Don José y Beto visitan por última vez el crucero donde se volvieron entrañables

Familiares, amigos y automovilistas le dan el último adiós entre aplausos y sonidos de claxon

Una última vez, incluso el día de su despedida de este mundo don José Alfaro Padilla y su ‘hijo’ Beto acudieron al mismo crucero en el que por más de 40 años trabajaron y alegraron a miles de automovilistas.

El cortejo fúnebre que acompañaba la carroza que trasladaba el cuerpo de don José se detuvo, a petición de su familia, en el cruce de Venustiano Carranza e Hinojosa. El tráfico se volvió lento, pero cuando los automovilistas se dieron cuenta de que se trataba del entrañable personaje saltillense, pitaban su claxon en señal de apoyo y aplaudían, para despedirse de quien tantas veces se acercó a su vehículo para robarles una sonrisa y pedirles una moneda para los niños en situación vulnerable.

En el mismo poste donde don José y Beto descansaban, después de caminar entre los automóviles, se colocó una ofrenda floral, una cruz con su nombre y una fotografía de ambos, donde el mítico ventrílocuo de Saltillo aparece con una gran sonrisa.

El féretro fue puesto en ese lugar y Beto fue colocado encima, como su guardián, sus familiares y amigos formaron un circulo y le brindaron un largo aplauso, al artista que se volvió una leyenda.

Los trabajadores de negocios cercanos se asomaban por las puertas preguntándose qué pasaba, y al darse cuenta dejaron lo que hacían para ir hasta donde yacía el féretro para despedirse de quien fuera su amigo, y es que don José y Beto cultivaron cientos de amistades en su trayectoria.

Don José ya no estará más en el crucero en el que trabajo por años, pero muy seguramente vivirá por siempre en la historia popular de Saltillo y en el corazón de muchos saltillenses.

Al finalizar el homenaje en el crucero, los familiares de don José dieron a conocer que sus restos serían cremados. (JOSÉ TORRES)