AVISO DE CURVA  

Al rescate de los economistas: “Buena economía para tiempos difíciles”

Pienso que la fama de los economistas debería estar a la altura de los grandes físicos y médicos de la sociedad.

Luego me doy cuenta de que ésta resulta una misión prácticamente imposible. No se puede competir con quienes descubrieron la luz, llevaron al hombre a la Luna, desarrollaron las vacunas anti COVID o prolongaron nuestra esperanza de vida.

¿A qué joven de preparatoria o en qué reunión de la colonia les interesaría discutir sobre el valor de los instrumentos financieros derivados, la teoría de juegos o la política monetaria?

Lo que sucede es que, por mucho tiempo, los planteamientos de la mayoría de los economistas, al menos de aquellos con mayor fama pública, se distanciaron de las necesidades y las problemáticas de la población, sobre todo en temas como la marginación, pobreza y desigualdad.

Llegó un momento en el que las aportaciones del gremio se parecían más a las de un especialista en finanzas o a las de un matemático que a las de alguien que se supone debería tener una visión social amplia. Un economista no solo tiene que dedicarse a predecir el tipo de cambio o el precio de los futuros de la naranja en la Bolsa de Chicago.

Incluso, a los estudiosos de la oferta y la demanda, se les identifica por ahorrarse la sensibilidad social al momento de formular recomendaciones de política pública: “No elevemos el salario por arriba de la productividad porque resultará inflacionario”. “No incrementemos los impuestos a los ricos porque dejarán de invertir en actividades productivas”. “No procuremos recursos en efectivo a los pobres porque lo gastarán en cerveza”.

Así de despistados e indiferentes.

De hecho, los premios Nobel de Economía 2019, Abhijit V. Banerjee y Esther Duflo, afirman que “la sociedad ha dejado de escuchar completamente a los economistas cuando hablan de economía”.

En efecto, justo en el año en que esta pareja obtuvo el codiciado galardón internacional, publicaron una extraordinaria obra de la economía, útil, relevante y sustantiva para la mejora de vida de la gente.

“Buena economía para tiempos difíciles”, que en 2020 publicó en México la editorial Taurus, es una llamada de atención para aquellos economistas académicos cuyos planteamientos se encuentran a kilómetros de distancia del pensamiento de la mayoría de la población.

A la vez, la obra es una reivindicación de la profesión que, a la luz de los efectos de la crisis de 2020, podría convertirse de nueva cuenta en la guía para la formulación de políticas públicas, como en su momento lo hizo el economista John Maynard Keynes que, con el apoyo de sus planteamientos, algunas economías lograron superar la depresión provocada por el crack del 29.

Para que esto suceda, los economistas tendrían que descender del Olimpo financiero y macroeconómico en el que muchos de ellos se han refugiado.

 

Además, deberán de evitar convertirse en comparsas de los mitos y exageraciones de la agenda política. Al contrario, les corresponderá traer de vuelta a la objetividad y el análisis riguroso que les ha caracterizado. Sin embargo, en este regreso, Banerjee y Duflo recomiendan se hagan acompañar por una mayor sensibilidad a favor de los grupos más necesitados.

En síntesis, para los autores, quienes además poseen una larga carrera académica y de experimentación en temas para aliviar la pobreza a nivel global, los economistas deben rebasar los límites de los axiomas tradicionales de la teoría económica, para encontrarles un beneficio social.

La economía no debe reducirse al estudio de las bolsas de valores, sobre todo frente a los grandes problemas de pobreza, desigualdad y marginación que han crecido de manera desorbitada durante los últimos años.

Deberían entonces despojarse de esos anteojos que distorsionan la realidad y, al mismo tiempo, eliminar de su pensamiento aquella fría frase de que “si la realidad no de adapta a la teoría, pobre de la realidad”.

“Buena economía para tiempos difíciles”, es cien por ciento recomendable para aquellos que, sin ser economistas, sienten la curiosidad de saber por qué, al menos durante una crisis, un economista debería ser tan popular como un físico o un médico que salva vidas.

 

olveraruben@hotmail.com