AVISO DE CURVA

¿Es Manolo Jiménez Salinas el elegido del PRI?

Manolo Jiménez Salinas llegó con buena fortuna a la Secretaría de Inclusión y Desarrollo Social de Coahuila. No solo está revitalizando y dando un segundo aíre a la política social de la presente administración, sino que, al recorrer los distintos municipios, el ex alcalde de Saltillo descubrió que es más conocido al interior del estado de lo que inicialmente su equipo pensaba, reafirmándose como uno de los cuadros mejor posicionados para suceder al gobernador Miguel Riquelme Solís.

Para nadie es un secreto que el PRI de Coahuila e incluso algunos otros partidos con los que podría configurarse una alianza consideran a Manolo Jiménez como un sólido aspirante de cara a las elecciones del próximo año para renovar la gubernatura: ahora mismo, las encuestas le otorgan la mayor intención de voto, no solo al interior de su partido, sino también frente a los aspirantes más representativos del PAN y Morena.

A la luz de las preferencias electorales de los coahuilenses y del trabajo que el recientemente nombrado secretario de Inclusión viene realizando como operador de la política social estatal, la clase política y los analistas se formulan la pregunta del millón, aun cuando los tiempos sucesorios no han iniciado formalmente: ¿es Manolo Jiménez el elegido del PRI?

Lógicamente, la más ligera insinuación pública y abierta del partido, funcionarios estatales o de él mismo, podría señalarse como un acto anticipado de campaña, además se estarían contraviniendo las formas pausadas y meditadas que caracterizan a los procedimientos internos del PRI.

Deberá considerarse también que este año habrá elecciones en seis estados, por lo que las estrategias y los perfiles que elijan el partido y sus aliados en 2023, estarán sujetos a los resultados electorales del 5 de junio.

Obviamente entendemos a la perfección que el PRI no es tan ingenuo como para dormirse en sus laureles y dejar pasar los acontecimientos. La realidad es que a estas alturas debe tener al menos una terna de la cual surgirá el candidato a la gubernatura, que no será otro que el mejor posicionado entre el electorado de todo el estado.

El PRI cuenta con al menos tres perfiles que reúnen la experiencia y la presencia estatal para ser considerados en la competencia electoral del próximo año. Debemos reconocer, sin embargo, que un perfil bien posicionado en la mayoría de los municipios del estado puede ser el mejor candidato para enfrentar a Morena, sobre todo porque los priistas saben que el partido del presidente no descansa.

Se sabe que Morena avanza desplegando los programas federales en el territorio estatal y tejen, desde el centro, alianzas políticas con liderazgos locales, además que sus aspirantes se hacen cada vez más visibles.

Por otra parte, en el PRI conciben bien que popularidad no es necesariamente posicionamiento. Más allá de los sondeos de opinión y de la presencia en medios de comunicación, las rutinas políticas sugieren que el aspirante, además de ser ampliamente conocido, debe contar con una destacada participación al interior de la estructura gremial y territorial del partido, sin descuidar los amarres que establezca con alcaldes, líderes sociales, entre otros representantes de la comunidad.

Luego entonces, la pregunta formulada párrafos atrás se responde de la siguiente manera: a la fecha, el PRI de Coahuila no ha elegido a su candidato, pero gracias a su posicionamiento estatal, Manolo Jiménez Salinas es quien tiene mayores probabilidades de serlo.

Éste es el punto de arranque, todo lo demás son especulaciones.

Es por ello que extrañaron entre la clase política las recientes declaraciones vertidas por Jericó Abramo Masso, respecto a que existe una “cúpula” en el estado que, a su entender, definirá el proceso interno del PRI.

Siendo un cuadro político con toda la experiencia, cuya carrera política ha avanzado en concordancia con las rutinas del PRI, incluyendo la movilización de la estructura electoral y la intervención cupular a su favor, se esperarían mejores formas políticas para buscar la candidatura.

Si lo que pretende el legislador federal es acorralar a la “cúpula” o hallar el pretexto de arranque para una posible salida del PRI, muy probablemente encontrará mayor desgaste que beneficios.

Como yo lo veo, lo más recomendable para todos los aspirantes es alejarse de las especulaciones, para centrarse en la realidad que exigen los tiempos y las formas del partido.

 

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