CÁPSULAS SARAPERAS

El Ángel de Acuña

En esta ocasión te platico de una verdadera obra de arte que tenemos en nuestra hermosa ciudad de Saltillo, la cual durante más de 100 años ha visto el pasar de los años de nuestra comunidad, me refiero al Ángel de Acuña.

Esta obra fue encargada por el Gobierno de Coahuila al escultor hidrocálido Jesús Fructuoso Contreras, el mismo que realizó la estatua de mi General Ignacio Zaragoza, que por cierto bien merece hacerle una Cápsula Sarapera, pues tiene un dato anecdótico, pero volvamos al Ángel, que no es un ángel, sino el llamado Ángel de Acuña. El artista Jesús Fructuoso al poco tiempo de aceptar realizar la obra, la cual sería de bronce, padeció de cáncer en el brazo derecho el cual le fue amputado en el año de 1898 en París. Sin embargo, de manera increíble esta situación no fue impedimento para que el artista realizara con un solo brazo una escultura en mármol, haciendo un reconocimiento al poeta Saltillense Manuel Acuña.

En el pabellón mexicano de la exposición de 1900 en Paris, Francia, el sitio de honor fue ocupado por el llamado Ángel de Acuña, obra que fue acreedora del premio “Legión de Honor” y que fue reconocida por el artista Augusto Rodin, el mismo que realizó las esculturas de “La Puerta del Infierno” y “El Pensador”. Después de su exposición en Francia, la instalaron en el patio de la Escuela Nacional de Bellas Artes, siendo hasta el año de 1912 cuando por gestiones de Don Venustiano Carranza, la trasladaron a Saltillo, lugar que vio nacer a quien se le dedicó la obra, instalándola en la plaza “Manuel Acuña”, entre el Mercado Juárez y nuestro Teatro García Carrillo, lugar en el cual vio el transitar de los Saltillenses hasta 1957, cuando por instrucciones del gobernador Román Cepeda fue trasladada a la hermosa Alameda Zaragoza, lugar emblemático que le dio cobijo hasta 1999, cuando fue reinstalada en la céntrica plaza.

La mitología griega habla de la diosa Niké, y no me refiero al calzado deportivo, sino a la diosa de la victoria, nombre que gritó el mensajero Filípides después de correr alrededor de 40 kilómetros para dar el anunció del triunfo de los ateneístas sobre el ejercito persa, en el año de 490 a.C., batalla que se libró en la ciudad de Maratón. De hecho, este es el origen del porque se le conoce así a la justa deportiva de correr poco mas de 42 kilómetros. En ese momento Filípides entró a Atenas gritando Niké, Niké, para después de ello desvanecerse y fallecer.

Pues bien, estimada y estimado Saltillense, bien podríamos decir que el Ángel de Acuña es más bien la representación de a diosa griega del triunfo Niké, según me explicaba mi amigo Ramón Verduzco. Cuando investigué sobre el tema, encontré lógico su comentario, ya que el cristianismo le había prohibido la entrada al paraíso al poeta Saltillense Manuel Acuña por haberse quitado la vida.

Hoy sigue en pie una obra que ha visto el ajetreo diario de nuestra ciudad, que ha observado la convivencia de los Saltillenses y que ha sido motivo de asombro por su majestuosidad, tanto para visitantes como para quienes tenemos la fortuna de vivir aquí en Saltillo. Definitivamente la escultura llamada el Ángel de Acuña —además de hermosa e impresionante— es algo muy de Saltillo y que vale la pena presumir.