EL OTRO HERMANO

Un estupendo relato en clave de thriller, basado en el libro de Carlos Busqued «Bajo este sol tremendo», el director Israel Adrián Caetano (“El oso rojo”) entrega una adaptación meritoria, tensa y sorprendente al elaborar una cinta cruda y violenta que se desarrolla en un pueblo olvidado del norte argentino, siendo capaz de generar una película de tensión creciente, con pocos elementos en la puesta en escena y apoyado con notables actuaciones de Leonardo Sbaraglia y Daniel Hendler, quienes  encabezan un elenco brillante que suma puntos a su carrera en general y a esta cinta en particular, que merece ser rescatada de la extensa cartelera cinematográfica de la plataforma Netflix. 

CRUELDAD, DINERO Y UN SOL QUE NO SE AGUANTA

Hay un elemento común entre todos los personajes de esta estupenda película argentina: el dinero, la guita como dicen en ese país. Todos quieren dinero, todos lo anhelan: Duarte, un tipo sórdido, suboficial retirado de la Fuerza Aérea, lo busca como sea, incluso a través de los secuestros y el chantaje. Daniel, el medio hermano del protagonista, quiere dinero para comprarse drogas y evadir la miseria en que vive. Y es que todos buscan dinero por razones muy diferentes, pero con el mismo afán.

El escenario en que se desenvuelve este filme es miserable, carcomido por la soledad, la aridez y olvidada en el mapa del inmenso norte argentino. Ese pueblo casi macondiano es presentado con sutiles guiños para los espectadores atentos: al inicio aparece Duarte, esperando en una parada de buses en un camino y detrás se alcanza a leer la frase “Morales Intendente”, en alusión velada a la situación política que se presenta en la película, donde el dinero compra firmas de certificados y acelera el pago de pensiones, entre otras cosas. Hacia el final, en el desenlace, otro cartel anuncia la construcción de un Polo Científico en el pueblo de Lapachito, pero el terreno se muestra desolado, lleno de polvo y basuras, lo que revela la eterna situación de promesas no cumplidas por autoridades indolentes.

Esos son detalles, claro, pero no menores porque revelan el mundo en que se nos presentan a los personajes clave de este terrible drama rural: Duarte, Danielito, su padre muerto, su madre viva, Cetarti y su madre y hermano muertos.

El filme se basa en la novela de Carlos Busqued, cuyas coordenadas geográficas son reveladoras, pues transcurre al borde de la selva nordestina, casi al lado de Brasil, la tierra anhelada a la que uno de los personajes desea alcanzar. Un sitio de calor constante, de aridez, de sequedad, de agobio y tensión creciente.

A ese lugar infernal y olvidado llega Cetarti (Daniel Hendler), que ha sido contactado telefónicamente por Duarte (Leonardo Sbaraglia, galardonado en el Festival de Málaga por este papel), para notificarle que Molina, el amante de su madre, la mató de un escopetazo, a ella y a un hermano, suicidándose después.

Cetarti llega en su desvencijado automóvil a ese pueblo lejano de Buenos Aires. Él abandonó la casa y a los suyos desde los 18 años y casi no tenía relación con los asesinados. Viene desempleado, a pesar de que era empleado público lo que es motivo de asombro para el siniestro Duarte. Su sueño es uno solo, tener dinero y largarse a Brasil, para vivir en un sitio que está denominado como santuario ecológico.

Su primera actividad en el pueblo es reconocer los restos de lo que fueron su madre y su hermano. La visión le produce vómitos, aunque en sí el dramático suceso no parece conmoverlo mucho y sus preocupaciones se centran pronto en vender todos los trastos que su hermano acumuló en su destartalada vivienda y pronto, aprenderá los métodos de Duarte para conseguir dinero: vender y cobrar caro lo que eran los artículos que eran la propiedad de su casi desconocido hermano.

De este modo, predomina en el relato la crueldad, la indiferencia y los mecanismos que se establecen entre los personajes de manera creciente, en donde hasta dos perros terminan siendo víctimas de esa crueldad.

De manera paradójica, Duarte sobrevive haciendo toda clase de actividades, legales e ilegales, cobrando los seguros asociados a la madre y hermano de Cetarti, dinero que dividirá en tres partes: para el recién llegado, para él y para “las palometas”, o sea los que aceleran los trámites y apuran las firmas. Y además es el albacea de Molina, un colega suyo que le debía una cantidad de dinero que nunca se encontró tras su suicidio.

Pronto aparecerá el chatarrero, un minusválido que compra y vende de todo, sin que sepamos bien la causa de su cojera y el origen del dinero con que compra desde revistas viejas hasta el vehículo del protagonista que está casi en ruinas. Él será también pieza clave en todo este relato de crueldad y asesinatos varios.

Un detalle más espeluznante se centra en que Duarte y Danielito están en una red de secuestros, agravado este hecho por las violaciones a los secuestrados -primero un chico con síndrome de Down o una mujer cuyo hijo le niega el dinero para su liberación- lo que tiñe al relato de ribetes monstruosos, pese a la aparente tranquilidad de ese pueblo suspendido en el tiempo.

En el filme aparece también Angela Molina, otrora una de las grandes actrices hispanas, ahora convertida en la viuda de Molina y luciendo una apariencia de anciana que destaca en los pocos planos en donde aparece su talento y presencia escénica. Ella es una mujer que ha vivido engañada y que sabe perfectamente que el mundo en que vive se encuentra asfixiado y en descomposición.

Y la otra mujer que aparece en el relato, la segunda secuestrada, adquiere dimensiones fatalistas y dementes, con un clímax de terrible crueldad con un giro brutal.

Es interesante constatar que eso de la tierra de nadie, de los sitios baldíos y de las comunidades rurales es ya un tópico, muy bien trabajado en el cine reciente argentino, donde los pueblitos del interior profundo de esa nación son escenarios espectaculares para desarrollar dramas o comedias que chocan con la mirada del espectador. Arriesgándonos en el juicio, acaso sea Argentina esa tierra baldía y por extensión, nuestra América que oscila entre experimentos sociales y políticos.

CINE PARA DESCUBRIR

Israel Adrián Caetano, el director de este filme, es un talento por descubrir. Autor de “Pizza, Birra, Faso”, “Bolivia”, “Crónica de una fuga” y “Un oso rojo”, esta pieza aporta aire fresco a su obra, breve y conciso, aportando con este policial una pieza fílmica a la altura de lo mejor de su obra

El cine de Israel Adrián Caetano ha logrado crear un estilo propio, autoral, a pesar de estar inserto en las limitaciones propias del género que aborda en cada caso. Es un director que ha madurado obsesiones y alcanzado una limpieza estilística que se agradece. La economía de recursos de este filme evidencia, precisamente, cómo ha ganado su cine en cuanto a calidad y tensión en el relato.

El denominado Nuevo Cine Argentino, tiene en su cine películas que aportaron temas, alentaron estilos y generaron comentarios positivos, sobre todo por la búsqueda de soluciones visuales y hallazgos a nivel dramático. A pesar de que a veces está metido en proyectos “comerciales”, se evidencia siempre que sabe filmar, hacer películas y narrar historias fascinantes cuando se las analiza en detalles y sutilezas.

Este thriller oscuro, ese pueblo detenido en el tiempo y lleno de secretos que no siempre alcanzamos a descubrir, esa zona árida donde todos se conocen y donde cada día es similar al anterior es, de pronto, sacudido por el asesinato y el posterior suicidio del autor, develando una serie de historias no confesadas y ocultas.

clase de tipos que manejan todo en esta clase de pueblos. Duarte le propone a Cetarti cobrar un seguro un tanto más jugoso que el que corresponde y el indolente porteño acepta, más por inercia que por otra cosa.

Hay referencias a la dictadura argentina en el personaje de Duarte (su propio comportamiento y sus reacciones violentas dan cuenta de un tipo adiestrado en la tortura) y también hay un interesante estudio del personaje de Cetarti que, desde la aparente indiferencia, va sufriendo una interesante mutación hasta alcanzar su real comportamiento en la secuencia final, lejos un interesante final de fiesta observada desde el espejo retrovisor del vehículo que queda varado: el personaje se va desdibujando, desapareciendo, hasta los créditos.

Algunos comentaristas, exagerando acaso, han denominado como neo-western, negro, donde se agradece la presencia de personajes creíbles y una atmósfera bien desarrollada en todas sus particularidades. Un punto más a favor es el tempo que emplea el director: clásico, lento cuando corresponde, lejos de la moda del montaje exagerado y privilegiando el empleo de tiempos (aparentemente) muertos, haciendo que este filme se inscriba con calidad en la mejor tradición del cine policial.

FICHA TÉCNICA:

El otro hermano (2017). Título alternativo: Bajo este sol tremendo. Director: Israel Adrián Caetano • Guion: Nora Mazzitelli & Ángel Suparregui inspirado en la novela Bajo este sol tremendo, de Carlos Busqued. Género: Suspenso, Policial • Duración: 112 minutos • Coproducción con Uruguay. Disponible en la plataforma Netflix.