CONTRA LA MELANCOLÍA

 

Tengo amigas que no ven noticieros ni leen periódicos, para no enterarse de malas noticias mundiales ni de nada relacionado con López Obrador.

Y a muchas les subió la presión y entró la depresión, tras el “informe” que dio a tres años de su elección.

Porque como lo dedicó a echarse porras, pensaron que nada cambiará y decidieron sumergirse en una burbuja que no significa valemadrismo, sino demasiada preocupación.

Y no es que uno goce con las atrocidades del mundo y calamidades nacionales -que recopiladas por la revista Nexos de julio, muestran la deliberada destrucción de AMLO a instituciones de salud, educación, ciencia y economía que costó años formar- sino que es necesario saber lo que ocurre.

Así que, para bajarles y bajarme el estrés, escribo hoy sobre un artículo de Eva Ontiveros publicado este 22 de mayo por la BBC, recordando el libro «La anatomía de la melancolía» escrito hace 400 años por Robert Burton, con el pseudónimo de Demócrito Junior.

Que sigue tan vigente, que Ontiveros intercala opiniones de especialistas que confirman lo certero de este sacerdote y académico británico, víctima él mismo de «melancolía», como se llamaba a la depresión.

Y basada en Burton, la periodista escocesa Amy Liptrot editó «La nueva anatomía de la melancolía», que refiere cinco mecanismos aplicados por él en 1620 y útiles hoy.

UNO. La depresión puede llegar de repente, pero nuestros estados de ánimo siguen patrones similares que debemos advertir para contrarrestarla, escribió Burton.

Y ahora se sabe, que la depresión tiene componentes genéticos y ambientales; que, si uno de los padres la padece, toda su familia debiera recibir tratamiento; que los altibajos extremos que Burton sufría eran desorden bipolar y que analizar los cambios en nuestro ánimo, nos permitirá manejar mejor los factores externos que los estimulan.

DOS. Burton recopiló una serie de textos sobre la positiva sensación de bañarse al aire libre, «en ríos frescos y agua fría».

Y ahora le dan la razón, médicos como el doctor Mike Tipton director del Laboratorio de Ambientes Extremos de la Universidad de Portsmouth, Reino Unido, que también los aconseja para reducir inflamaciones.

TRES. Para Burton, el contacto con la naturaleza era clave contra la melancolía y resaltaba las virtudes de hierbas y flores y el efecto estimulante de la jardinería, labranza y arado.

Y ahora, entre muchísimos otros investigadores, el profesor Simon Hiscock director del Jardín Botánico de Oxford, confirma que plantas y flores son origen de todos los medicamentos y pone de ejemplo la borraja, utilizada contra la melancolía y ansiedad desde la antigüedad y disuelta en el vino de los soldados romanos, para darles ánimo en las batallas.

Coincide el jardinero y presentador británico Monty Don, que ha lidiado con depresión severa, y describe la «potente medicina» de tocar la tierra y sentir en las manos, las matas que se plantan.

Y las teorías de Burton sobre el beneficio de pasar tiempo al aire libre, están siendo incorporadas a los tratamientos del Sistema de Salud británico.

Les cuento que hace décadas leí en unos códices antiguos que hay en la UNAM, que las infusiones de anís y las alegrías, esos ricos dulces de amaranto con miel, eran usados por nuestros antepasados para curar la melancolía.

CUATRO. Un problema compartido es menor, escribió Burton hace 400 años y sugirió «frecuentar amigos cuyas bromas y alegría puedan contentar; porque la mejor manera de lograr alivio es contar nuestra miseria y no ahogarla dentro del pecho.”

Y ahora se sabe, que la introspección y el aislamiento son comunes entre quienes padecen depresión y para ayudarlos, los médicos están prescribiendo equilibrar el ocio y el trabajo y realizar actividades divertidas como cursos de arte, visitas a museos o caminatas en grupo.

Todas estas “recetas sociales”, son buenísimas para evitar la anhedonia, palabra de raíces griegas:  falta y hēdoné placer, que significa incapacidad de disfrutar actividades placenteras.

CINCO. Las teorías de Burton sobre causas, síntomas y tratamiento de la melancolía se siguen tomando en cuenta, pese a que su conocimiento médico era limitado y basado en la «teoría de los cuatro humores» de la antigua Grecia, en la que cuatro fluidos corporales (bilis negra, bilis amarilla, sangre y flema) determinaba el funcionamiento del cuerpo humano, su apariencia y hasta el carácter individual.

Conceptos prevalecientes hasta 1850, cuando fueron reemplazados por el descubrimiento de que existen organismos causantes de las enfermedades y se llaman patógenos, palabra también de raíces griegas: pathos, enfermedad o sufrimiento y gen, origen.

Esta «teoría microbiana» del científico francés Louis Pasteur, revolucionó todo el pensamiento médico.