AVISO DE CURVA

La Ciudad de México abandonó la costumbre de votar por la izquierda 

La política, escribieron los clásicos del análisis social, toma cuerpo en las ciudades. De manera literal, el habitante de la metrópoli discute y juzga no sólo lo que le afecta como residente sino lo que es trascendental para el país. Es común que el destino de una nación se trace desde las grandes urbes, donde se encuentra el vértice de las manifestaciones políticas a favor del cambio y la transformación.

En la Ciudad de México, por ejemplo, con el triunfo electoral de Cuauhtémoc Cárdenas Solórzano como Jefe de Gobierno allá en 1997, germinó un movimiento de izquierda que en la actualidad gobierna al país entero.

En efecto, la Cuarta Transformación y Morena como su brazo electoral nacen, se consolidan y constituyen su bastión político y referente ideológico en la capital de la República.

En la metrópoli que todo se entrecruza, encontró cauce una sociedad civil emergente, exigente, participativa, reflexiva, organizada y con tendencias, en su mayoría, liberales y de izquierda; en síntesis, un movimiento alejado del costumbrismo posrevolucionario cuyas creencias partían de que, para progresar, el sistema y las instituciones emanadas del PRI no se podían tocar.

Los defeños no sólo terminaron con la tradición priísta de designar, sin elecciones de por medio, al Jefe de Gobierno y a los delegados de las distintas demarcaciones, sino que también, durante más de cuatro sexenios, desterraron del mapa político capitalino a las fuerzas opositoras sin importar que fueran de centro o derecha.

Finalmente, el progresismo se instaló en una ciudad políticamente expansiva, ya que en pocos años logró extender su visión y modos heterodoxos de ejecutar las acciones de Gobierno a todos los rincones de la República, con la pretensión declarada de convertirse en un movimiento que perdure en el tiempo, más allá de este sexenio y en otras regiones distintas a la capital.

Sin embargo, a esa reivindicación del lopezobradorismo para gobernar el país durante dos o tres sexenios, le apareció una grieta que para algunos representa una señal de que el péndulo de la política podría estar iniciando su camino de regreso, situándose en la derecha o estacionándose en el centro del espectro ideológico.

Cierto que esa herida surge en la ciudad que vio nacer y encumbró a Morena. La elección de medio mandato celebrada recientemente en la Ciudad de México ha servido para mostrar que la costumbre de los últimos cuatro sexenios para votar por la izquierda podría modificarse. Por vez primera, desde que se celebran elecciones en la capital, la oposición al movimiento de izquierda, obtiene un triunfo significativo, logrando 9 de los 16 municipios y 14 de los 33 distritos locales, incluyendo algunos que se creían auténticos bastiones y nichos electorales del partido del presidente.

Escasas ciudades en el mundo influyen tanto en el pensar y el quehacer democrático de una nación como lo hace la Ciudad de México. La fuente de la energía que mueve el péndulo político del país yace allí. Los extremos ideológicos cohabitan en ese espacio social que en instantes y en ciertos lugares se asemeja a un moderno suburbio europeo, progresista, liberal y emprendedor, y en otros, recuerda más a una región sudamericana gobernada por el populismo.

De la experiencia electoral capitalina se extrae una señal con perspectiva de cambio político rumbo a las elecciones presidenciales de 2024. Las preferencias de los habitantes de las grandes ciudades, incluyendo a Monterrey y Guadalajara, donde también decidieron negar su voto a Morena, se encuentran entreveradas con las perspectivas electivas de gran parte de las entidades federativas.

Por lo tanto, tomando en cuenta lo sucedido con la izquierda que nace en la Ciudad de México y en poco tiempo logra permear a todo el país, cabe plantear una respuesta preliminar respecto a la pregunta que sigue rondando después de conocerse los resultados electorales del 6 de junio: ¿quién ganó la elección?

En mi opinión, al triunfar en 11 gubernaturas, Morena ganó territorios electorales que serán de gran utilidad y una ventaja competitiva rumbo al proceso de 2024. Sin embargó, lo sucedido en la Ciudad de México dejó en el presidente y su partido un socavón político que, como el aparecido en Puebla, sigue creciendo por causas desconocidas. Es decir, AMLO venció en número de votos, pero perdió el discurso, la historia y la identidad.

Si la Ciudad de México acabó con el costumbrismo priísta, podría también estar cambiando su costumbre de votar por la izquierda.

Como cantó el pueblo en voz de José Alfredo Jiménez: “Las ciudades destruyen las costumbres”.

 

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