A LA BÁSCULA

Remedo de partido

Previo a la discusión de la Reforma Eléctrica, el morenista John M. Ackerman escribió en su cuenta de twitter que si Morena no hubiera perdido más de 50 curules en las elecciones de 2021 “ya se hubiera aprobado la Reforma Eléctrica”, y señaló como el principal culpable por la situación que vive el partido del Presidente, a Mario Delgado —presidente nacional de Morena—, quien siempre priorizó a sus amigos impresentables sobre las candidaturas ganadoras.

Este lunes, Ackerman escribió en La Jornada un artículo que titula ‘Autocrítica morenista’, en la que señala los magros resultados en el ejercicio de revocación de mandato como en la derrota de la reforma eléctrica en la Cámara de Diputados, “demuestran que ha llegado la hora de reflexionar seriamente sobre los problemas internos que aquejan al movimiento de la Cuarta Transformación. No todo es culpa de los adversarios externos, de los traidores del PRIANRDMC, de los medios vendidos a la oligarquía o de los falsos demócratas que encabezan las autoridades electorales. Los morenistas también tenemos la culpa”.

Y recordó que en 2018 Morena era un partido pequeño que apenas recibía 10 por ciento del financiamiento público federal, y actualmente es el partido mejor financiado de México con prerrogativas federales y locales que suman 4 mil millones de pesos anuales.

Con todo y lo que todo ello significa, además de la popularidad que el propio Presidente presume que tiene en lo interno y en las calificaciones de mandatarios a nivel mundial, su partido y aliados no lograron sumar los 333 votos que requerían para obtener la mayoría calificada, les faltaron 58, y de esta forma el bloque opositor con sus 223 votos, echaron para atrás la reforma energética impulsada por el principal inquilino de Palacio Nacional.

Además, el dirigente nacional del PRI, Alejandro Moreno, dejó sobre la mesa la advertencia de que “si continúan con esa actitud soberbia”, otras iniciativas de reforma constitucional, también podrían ser bateadas, como la electoral y la de la Guardia Nacional.

Con todo lo que ocurrió durante la semana pasada que la discusión de la reforma energética de manera unilateral fue cambiada de fecha del martes al domingo, y las ‘maromas’ que los diputados del bloque opositor tuvieron que hacer como ir a dormir a la Cámara ante la amenaza de que se iba a bloquear su ingreso a la misma, la unidad mostrada al momento de la votación y que habían advertido previamente, terminó por ‘empoderar’ a la oposición, que ya se dieron cuenta que si  mantienen esa unidad, en lo sucesivo se le van a convertir en una piedra en el zapato al Presidente y su partido.

El morenismo y su fundador han sufrido sucesivas derrotas —como lo mencionó Ackerman—, en la elección intermedia federal en la que, en su principal bastión, la Ciudad de México, perdieron la mitad de las alcaldías; luego fue el proceso de la revocación de mandato en el que, si bien el #QueSigaAMLO fue el más votado, se dio en medio de un proceso en el que la principal característica fue la abstención; y ahora el revés en la discusión de la reforma eléctrica.

Quizá sea, como escribió el analista, “ha llegado la hora de reflexionar seriamente sobre los problemas internos que aquejan al movimiento de la Cuarta Transformación. No todo es culpa de los adversarios externos (…) Los morenistas también tenemos la culpa”.

Además, su punto de vista alcanza a ‘raspar’ algunas candidaturas de Morena en las entidades donde se renovará la gubernatura y otros, como Durango, que eligen a los alcaldes de los 39 municipios, cuando dice que el principal culpable por la situación que vive en el partido del Presidente, es Mario Delgado, “quien siempre priorizó a sus amigos impresentables sobre las candidaturas ganadoras”.

Para muchos, estos últimos tropiezos son signos del inicio de la debacle de Morena, y quizá si se sigue sin realizar un ejercicio autocrítico y admitir los yerros en los que han incurrido, esta posibilidad podría empezar a convertirse en realidad.

A partir de su registro como partido político, Morena es el que en más corto tiempo alcanzó la Presidencia de la República, pero de no realizar un auténtico y verdadero ejercicio de autocrítica, de que actúen como un verdadero partido y no sólo como la caja de resonancia de su fundador, podrían terminar muy pronto en convertirse en lo que su líder parlamentario, Ignacio Mier, lanzó como sentencia al priismo, de convertirse en un ‘remedo de partido’. Podría ser un escupitajo hacia arriba.

Y como dijo Ackerman, “de eso los morenistas también tenemos la culpa”.

 

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@JulianParraIba