el filme tiene. Recalcaban que nadie se acordaba de su existencia y que, en comparación, ni siquiera rozaba el lirismo de “Rashomon” de Akira Kurosawa.

Entonces uno descubre que este insólito lugar se debe a factores externos al cine, se trata todas luces de una película que ha sido redescubierta (y por lo tanto recién valorada), que sintoniza con el empoderamiento de la mujer en el ámbito social, de una manera más directa que otros filmes de la lista de Sight & Sound, que no están dependiendo de un momento, no son una moda ni un discurso políticamente correcto. Son piezas maestras y punto.

“Jeanne Dielman, 23, quai du Commerce, 1080 Bruxelles” es un filme que obedece a una época especial, donde todavía no se han acallado los ecos del mayo del 68 francés. Le pesa el lastre de su estructura radical -planos eternos, larguísimos, fijos, una oda al cine lento que algunos aplauden a rabiar), con una estatuaria Delphine Seyrig como la protagonista, una mujer viuda que vive con su hijo adolescente en un departamento. Entre ellos casi no existe comunicación, salvo pequeñas conversaciones rutinarias, pues el muchacho solo se dedica a leer (hoy estaría pegado al teléfono celular). La mujer se prostituye cada tarde, con el objetivo de solventar el hogar y educar a su único hijo, de un modo tan rutinario como lo son todos sus otros desplazamientos por ese estrecho mundo en donde habita.

El filme abarca tres días (cada uno de casi una hora en tiempo cinematográfico) y se solaza en los actos domésticos de esta Jeanne Dielman que es una mujer gris, al borde de la decadencia física, abúlica y sombría, obsesionada con la limpieza, la higiene y el orden: lustra zapatos, hace las compras, se baña de manera compulsiva, teje, cocina y enciende y apaga las luces de su departamento, mientras que su hijo no aporta en nada. Ah, y con la misma monotonía con que desarrolla su rol de ama de casa, se prostituye, con un cliente cada tarde.

El deseo de la directora es que los espectadores sientan el resentimiento de la protagonista, su desesperanza y carencia de futuro, para lo cual los planos del filme son eternos y cansinos que articulan un relato dramático clásico, con un final sangriento y brutal que se emparenta con filmes como “Taxi Driver”, con el cual tiene ese énfasis en la descripción de la alienación extrema, el deseo del autosacrificio, la necesidad de la limpieza, el orden y la salvación y con “Buscando a Mr. Goodbar”, con esa dualidad del personaje de la profesora que se prostituye en los bares nocturnos en un descenso a los infiernos cotidianos.

De este modo, el filme de Chantal Akerman conecta con lo que hoy se respira: ha logrado reconocimiento la segunda película de ficción de una directora pionera del cine feminista y experimental, una obra fílmica donde de manera clara se desarrolla el tema de una mujer sola e indefensa en un mundo machista. Pero, insisto, eso no significa en modo alguno que este filme sea superior que “Vértigo” (relato prodigioso en su forma y fondo) ni mucho menos que tenga más valor que “Ciudadano Kane” (intacta en su descubrimiento del lenguaje del cine). Lo que sí tiene es pertinencia política y eso, de seguro, ha pesado a la hora de tan polémica decisión, considerando que siempre se había mantenido en el lugar 35 durante más de tres décadas.

Esta “Jeanne Dielman, 23, quai du Commerce, 1080 Bruxelles” tiene momentos brillantes y tediosos, encanta y aburre por partes iguales y en modo alguno estaría en la lista de filmes que uno salvaría antes del fin del mundo.

Lo que sucede es que ha sido (sobre) valorada porque hoy sí encuentra un público asertivo y dispuesto a aplaudir su discurso en una época, la de hoy, que se caracteriza por las  resignificaciones, las lecturas feministas y el deseo de exponer discursos coherentes con los cambios de paradigmas.

Y ojo: así como hubo exageración en esta nominación, siguen existiendo las mismas injusticias en la lista de Sight & Sound cuando se mantiene la no inclusión de películas de Pier Paolo Pasolini, Howard Hawks, Luis Buñuel, Sam Fuller, Eric Rohmer, William Wyler, Werner Herzog ni Nicholas Ray en el Top 100. NI qué decir que para ellos el cine latinoamericano no existe, no tiene cabida en un reinado de pocos.

Para tener en cuenta y comparar: Este año los votantes doblaron número con respecto a los anteriores y, en un contexto general, sigue respetando a ‘Vértigo’, de Hitchcock, en segundo lugar, con ‘Ciudadano Kane’, de Orson Welles, ‘Cuentos de Tokio’, de Yasuhiro Ozu, introdujeron la hermosa y también gélida ‘In the Mood for love’, de Wong Kay Wai, en quinto lugar. Colocaron al maestro David Lynch con su ‘Mullholand Drive’, en el puesto 8. “El padrino”, lejos la más querida por todos, está en el 12. El japonés Ozu sigue siendo el más respetado con dos de sus películas (la citada y ‘Primavera tardía’) entre las 20 primeras. La más modernas son ‘Retrato de una mujer en llamas’ (30), de Céline Sciamma, y ‘Parásitos’ (90), de Bong Joon ho.

Cabe una pregunta obvia: ¿cómo es posible que en tantos años de la encuesta nadie se haya dado cuenta de esta película, desterrada al olvido por décadas? Entonces, ¿qué pasó? ¿Acaso durante casi 50 años la (actual) mejor película de la historia del cine estuvo escondida a plena vista sin que nadie se diera cuenta?

¿Es Jeanne Dielman la mejor película de la historia?

Como se trata de listas -eterno juego de los cinéfilos- acá les dejo la polémica lista de las 10 primeras de 2022, según Sight & Sound. Opinen.

Las diez mejores (de 100) para la crítica, según Sight & Sound

Jeanne Dielman, 23, quai du Commerce, 1080 Bruxelles (Chantal Akerman, 1975)

Vértigo (Alfred Hitchcock, 1958)

Ciudadano Kane (Orson Welles, 1941)

Tokio Monogatari (Ozu Yasujiro, 1953)

Con ánimo de amar (Wong Kar-wai, 2001)

2001: Odisea del Espacio (Stanley Kubrick, 1968)

Beau Travail (Claire Denis, 1998)

Mulholland Drive (David Lynch, 2001)

Chelovek s kinoapparatom (Dziga Vertov, 1929)

Cantando bajo la lluvia (Stanley Donen, Gene Kelly, 1951)