PAPELERÍA EN TRÁMITE

Hace días volví a una de mis cantinas favoritas. Fui a comer la rica botana que sirve el meserito Richard, en “La Oficina”, en el centro de Saltillo, entre Vito Alessio y Acuña. Ahí sirven el mejor caldo de cola de res que se puede comer en las cantinas de Saltillo. Anteriormente el mejor lugar era “El Acuña”, que por cierto sigue su proceso de desaparecerlo, sin que ninguna autoridad intente salvarlo. Y es que el cocinero del Acuña trabajó mucho tiempo en el Casino de Saltillo, lo despidieron y se fue a jalar a la centenaria institución de la cual solo quedaron escombros y leyendas. Aún recuerdo lo que contaba mi papá del Banco Coahuila, donde el apóstol de la democracia dirigiera un mitin en el pleno corazón de Saltillo. Mi papá contaba que fue vendido piedra por piedra a la hermana república de las hamburguesas y hot dog.

Regresando al tema del Covid, el cual hizo que muchos de estos lugares pequeños, cómodos y solitarios quebraran. Richard mantuvo este lugar en pie con todas las medidas de salud y con las restricciones que el sub comité puso. Llegar a “La Oficina” es un viaje entre olores y sabores, sobre todo entre los temas que ahí se tratan: albañilería, si llegó o no el material pa jalar, tampoco falta el que va y solo pide una cheve para comer, el que no deja propina, el gorrón, el que llega al final y vomita todo y tampoco falta el que llega con chacal, mayate o chichifo. Este bar como en todos, los lunes se sirve caldo de res, la hora feliz es de 2 a 3 y de 7 a 8. Además, cuenta con Internet, servicio de taxi de confianza para evitar los malentendidos y cámaras de vigilancia, por si lo abducen los extraterrestres. En ocasiones el menú cambia por tortas de pierna, mole poblando, carnitas, menudo, barbacoa, carne asada los viernes y pozole en días de fiesta.

Estos bares que han recordar el sabor al viejo Saltillo, deberían ser nombrados patrimonio inmaterial de la ciudad. Ahí te topas con todo tipo de personajes, seres inanimados, boleros, tíos y gang bands, fara fara, seres de otra galaxia, incluso políticos. También van dueños de otros restaurantes y cantinas. Además, en una tarde de sábado podrías escuchar un homenaje a The Doors, Led Zeppelin y a Mario Saucedo, sin olvidar a las Jilguerillas. “La Oficina” es un oasis en la selva de concreto que se ha convertido el centro de Saltillo, que con sus baches, alcantarillas destapadas, prostíbulos, piqueros, banquetas sin piso que en sus esquinas se esconden por la noche putas y vestidas.

El sabor y la sazón están en estos lugares, que podría decirse, son centros culinarios que muchos podrían tener medallas y reconocimientos de restaurantes fifís. Déjese llevar por estos olores, visite el centro y sobre todo, pásele a “La Oficina” de mi amigo Richard, quizá en esa ida pueda disfrutar del rico caldo de cola que sólo a él le queda mejor que la recién fallecida Chepina Peralta