SI NUEVA YORK FUERA UNA CIUDAD

En apenas siete capítulos, el notable director italoamericano Martin Scorsese conversa (y se ríe mucho) con la ensayista y crítica de arte Fran Lebowitz, analizando el estado de la cultura, el mundo de los deportes, su aversión a los taxistas, el estado de la tecnología y un sinnúmero de temas dispersos que, sin embargo, permiten entregar una impecable (e implacable) radiografía de lo que más aman ambos: Nueva York. Esta miniserie es un lujo para los espectadores, para los amantes del cine y para los que, aun sin conocer a nadie, quiere disfrutar con una conversación brillante entre dos personas inteligentes que sin pose alguna hablan y explican el estado del mundo hoy.

Hay una pregunta clave que se le hace constantemente a la escritora, ensayista, cómica y opinadora Fran Lebowitz: “¿Por qué sigues viviendo en Nueva York?”. Y es que, a pesar de sus feroces críticas a la Gran Manzana, ella no se ha movido de la ciudad en que vive hace cincuenta años.

Ella se estacionó en Nueva York. Si supiera dónde puede ir, se marcharía. Pero se quedó, incluso compró un departamento por encima de sus posibilidades económicas y con muchas habitaciones porque necesitaba albergar más de diez mil libros.

Cada capítulo, de acotados 30 minutos, se sostiene en la conversación entre el realizador Martin Scorsese (notable cómo sabe quedarse en un segundo lugar) y Fran Lebowitz y cuando termina hay que tener cuidado, porque durante los créditos la charla continúa y se entregan antecedentes valiosos acerca del mundo del arte, la ciencia, la tecnología, la moda y hasta el deporte que ella odia.

Estuvieron reunidos antes, en la película, “Public Speaking” y de alguna manera en esta miniserie de siete capítulos continúan, amplían y agudizan el formato para hablar de Nueva York, pasando por modas, tendencias, deportes, estilo de vida, recuerdos, anécdotas, trabajos y algunas opiniones acerca de lo que sucede hoy por hoy en esa fascinante ciudad. Ella aparece en “El lobo de Wall Street”, condenando con una multa al mismísimo Leonardo Di Caprio. Se nota que son amigos y que entre ellos hay franqueza y anécdotas. Lo pasan bien, es evidente que hay química entre ambas personalidades y lo mejor, nos hacen pasarlo bien sin caer en ningún instante en la pedantería de los intelectuales densos. Son dos amigos que conversan, de manera (aparentemente) desordenada respecto de todo lo que les gusta, provoca y convoca.

El título original de la serie, Pretend It’s a City, es una frase también famosa de la autora que muchas veces ha empleado: “haz como que esto es una ciudad cuando vas por la calle sin mirar por dónde vas, cuando te paras en mitad de la acera para mirar tu móvil”.

Fran Lebowitz, dice que ella es un ser atípico, que mira por dónde va porque no usa teléfono móvil, no tiene computador portátil y ni siquiera lleva libros cuando sale a la calle, coge el metro o el autobús. Ella simplemente observa, mira, escruta a la gente porque, dice, lo único que sigue siendo divertido de Nueva York, es observar a la gente. Por eso, “Nueva York nunca es aburrido”.

De este modo, aun sin proponérselo, esta miniserie ayuda a entender qué es Nueva York, más allá de la nostalgia o el encantamiento con que se la retratado en el cine. Resume sus problemas, sus rarezas, sus extravagancias y su belleza que no todos ven.

Pretend It’s a City es un resumen detallado de qué significa esa ciudad, tamizado por el humor corrosivo de la Lebowitz que, desde su aterrizaje en Nueva York en los años 70, a los 18 años, puede permitirse una crítica feroz y llena de humanidad respecto de la ciudad que la alberga desde entonces.

La serie es una deliciosa mirada de la ciudad, de sus habitantes, de las historias que se cuentan, de los detalles que nadie percibe y del amor-odio que siente la escritora por Nueva York: “Nueva York nunca fue particularmente bonita. No era París, ni Florencia. Al menos era una ciudad original”. Lo dice y ni se arruga.

Hay momentos notables en la serie, como el encuentro con el cineasta afroamericano Spike Lee, discutiendo por qué a ella el deporte la tiene sin cuidado o como cuando analiza la nueva arquitectura de la ciudad. Adora Grand Central Station, el Chrysler (“tiene el tamaño perfecto para ser una casa”), pero odia toda esta nueva ola de rascacielos de la calle 57 que copian el estilo de los Estados del Golfo. “Dubái copió a Nueva York y ahora nosotros copiamos a Dubái”.

De este modo, Martin Scorsese y Fran Lebowitz hablan de libros y películas, recomiendan algunos y se dejan seducir por los recuerdos charla tras charla, teniendo como referente la caminata que realiza la escritora por la ciudad. Los jóvenes la asedian con preguntas que ella contesta de una manera brillante, a veces sin decir nada. Scorsese se ríe con ganas a su lado. Todos nos divertimos, nos enriquecemos con su estilo desenfadado y nos queda esa grata sensación de haber visto -¡por fin!- una serie donde la gente habla de temas importantes, con respeto y con chispa.

Eso ya es un lujo en estos tiempos y por ello esta serie debe ser vista por los que buscan un producto de calidad superior en el streaming.