CÁPSULAS SARAPERAS

Adán y San Francisco de Asís

En esta ocasión te platico de algo impresionante que sucedió en Saltillo el día 4 de octubre de 1972, en el mismísimo accidente del trenazo en el puente moreno.

Adán era un niño de tan solo 4 años cumplidos, de hecho el 20 de septiembre es su cumpleaños. Había ido a la peregrinación de San Francisco de Asís a Real de Catorce junto a su hermana Eva, ambos llevados por su abuelita de crianza, quien tenía por nombre Bertha.

Cada año, la abuela tenía la costumbre de visitar Real Catorce en las fiestas patronales, recorrido que hacía desde mucho tempo atrás. Adán, desde que tenía un año, acompañaba a su abuelita.

En 1972 María Camarillo, mamá de Adán y Eva, tenía planeado hacer la peregrinación junto a la abuela Bertha y su hijo mayor, pero previo a abordar el tren, Eva, la niña de escasos 4 años, pues eran cuates, empezó a ponerse muy inquieta pidiendo ir al viaje ella también. Su mamá, al ver una vendedora de muñecas de trapo en la estación ferrocarrilera, decide comprarle una muñeca con la intención de calmarla y así evitar que fuera al viaje. Por un momento, Eva se tranquilizó, pero cuando vio que la abuela Bertha se subía al tren, demostro de nuevo la fuerza de sus pulmones, logrando así ella abordar el tren junto a su hermano Adán y su abuelita hacía Real de Catorce.

Bertha Eva y Adán llegaron a Estación Catorce. Ahís descendieron del tren e iniciaron la peregrinación caminando, hacia el templo de San Francisco. Después de las muestras de fe y devoción hacía el santo Italiano, regresaron a la estación para partir rumbo a Saltillo. Estando en la estación ferrocarrilera, Adán recuerda vagamente a un señor que gritaba: “no se suban a ese tren”. El siguiente recuerdo de Adán es el momento del accidente, los pasajeros se agitan, se escuchan gritos y el crujir de los fierros, los vagones estaban inclinados, la abuela, quien estaba sentada junto al pasillo, decide de manera rápida colocar a los hermanitos debajo del asiento. Luego bajó la ventana y lanzó a Eva, gritando salta. Después, dando la misma instrucción, lanzaria a Adán. Bertha se quedaría atorada entre los asientos.

Pasaron unos instantes y Adán se dio cuenta que había caído en una zanja, escuchaba a la gente gritar y un rato después empezó a ver antorchas alrededor del lugar. Y fue en ese preciso momento cuando sucedió lo incréible, Adán voltea hacia arriba, viendo a una persona que calzaba unos huaraches, subió más la vista y observó que tenia puesto como vestimenta lo que pareciera un vestido. Al verle la cara, se dio cuenta que era un señor grande de edad, quien pareciera ya un anciano, quien extendiendo su bastón le dijo: “Súbete Adán, vamos con tu abuelita”.

El siguiente recuerdo es junto a su abuelita quien se encontaba prensada por los mismos asientos. Bertha se encontraba inconsiente, de repente hubo mucho humo, Adán empezó a toser, perdiendo el conocimiento, para despertar después en una camioneta, siendo despertado por algo que le tapaba la nariz. Haciendo un gran esfuerzo retira lo que le estorbaba, siendo esto el brazo de una persona, por lo que empieza a gritar y a llorar, escuchando las voces de unas señoras quienes gritaban: “hay un niño y esta vivo, llevenselo con los vivos”.

Es trasladado al Hospital Saltillo, donde lo bañan, lo revisan y el asombro de los médicos y enfermeras fue grande cuando se dieron cuenta que Adán no tenía ni un solo rasguño. Por falta de ropa para niño lo vistieron con un vestido de niña. Se sienta y al poco tiempo ve pasar a sus padres, quienes se dirigen al área de informes, a los que de inemdiato llamó a gritos para que lo recogieran.

Debido a la corta edad con que contaba Adán, en ese momento tardo en comprender y asimilar lo que la gente le decia, lo que la familia le aseguraba, que había sido salvado por el mismísimo San Francisco de Asis.

La abuelita Bertha, su hermana Eva, así como muchos peregrinos perdieron la vida en ese trágico accidente.

Así es estimada y estimado Saltillense, aquí en esta hermosa ciudad de Saltillo, vive un señor de nombre Adán quien fue salvado por el mismo santo quien escribió hermano Sol, hermana Luna, el mismo que año tras año se venera en Real de Catorce, por el mismo San Francisco de Asís.

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Es Saltillense*, papá de tres princesas mágicas, Rebeca, Malake y Mariajose. Egresado de nuestra máxima casa de estudios, la Universidad Autónoma de Coahuila, en donde es catedrático, es Master en Gestión de la Comunicación Política y Electoral por la Universidad Autónoma de Barcelona, el Claustro Doctoral Iberoamericano le otorgó el Doctorado Honoris Causa. Desde el 2012, a difundido la historia, acontecimientos, anécdotas, lugares y personajes de la hermosa ciudad de Saltillo, por medio de las Cápsulas Saraperas. *El autor afirma que Saltillense es el único gentilicio que debe de escribirse con mayúscula.