VIEJOS

El director indio estadounidense M. Night Shyamalan regresa a la pantalla grande con “Viejos” (Old, 2021), película que dividió a la crítica: algunos la consideran una fascinante metáfora respecto de la pandemia que estamos sobreviviendo y otros aseguran que es un frustrado intento del realizador de “Sexto Sentido” por traducir en imágenes algunos de los temas relevantes de la actual sociedad, en especial el temor a envejecer, el inexorable paso del tiempo, el encierro y la pérdida de confianza en la respuesta de la ciencia ante la inevitabilidad de la muerte

Este director y guionista, autor de “La aldea”, “Glass” y “Fragmentado”, entre otras varias películas, tiene siempre como centro de sus relatos el tema de lo fantástico, lo incontrolable, el suspenso que limita con el terror,

Una familia en crisis llega a un paraíso tropical, con el objetivo de pasar un último período junto antes de su inevitable separación. El lugar es maravilloso, todos son encantadores y a los pocos días de haber llegado el encargado les ofrece en exclusiva la posibilidad de que pasen un día completo en una playa privada, de excepcional belleza y oculta por enormes acantilados.

Esta invitación les llega en el momento perfecto: la pareja -compuesta por Gael García Bernal y Vicky Krieps- está por separarse y ella enfrenta un tumor maligno, por tanto, cada minuto que logren disfrutar es fundamental para ellos y sus dos hijos menores.

Pero no son los únicos invitados. Un médico estresado (Rufus Sewell) llega junto a su madre, su esposa, obsesionada con su figura y las dietas para rejuvenecer y su pequeña hija comparten lugar en la playa y pronto, aparece una pareja compuesta por un asiático y una psicóloga negra y epiléptica mujer negra. Más adelante se encuentran con un rapero famoso que parece ocultar un extraño secreto.

El realizador Shyamalan, como de costumbre aparece en un par de secuencias de su película, esta vez como el chofer que los conduce a la playa, demora más de treinta minutos para presentar a sus personajes y dejar establecidos los conflictos de tal modo que, a plena luz del día, todo ese grupo humano variopinto queda encerrado, sin poder salir de esa playa, lo que le permite al director el empleo de extraños ángulos de cámara que le permite simular con maestría el paso veloz del tiempo porque el mayor desconcierto radica en descubrir que en ese lugar comienzan a envejecer de manera acelerada, al punto que en un día transcurren cincuenta años para ellos.

Uno de los méritos de este filme es que el director Shyamalan, que conoce el dispositivo del cine, usa hasta el extremo el tema del tiempo y el espacio usando como locación solo la playa, sosteniendo gran parte del relato en ese límite geográfico, trabajando la tensión y el suspenso solo con elementos mínimos, sin abuso de los efectos especiales y sin caer en los excesos del montaje.

De este modo, la playa es un no-lugar, un sitio que se vuelve abstracto y metafórico del tiempo que vivimos con la pandemia y sus consecuencias para las relaciones humanas. Un espacio donde cada uno de los personajes hace catarsis de sus culpas, miedos y frustraciones en los pocos minutos que les queda de vida.

De este modo el paso del tiempo no solo les provoca dolor y deterioro, sino que además, los enfrenta a sus limitaciones emocionales en contraposición a la belleza del paisaje, un lugar paradisíaco que se convierte en una pesadilla que, en los mejores instantes, deviene en una zona donde la tragedia, el dolor y el tiempo inexorable se convierte en un tema metafísico.

A algunos adictos al cine y las series de televisión, el tema de “Viejos” puede traerles a la memoria algunos capítulos de “Dimensión desconocida” o al inicio de la delirante serie “Lost”, en especial por ese enervante encierro que los consume, los enfrenta y saca de cada uno elementos desconocidos de su personalidad.

Inspirado en la novela gráfica “Sandcastle”, de Pierre Oscar Levy y Frederik Peeters, este filme juega con el terror que surge de todo lo que está sucediendo con el tema de la pandemia, de la coyuntura social actual y del miedo que provoca un enemigo que no vemos, pero sabemos que está socavando nuestra tranquilidad, alterando la rutina de los comportamientos sociales.

Esta idea se refuerza con la vuelta de tuerca de la secuencia final donde no solo se revela una sofisticada conspiración, sino que además le sirve al director para asimilar esta película con sus obras anteriores, en donde generalmente en el plano final se establece una suerte de descomposición de la realidad que se ha entregado, donde esa realidad choca de manera abrupta con la “otra realidad”, que establece al final una especie de reflexión acerca de los mecanismos empleados para entregar la ficción que hemos apreciado, donde “La Aldea” es un caso modélico de este estilo.

Las críticas más duras que ha recibido “Viejos” apuntan a que se trata de una película que entretiene, pero resulta artificiosa, donde lo interesante choca con una propuesta inverosímil y en los deseos un tanto ingenuos del creador por realizar una alegoría sobre el confinamiento y el Covid que, aseguran, le resta el aspecto más fascinante al relato: el misterio.

En las sumas y en las restas, los fanáticos de Night Shyamalan pueden estar felices porque el director regresa con atrevimiento visual, con un manejo desconcertante de la cámara en más de un plano y con el mismo espíritu de provocar impacto con elementos mínimos; sus detractores, en tanto, tendrán material de sobra para avivar la hoguera porque el realizador no escatima esfuerzos por hacer que su relato fílmico supere con creces las barreras tradicionales de las teorías conspirativas que tanto abundan en estos tiempos pandémicos.