JONATHAN Y EL DIÓXIDO DE CLORO

 Todo indica que el alcalde de Francisco I. Madero, Jonathan Ávalos Rodríguez, tuvo que recapacitar y dar marcha atrás a su decisión de distribuir entre la población mil dosis de dióxido de cloro, como medida para combatir el Covid-19, a pesar de que dicho fármaco no está avalado por la Comisión Federal para la Protección Contra Riesgos Sanitarios (Cofepris), sino todo lo contrario.

El edil recibió oficialmente advertencias de ser sancionado por parte de la Secretaría de Salud del Estado, con base en la Ley General de Salud, que no avala el tratamiento del coronavirus a base de dióxido de cloro.

Al parecer, ya la prudencia cundió en Ávalos Rodríguez, pues desde el martes prefirió guardar silencio luego de que días atrás había asegurado que no dejará de ofrecer el dióxido de cloro como remedio alternativo y hasta había ofrecido sus manos si las autoridades pretendían encarcelarlo por sus acciones.

Y es que el presidente municipal estaba a punto de meterse en problemas legales y de poner en mayor riesgo la salud de los maderenses, pero además, su postura le derivó en problemas políticos, pues ya la directiva de Morena lo acusó de irresponsable.

Médico de profesión, el alcalde maderense, así como otros funcionarios y particulares, parecen ignorar la postura de la Organización Panamericana de la Salud que establece: “El dióxido de cloro y el clorito sódico reaccionan rápidamente en los tejidos humanos y, si se ingieren pueden causar irritación de la boca, el esófago y el estómago, con un cuadro digestivo irritativo severo, con la presencia de náuseas, vómitos y diarreas, además de graves trastornos hematológicos, cardiovasculares y renales. La disminución de la presión arterial puede dar lugar a síntomas graves como complicaciones respiratorias”. Entre otras consecuencias.

En la ciudad de Campeche, su alcalde, Eliseo Fernández, le apuesta también al mencionado tratamiento, convencido de que es capaz de prevenir y hasta de curar el Covid-19 y proyecta –deberán frenarlo antes- la instalación de una planta para producir el dióxido de cloro para que más gente tenga acceso al fármaco.

Lo cierto es que hasta ahora no existen pruebas científicas que sustenten o demuestren la efectividad de la sustancia como un tratamiento médico efectivo y sin riesgos para el paciente.

 

 

 

 

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