El MESÓN DE SAN ANTONIO

Para Manuel Natividad Beltrán del Río, por su cumpleaños  

Días de vacaciones de Fin de Año

En este periodo de descanso, donde la holganza recauda un porcentaje especial, es imperioso que apreciemos los cambios sucedidos en este año 2020 que está a punto de terminar. ¿Qué escenario nos ha producido? ¿La pandemia y sus secuelas modificaron alguna actividad en su vida? ¿La peste trastocó sus hábitos, costumbres y tradiciones? ¿En su trabajo cambiaron los protocolos de operación? ¿La economía se advirtió lesionada por este fenómeno de alcance mundial? ¿Lamenta el fallecimiento de algún conocido, amigo, familiar a causa de este mal?

Dos noticias que debemos tener presentes para aligerar nuestro ánimo son: estar vivos y que ya está disponible una vacuna contra el Covid- 19.

Desde tiempos remotos la humanidad ha sufrido y cohabitado con virus y microorganismos que han desatado pestes, epidemias y pandemias que han matado a millones de personas, y aunque la humanidad logra superarlo, vuelven a aparecer esos fantasmas como si estuvieran ligados a nuestra propia existencia.

La gravedad de la actual pandemia, y la sorpresa e indiferencia con la que fue recibida en sus inicios, nos hizo buscar desesperadamente la cura a este mal, incluso los famosos antivacunas. Sin embargo, esta espera ha puesto al descubierto la fragilidad del actual sistema de salud, de lo corruptible e inhumana que es nuestra clase política.

A ningún gobernante le importa la ideología, todos sin excepción buscan aprovecharse y aferrarse al poder, al que retienen con las afiladas fauces y la falta de humanismo. Ellos aseguran que nosotros mismos somos los responsables de nuestro destino, yo no creo eso. Los dirigentes y partidos políticos construyen sus estrategias sobre el temor.

Hoy nuestra economía está hundida, millones son los desempleados, otros tantos millones de personas estamos enclaustradas, descorazonados silenciosamente y muchos mueren sin que los sobrevivientes puedan hacer otra cosa que vivir un duelo sorprendido y violento.

Los sistemas de salud se hallan al límite en todos los estados del país; no hay hacia dónde correr y pasamos a ser una estadística cada vez más voluminosa. Vea usted la batalla de tantos médicos y enfermeras que están en la línea de fuego sin la preparación y vestimenta adecuada.

Albert Camus escribió en La peste: “La plaga no está hecha a la medida del hombre, por lo tanto, el hombre se dice que la plaga es irreal, es un mal sueño que tiene que pasar. Pero no siempre pasa, y de mal sueño en mal sueño son los hombres los que pasan”.

Así estamos con los protocolos preventivos, a expensas de encontrar las formas de hacerlos cumplir.

¿Usted ha notado los cambios en los quehaceres de la escuela? De entrada, nuestro sistema educativo, la forma de enseñanza, cambió de presencial a distancia. La socialización de los niños y jóvenes se vio seriamente afectada, más que la escuela en sí, se extraña a los compañeros del salón, a los amigos, a los amores.

La preparación magisterial se evidenció más defectuosa, la forma de mostrar contenidos es irreal, no existe infraestructura para su realización. Las mamás fueron comisionadas a garantizar que los niños hicieran los trabajos escolares cuando pocas están preparadas para semejante actividad, por ello se hacen eternos los momentos de aprendizaje. Predomina la idea de que la escuela, más que centro educativo y conocimiento, era una guardería con rígidos tiempos de cuidado. La escuela particular desapareció casi completamente, pues los padres ven los contenidos virtuales y la ven inoperante, pocos fueron quienes se quedaron a pagar las colegiaturas.

Por otra parte, la enseñanza de los contenidos oficiales tiene lagunas, no hay apoyos explícitos para su realización, se relegaron instituciones tradicionales de cultura: museos, bibliotecas públicas, salas de exposición, y en el colmo de la demencia estos centros de conocimiento están olvidados y sin apoyo.

Las propias iglesias tienen su dilema existencial pues ahora cerradas, sufren por sobrevivir, casi al igual que todos.

Este año estuvo rudo, nuestro aislamiento social hizo que las celebraciones se redujeran a la mínima expresión, adiós posadas, abrazos, fiestas. Estamos cansados de “descansar” en casa, de estar con miedo, de no ver el fin a la pandemia. Pero, con todo y eso, le pido estimado lector, que sea prudente y que aguantemos un poco más, porque no hay mejor año para estar vivos, que este que termina y el otro que está por comenzar.

¡Feliz 2021!

 

Autor

Alfonso Vazquez Sotelo