A LA BÁSCULA

Agua saludable ¿va o no va? 

Aunque no ha sido confirmado que así sea, este domingo 3 de octubre es la fecha marcada por el presidente Andrés López Obrador para regresar a La Laguna y definir el futuro del proyecto Agua Saludable para La Laguna en el cual, de concretarse, se aplicaría poco más de 11 mil millones de pesos.

A partir de que se anunció la promulgación del amparo promovido por un grupo de ambientalistas de la organización Prodefensa del Nazas, con el cual fueron suspendidas las obras que se pretendían –o pretenden- realizar dentro del polígono del área estatal protegida del Cañón de Fernández, los esfuerzos y la narrativa oficial se han centrado más que en sustentar técnicamente el proyecto, en emprender una campaña para distorsionar el motivo del amparo.

En vez de prestarse a escuchar, a dialogar, a confrontar ideas técnicas para seguir adelante con la obra, desde el oficialismo se enderezó una campaña de desprestigio en contra de los promoventes del amparo, a quienes lo menos que les han dicho es que son enemigos del Gobierno Federal y que se oponen a que los habitantes de la Comarca Lagunera recibamos agua en cantidad y calidad suficientes, para consumo humano, libre de arsénico, el problema que por décadas se ha padecido debido a la sobreexplotación de los manos acuíferos de la región, debido principalmente al alto consumo que requiere la industria lechera asentada en la Comarca.

Esta ha sido una crónica de una mentira. Ni los ambientalistas son enemigos del gobierno ni se oponen a la realización de la obra. El amparo promovido no es para oponerse al proyecto, sino a que se respete el área protegida del Cañón de Fernández, en cuya superficie se pretende construir la presa que desviaría el agua a la potabilizadora, con todos los daños ambientales que ello representa en la última y única parte viva del río Nazas.

La falta de capacidad para socializar en tiempo y forma el proyecto, ha venido generando una serie de problemas en los que se ha enredado la Comisión Nacional del agua y su titular, Germán Martínez Santoyo, y además ha provocado que se tergiverse la información por parte de diferentes grupos que intentan llevar agua a su molino, aprovechando que el río, literalmente, está revuelto.

Si la realización del proyecto hubiese empezado, ahora sí que por el principio, las cosas no estarían tan enredadas como están ahora. Se comenzó primero con las licitaciones y dejaron al final la socialización del proyecto, sobre todo con los campesinos de las comunidades que resultarían más afectadas, a quienes escucharon en la octava y última mesa de diálogo, y aun así la Conagua no ha logrado transmitir detalladamente su propuesta de tecnificar la infraestructura hidráulica de la zona, con la que se aumentaría de un 40 a un 80 por ciento de eficiencia.

La incapacidad del personal de Coangua llevó al propio Gobierno Federal, a incluir en la octava y última mesa de diálogo a personal de la Secretaría de Gobernación, para el manejo político del proyecto, aunque no se sabe hasta dónde le dieron margen de maniobra, y si el tiempo alcanzará para la siguiente visita presidencial, presuntamente este próximo fin de semana.

De la más reciente propuesta de los ambientalistas, de que haya una tercería integrada por especialistas nacionales en humedales y a cuyo veredicto se tendrían qué sujetar todas las partes, no ha tenido respuesta oficial, por lo que la moneda sigue en el aire. Incluso pareciera que los encargados del proyecto, no le han compartido toda la información al Presidente, que calificó a los ambientalistas como enemigos del proyecto.

Sobre todo, lo más sospechoso es que el llamado de los diferentes sectores de La Laguna de atacar el origen del problema, que es la sobreexplotación del acuífero y el ‘huachicoleo’ del agua superficial y subterránea, por alguna extraña razón no ha querido ser atendida, cuando de ahí parte todo el problema del abatimiento de los mantos y el surgimiento del problema del arsenicismo desde hace alrededor de medio siglo.

Como habitantes de la Comarca Lagunera beneficiarios o perjudicados si se lleva a cabo o no la obra, uno espera que las ocho mesas de diálogo hayan servido para sensibilizar al Gobierno Federal, y muestren una mayor apertura, empatía y disposición en verdad, de dialogar con las partes, discutir técnicamente el proyecto, y haya disposición no a imponer como se pretende un proyecto elaborado sobre un escritorio, sino que éste se realice en con el aval de especialistas en humedales como se propone, procedentes de la academia y no del gobierno que es una de las partes en pugna.

Los laguneros queremos agua, sí, pero no a costa de terminar por matar la única parte viva de nuestro río. No a costa de que nos prometan agua para 25 años, después de los cuales no se nos garantiza nada y tras los cuales el problema sería mucho más grave que ahora. Queremos agua, pero también queremos nuestro río, lo cual no se contrapone entre sí, si se trabaja con inteligencia, con capacidad, con empatía, con sensibilidad.

 

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@JulianParraIba