EN MÉXICO SON VENTILADORES. EN EUA SON PARQUES EÓLICOS MARINOS

El 28 de marzo de 2020 el presidente Andrés Manuel López Obrador (AMLO) se detuvo en La Rumorosa, Baja California, para filmar una más de sus ocurrencias. La ocurrencia en esa ocasión consistió en despotricar contra un parque eólico de energía renovable, en un desplante surrealista que recordaba a Don Quijote de la Mancha y sus disparates contra los molinos de viento: “autorizaron esos ventiladores para producir energía eólica, miren cómo afecta el paisaje… cómo se atrevieron a dar permiso para instalar estos ventiladores… son de las transas que se hacían en el periodo neoliberal”. Las palabras y acciones del presidente mexicano guardan mucha semejanza con aquellas del expresidente estadounidense Donald J. Trump, pero no pueden ser más distintas con las del actual presidente estadounidense, Joseph R. Biden Jr. A continuación, un gran botón de muestra.

Estados Unidos anunció la construcción del primer parque eólico marino y, como todo parque eólico, es masivo. El proyecto se denomina Vineyard Wind, el primero en su tipo que será construido a escala comercial con el objetivo de expandir el uso de las energías renovables en Estados Unidos. Se instalarán 84 turbinas a 12 millas náuticas de la costa este, las cuales generarán 800 megawatts de electricidad, suficientes para suministrar luz a 400 mil hogares. Y, de paso, se crearán 3,600 trabajos, bien pagados. En México, no ha habido anuncio alguno de tal naturaleza, sino todo lo contrario: se declaran cambios en las reglas del juego a través de decretazos y madruguetes legislativos, con el fin de sacar del mercado a empresas productoras de energías renovables.

El proyecto estadounidense había tenido contratiempos ya que, en una medida importante, había contado con la oposición de los propietarios de Martha’s Vineyard, una isla en la costa de Massachusetts donde los más pudientes entre los pudientes tienen sus casas de campo. No querían ver “ventiladores” en el horizonte. Trump canceló el proyecto. Biden se impuso, lo revivió, y autorizó. En México, la oposición viene del gobierno mismo, las políticas gubernamentales mexicanas recuerdan a aquellas del expresidente Trump, y se agranda el abismo entra las administraciones mexicana y estadounidense en materia energética.

Vineyard Wind es el primero de muchos proyectos de su tipo que están por venir. Solamente para proyectos de energía eólica costa afuera la administración Biden se ha comprometidoa a otorgar 3 mil millones de dólares en préstamos para construir 30 mil megawatts para 2030. Esto traerá $12 mil millones de dólares en inversiones anuales y se crearán alrededor de 77 mil empleos directos e indirectos solamente en esta década. Y la administración Biden se asegurará de que sean trabajos sindicalizados, para evitar abusos de parte de las grandes corporaciones. En México, los incentivos fiscales para estimular la inversión en energías renovables han sido cancelados, inversiones multimillonarias se han secado, y se amenaza con acudir a arbitrajes internacionales que le costarán al Estado mexicano miles de millones de dólares. De creación de empleos, ni hablar.

Las energías renovables tienen dos virtudes: oportunidades económicas visibles en inversión y creación de empleo, y combatir la mayor amenaza que ha enfrentado la humanidad: el calentamiento global. Sin embargo, AMLO no parece comprenderlo, como no parece comprender tantos otros temas más. Mientras tanto, se espera que en la costa este de Estados Unidos se construyan 2 mil turbinas para el fin de esta década, y en México se espera construir una refinería en Tabasco con sobrecostos, afectaciones ambientales y más pequeña aún de lo esperado.

 

 

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