EL MESÓN DE SAN ANTONIO

No quememos las naves

No dejemos todo para mañana, no se lo dejemos al azar, no es cuestión de buena suerte, ni de las vueltas de la vida, no es el karma disfrazado de enfermedad. No bajemos la guardia, no hagamos desidia, no somos inmunes, a todos nos puede pasar.

Y no sólo hablo del coronavirus, estimado lector, me refiero a todo lo que sucede a nuestro alrededor. Es tiempo de cuidar el empleo, de proteger el doble a nuestras familias, de valorar lo que tenemos, de esforzarnos más, de ayudar al prójimo, de ser agradecidos, de mantenernos saludables física y mentalmente.

Es cierto que el mexicano es dado al “ya luego vemos cómo le hacemos” y al “que sea lo que Dios quiera”, pero también es cierto que siempre es buen momento para empezar a cambiar. Las enseñanzas que nos ha dejado el encierro y la pandemia, es que no debemos dar por sentado el mañana, sino que debemos de vivir, sí disfrutando el momento, pero también cuidando el futuro.

“A partir de hoy habremos de endurecer las medidas de control y otras más que ya se implementaron en otros municipios, campañas de concientización, revisión de aforos en todas las actividades que hemos autorizado y, sobre todo, la vigilancia en los días que vienen y que son susceptibles de movilización, como es el Día de Muertos y las fiestas de Halloween”, dijo en días pasados el gobernador del Estado, Miguel Ángel Riquelme Solís.

Y es que, apenas nos empezamos a sentir seguros respecto al virus, y relajamos las medidas de salubridad: hola a los abrazos, bienvenidas las visitas, arriba las fiestas; los centros comerciales están a su máxima capacidad, bares, cines, restaurantes, y ni hablar de la Zona Centro de la ciudad, como si no hubiera pasado nada durante los últimos seis meses.

Pero sigue ahí, incluso aunque no lo veamos: los hospitales continúan a tope, las muertes de personas cercanas, los empleos que se han perdido por el cierre de negocios… el Covid-19 continúa siendo el protagonista de este ominoso 2020.

Será triste no poder visitar a nuestros seres queridos en su última morada.

Yo recuerdo con gran emoción los preparativos para conmemorar el 1 y 2 de noviembre.

El primero el Día de Todos los Santos, fecha en que se recuerda a quienes la muerte los alcanzó siendo apenas unos niños, y al día siguiente el de los Fieles Difuntos. Las madres que habían perdido a sus bebés recién nacidos o a muy temprana edad (que en ese tiempo eran muchos, de uno a dos por familia, debido a la falta de vacunas, piquetes de alacranes, muerte de cuna, etc.), se preparaban con gran devoción para visitar a sus pequeños en sus tumbas: les ponían un vaso de leche, su sonaja, algún chupete y muchas, muchas flores, el panteón era un mar de lágrimas. El día 2 la atmósfera era diferente, había comida, pan, vino y hasta música: los vivos brindaban con sus muertos y recordaban anécdotas compartidas.

En esta ocasión, los panteones abrirán del lunes 26 al viernes 30 de octubre, en un horario de 8:30 a 19:30 horas. El sábado 31, domingo 1 y lunes 2 de noviembre, permanecerán cerrados. Nuestros muertos pasarán solos su día. Pero estoy seguro que prefieren eso a que alguien de acá arriba se les una allá abajo por andar de irresponsable.

Escribo esta columna, estimado lector, con un dolor en mi corazón. Falleció un gran amigo, no sólo mío, sino de todo Saltillo, el maestro Javier Villarreal Lozano, docente, historiador, investigador y director del Centro Cultural Vito Alessio Robles. Deja con su partida un profundo dolor en su familia y en todos nosotros. Hasta siempre.