CÁPSULAS SARAPERAS

Batalla del Guerreadero

En esta ocasión te platico de una batalla militar muy sui géneris que se libró en tierras de los que hoy es esta hermosa ciudad de Saltillo.

Hagamos volar nuestra imaginación, la guerra de la independencia acaba de terminar, el gobierno no contaba con dinero, muchos querían llegar a la presidencia, sin importar el medio —cualquier parecido con la realidad actual es mera coincidencia— pero, además, en aquellos años, los militares se rebelaban y no había manera o medio de comunicación eficiente en la naciente nación mexicana. De hecho, ya para el año de 1836, habíamos perdido Texas. Cuatro años después, en enero de 1840, un grupo de militares proclamaron la independencia de Coahuila, Tamaulipas, Nuevo León y una parte de Texas para conformar la República del Río Grande. De hecho en Laredo, Texas existe un museo en honor a esa república que nunca existió.

La intención de separar varios estados de México provocó una guerra con varias batallas, una de estas aquí en Saltillo, específicamente donde se encuentra “El Morillo”, allá por las curvas de Landín para señas Saltillenses.

Esta batalla de la cual te platico se conoce como la “La batalla del Guerreadero”, en la cual, según don Vito Alesio Robles, se enfrentaron dos ejércitos: el de los federalistas comandado por Juan Nepomuceno, quien con el apoyo de soldados texanos se enfrentó a más de mil soldados centralistas, quienes estaban bajo el mando de Rafael Vázquez.

Todo estaba listo para la batalla que se libraría el 25 de octubre, la sorpresa se la llevarían los texanos, pues Juan Nepomuceno ya había pactado con los centralistas, por lo que al dar inicio la batalla, los mexicanos, tanto centralistas como federalistas se lanzaron contra los texanos, quienes tuvieron que salir corriendo en retirada.

Mientras los soldados mexicanos gritaban “vivas” a México y “mueras” a los texanos, casi todos los Saltillenses presenciaban este acontecimiento, pues habían sido invitados a observar la batalla, ya que “serían colocados en lugares convenientes fuera del alcance de las armas de fuego”.

Así es estimada y estimado Saltillense, aquí en esta hermosa ciudad de Saltillo, tuvimos una batalla en la cual hasta boletos se vendieron para ver correr a los texanos.