EL MESÓN DE SAN ANTONIO

¡Arde nuestra sierra de Arteaga!

La imponencia que las fotografías resaltan, la imagen de un luminoso incendio que recorre la sierra, es una tragedia.

Se combinan para la aparición un largo periodo de secas, un viento que alcanza velocidades extremas y sirve de acicate a la combustión del bosque, y la falta de lluvia, sin olvidar que esto se inició con una imprudencia humana.

Han pasado 10 diez días y las condiciones se ponen en dificultad extrema.

El refugio de especies silvestres en flora y fauna es arrasado sin piedad por las llamas. Una desdicha. Lo que debía ser de suyo una alegría al llegar la primavera, se torna en una desgracia, a la fecha sólo se tiene un panorama devastador.

Las flores y el trabajo afanado de las abejas han desaparecido; al oso que comía su miel se le esfumó la orientación al perder el olfato y llenarlo de humo y angustia, alejándose del fuego con la premura de un asalto; los cervatillos corren sin dirección y sin sentido, las aves quedan incineradas en su nido al no querer alejarse de sus crías. La algarabía de las cotorras se convirtió en silencio al paso de las horas. Los cactus centenarios han sucumbido como centinelas de la sierra. Rugen los cañones encrespados y el fuego se agiganta como un momento de luz envenenada.

¿Cómo levantar el vuelo? El fuego, ese monstruo indomable se respira, asfixia, ahoga.

Desde siempre, el corazón se nos alegra con el sólo brotar de las flores. Ahora se vuelve lágrima la braza, las cenizas son un residuo de la imprudencia humana.

¿Qué se ofrece para combatir el incendio? Prudencia y acciones bien planeadas, colaboración de todos, nada de acciones heroicas, improvisadas o alocadas.

El grito del fuego impera, se convierte en un dragón de cien cabezas.

Al filo de la barranca pienso que se quema nuestro futuro: cientos, miles de años de expectativa nos esperan. Ese bosque no será el mismo, desde ahora habrá que tenerlo como un acontecimiento que nos marcó. Como un loco desvarío que se aparece lleno de fuego.

Nuestro bosque es un pulmón herido. La desagracia implacable se extiende metro sobre metro. Claro que nos sigue dando una lección: cuidado con la sierra, el oxígeno que necesitamos para el tiempo venidero se está consumiendo decisivamente, hoy.

El presidente Andrés Manuel López Obrador dijo que adversarios usaron el tema de los incendios en sierras de Coahuila y Nuevo León con fines políticos, y comentó que “no vamos actuar sólo para tomarnos la foto”.

La ayuda llega de varios lugares del país y del extranjero, pero el gobierno federal pone en duda la autenticidad de este fuego al juzgarlo provocado por los adversarios. ¡Qué ruin observación!, ¡qué temple para sentir una desgracia! De ahí no sobrevendrá ayuda, sólo excusa.

Las manos de los brigadistas se queman con gran dolor, los ojos arden con el humo, los pulmones casi explotan. Nos necesitan. Vamos a apoyar. Se puede hacer labor de cimiento acercando víveres, dando alojo, cuidando los pocos bienes de la población en desgracia.

Las caras del fuego aparecen como cardinales de la adversidad. Con nuestro ánimo enfrentemos la desgracia, cambiemos el sentido de la historia, el futuro aún sigue siendo nuestro. No le demos la espalda a la desgracia, enfrentémosla con apoyo y valentía.

Lo más angustiante ahora es la espera.

Nota: la Librería Carlos Monsiváis, ubicada en Cuauhtémoc esquina con Ramos Arizpe en Saltillo, es un centro de acopio para apoyar las labores y acciones de esta conflagración. Pueden llevar víveres en horario de 10:00 a 20:00 de lunes a sábado.

 

 

 

Autor

Alfonso Vazquez Sotelo