AVISO DE CURVA

 

Sin el resurgimiento del Estado, no habrá recuperación

La recuperación económica ha sido el principal argumento señalado por los Gobiernos para llevar a cabo un extenso programa de vacunación y una agresiva política de expansión del gasto público dirigida a promover el empleo e impulsar el crecimiento. No obstante, diversos estudios señalan que después de casi dos años en los que se ha prolongado la pandemia, hay otros indicadores que empiezan a mostrar signos negativos, tales como el aumento de la pobreza, incremento del rezago educativo y el debilitamiento de los servicios de salud.

Por lo tanto, para construir el andamiaje de la recuperación integral, no basta con la implementación de programas para la reactivación económica. El hecho real es que cualquier estrategia gubernamental deberá diseñarse e implementarse desde la perspectiva del bienestar de las personas, poniendo al centro la atención de la salud y el desarrollo social.

El papel de los Gobiernos en la atención de los efectos sociales y económicos de la pandemia se vuelve fundamental y decisivo. Sin el uso de todos los instrumentos de política pública, la intervención gubernamental podría convertirse en una quimera desarrollista, que terminaría siendo atrapada por el desempleo, la pobreza y el colapso de los sistemas de salud.

Es por ello que resulta ampliamente recomendable, sobre todo para las autoridades de los distintos órdenes de gobierno, el más reciente informe publicado en octubre de este año por la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL) y la Organización Panamericana de la Salud (OPS), titulado “La prolongación de la crisis sanitaria y su impacto en la salud, la economía y el desarrollo social”.

No cabe duda que este documento se convertirá en un referente obligado para el diseño e instrumentación de estrategias tendientes a fortalecer la capacidad del Estado para impulsar la economía y asegurar el desarrollo social. No tanto porque las autoridades estén siendo omisas o ineficaces en el logro de los objetivos, sino que, a diferencia de otras crisis, la política pública deberá atender en forma integral los diversos desafíos relacionados con la salud, educación, pobreza, desigualdad y reactivación de la economía.

El informe jala las orejas de aquellos Gobiernos que festejan ufanos la recuperación de la economía, señalando que, por principios de cuentas, las altas tasas de crecimiento que se presumen para el 2021, son producto del “rebote” de la caída económica del año pasado, por lo que hará falta un repunte económico sostenido por al menos dos años más, para regresar a los niveles pre pandemia. Incluso, se señala en el documento, que algunas de las naciones arrastraban bajas tasas de crecimiento en años previos a la crisis, como sucedió en México cuyo desempeño económico fue negativo en 2019.

La CEPAL y la OPS advierten en forma categórica que la recuperación económica no será suficiente si no se atienden de inmediato y con eficacia las insuficiencias de los sistemas de salud y los retrocesos que, en materia de pobreza, educación y desigualdad, se agravaron durante la pandemia.

El reto es mayúsculo porque aún antes de la crisis sanitaria, los sistemas bienestar de América Latina y el Caribe no se destacaban por su robustez y eficacia. El gasto en salud, por ejemplo, resultaba bastante reducido en comparación con las economías desarrolladas, lo que provocó, entre otros efectos adversos, que durante la pandemia más del 50% de la capacidad de atención hospitalaria primaria se desplazó para tratar pacientes Covid, lo que, a su vez, afectó la salud y el bolsillo de personas con otras enfermedades, ya que muchos de ellos tuvieron que acudir al sector privado para atenderse.

Es lógico, por lo tanto, advertir que la sugerencia más notoria del informe sea la de incrementar el gasto y la inversión en salud.

Además, los organismos responsables del documento recomiendan mantener políticas fiscales expansivas, incluyendo la intensificación de los programas sociales de emergencia que mitiguen la pérdida de ingresos y combatan el incremento de la pobreza. Al mismo tiempo, el gasto público deberá permitir la generación de empleos y la recuperación de la planta productiva.

A la luz de los efectos de la pandemia, el fortalecimiento de los programas de bienestar, el rescate de los sistemas de salud y el regreso a clases presenciales, conforman, junto a la reactivación económica, los ejes de la matriz para la recuperación transformadora de los países de América Latina y el Caribe.

En este desafío, resulta primordial el resurgimiento del Estado. Las instituciones públicas tendrá que demostrar su valor y eficacia en el propósito de impulsar el desarrollo con equidad e igualdad.

 

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