El barrio de Saltillo que festeja a los muertos  

Cientos de vecinos y colaboradores preparan cada año el monumental altar a donde habrán de llegar este día dos de noviembre las almas de aquellos que se nos adelantaron

Santa Anita es uno de los barrios más icónicos y antiguos de Saltillo. Enclavado en una de las partes más altas de la ciudad y compuesto por escalinatas y callejones (algunos de ellos sin salida).

Desde hace cuatro años, vecinos del lugar, en conjunto con la Universidad Carolina -que se ubica en este mismo barrio-, decidieron poner en marcha un proyecto para rescatar la cultura que representan los festejos del Día de Muertos.

Así es como nació el altar monumental de la escalinata de Santa Anita, en el que este 2021 intervinieron 380 personas para su elaboración.

Ciento cincuenta escalones de este mítico lugar son forrados con una tela blanca, que representa -tal y como lo dicta la tradición mexicana- pureza y alegría. Allí, los vecinos del barrio y otros saltillenses que han venido de visita han colocado diferentes elementos característicos.

El ambiente huele a cempasúchil fresco, esa flor de color amarillo o anaranjado que representa al sol que guía el alma de los fieles difuntos para que logren llegar a su destino el día 2 de noviembre.

El altar no está dedicado a una sola persona en concreto, sino que es aquí el punto de encuentro de los muertos de los saltillenses, pues más de 320  fotografías fueron colocadas en los escalones, lo mismo se encuentran vecinos, que un heroico bombero o un ciclista. También hay fotografías de matrimonios que ya han partido de este mundo o de amigos que con toda seguridad se han encontrado en el Mictlán (el legendario lugar mexica del eterno reposo de los muertos).

Fiel, en la parte más baja de la escalinata, está un alebrije de Xoloitzcuintle, el perro representativo de México, que -según la tradición azteca- se encarga de guiar a las almas de los difuntos que viajan al inframundo.

El colorido del papel picado amarillo, azul, verde, rosa y rojo complementan el paisaje festivo junto con las mariposas monarcas, que -de acuerdo a los mazahuas- son almas de los difuntos que han regresado a visitarnos convertidos en estos peculiares insectos que -además- llegan en estas fechas a Saltillo como parte de su migración anual.

Pero los vecinos han hecho toda una festividad frente a sus puertas, pues además han colocado las representativas catrinas ataviadas con diferentes vestimentas y fabricaron grandes cráneos con papel maché para representar a las dulces calaveritas de azúcar, uno de los elementos más vistosos en un altar de muertos.

No hay duda que los muertos que visitarán el altar de Santa Anita en Saltillo tendrán un festín completo, pues con todo el amor y la sazón característica de la cocina de los barrios saltillenses, las señoras han preparado toda clase de platillos típicos, para deleitar a los que se nos adelantaron. Además, han llevado calabazas, naranjas y caña de azúcar, sin olvidar el tan representativo pan de muerto.

Una cruz verde que representa la tradición católica fue colocada a mediación del altar y en la parte más alta, está un arco de cempasúchil anaranjado con otra cruz, pero ésta elaborada con flores de palma secas.

Por las noches el juego de luces y las veladoras encendidas, símbolo de la fe y la esperanza, indican a los muertos el camino a las escalinatas por donde quizá en vida pasaron alguna o varias de sus tardes, y que -con toda seguridad- desde hace cuatro años para muchos de los difuntos se han convertido en el lugar favorito cuando regresan a Saltillo del más allá.

María de la Luz Rivera Rodríguez, que vive desde hace 50 años en este barrio dice que todo es para honrar y recordar a sus muertos.

“Nos da mucha satisfacción, porque recordamos a nuestros seres que se nos adelantaron, compartimos con toda la comunidad, para hacer toda esta obra de arte”, señala.

SANTA ANITA Y SU MISTICISMO

Pero la historia de Santa Anita no se ciñe solamente a la del altar de muertos, sino que está envuelta en misterio desde hace muchísimos años.

Una de las leyendas más difundidas relata que hace más de medio siglo en la parte más alta de los escalones, después de las 3:00 de la mañana, se podía ver como las brujas bailaban, en lo que los vecinos consideraban se trataba de un ritual, dejando ver a enormes pájaros rondando el barrio.

Dicen también algunos vecinos, por los callejones de este tradicional barrio camina por las noches, cual alma en pena, una mujer de vestido blanco y semblante triste.

Es también un punto de encuentro de religiosidad católica, pues desde 1825 cada 26 de julio veneran a Santa Anita, la madre de la Virgen María, y anterior a esta festividad lo hacían con la Santa Cruz. (JOSÉ TORRES | EL HERALDO)