Muere don José Alfaro, icónico ventrílocuo de Saltillo

A los 76 años de edad, este martes falleció don José Alfaro Padilla, icónico ventrílocuo de Saltillo, quien por más de 40 años alegró a los automovilistas en las calles y apoyó a niños en situación vulnerable.

Lo anterior fue confirmado a EL HERALDO por Juan González, ahijado de don José, quien vivía con él. Dijo que fue alrededor de las 5:00 de la mañana de este martes que comenzó a quejarse de un dolor en el pecho, por lo que fue trasladado de urgencia al Hospital Christus Muguerza de Saltillo, en donde finalmente murió a causa de un infarto.

Juan González dijo que don José sufría de problemas cardiacos desde hace 14 años, algo que el artista saltillense había confesado en entrevista con este medio en el 2019.

Aún no se ha determinado si el cuerpo de don José será velado en alguna capilla o en su domicilio en la colonia Roma.

DON JOSÉ Y BETO, 40 AÑOS DE CANTAR Y HACER REÍR A SALTILLO

El ventrílocuo de 76 años destina el 90 por ciento de sus ganancias en becas para estudios o medicamentos para niños de escasos recursos

Hace 40 años don José Alfaro compró un muñeco de ventrílocuo en 200 pesos, pero un año después se lo robaron y tuvo que aprender a fabricarlos el mismo, así fueron llegando a Saltillo Poncho, Mario, Memín y por último Beto, que desde hace 20 años lo acompañó en el cruce del bulevar V. Carranza e Hinojosa, aunque algunas veces se iba de gira al bulevar Mirasierra.

Durante cuatro décadas, el “Señor del muñeco” alegró a niños y adultos que bajaban el vidrio de su automóvil para darle una moneda a don José, y eran sorprendidos por Beto, quien les cantaba o les contaba un chiste para hacerlos reír.

Todos los días, don José y Beto salían de su casa en la colonia Roma y se dirigían hasta la contra esquina de la Clínica 2 del IMSS; allí, en un banco, esperan ansiosos el momento en el que el semáforo del sentido sur-norte del V. Carranza se pusiera en rojo, entonces era momento de su actuación. El hombre avanzaba vehículo por vehículo, pero no pedía ni una moneda, era hasta que alguien le llamaba que Beto comenzaba a hablar o a cantar una de las melodías compuestas por don José. Luego de la rápida actuación, unas monedas eran dejadas en un vaso que el hombre tenía en su mano.

Cuando el semáforo cambiaba a verde, los dos corrían a su esquina a tomar un descanso, fumar un cigarrillo o echarse un trago de agua.

Pero aún hay una cosa que volvía más interesante el trabajo que diariamente hacían Don José y Beto de 9:00 de la mañana a 5:00 de la tarde, y es que, cada mes, don José juntaba todas las monedas que le daban y hacía varias bolsitas de 500 pesos; esos ‘morralitos’ los entregaba personalmente a niños y jóvenes en situación vulnerable, para que pudieran seguir estudiando o se compraran algún medicamento, si es que pasaban por alguna enfermedad.

Lo increíble es que, en estas becas -cómo don José las llamaba- se iba el 90 por ciento de sus ganancias, y él solamente sobrevivía con una mínima parte.

“Aquí no hay coyotaje… personalmente van a mi casa o yo voy a la de ellos y les entrego su beca” dijo don José en una entrevista con El Heraldo en el 2019.

Fue su madre la culpable de que don José Alfaro se volviera altruista, ella le heredó ese don, pues decía que -a pesar de no ser una familia de dinero- cada fin de semana sacaba una canasta con tacos y los repartía entre la gente pobre.

Conforme crecía, las labores altruistas del ahora ventrílocuo eran cada vez más aventuradas, en una ocasión un amigo suyo lo invitó a jugar a su casa, y cuando la madre de éste les llamó a comer se llevó una gran sorpresa.

“Vi la pobreza y dije ‘aquí falta algo’, pues qué crees, que al otro día me brinqué a un corral y me robé una gallina y se la llevé a la señora, y le dije, ‘mire, la prepara porque voy a venir a comer’. La señora estaba muy agradecida”, relató el hombre mientras sus ojos se llenaban de lágrimas.

A los 16 años, con un costal, el joven José Alfaro iba cada fin de semana a un mercado y lo llenaba de tomate, cebolla y otros vegetales, para luego ir a su vecindad y repartirlo entre los que más lo necesitaba.

Cuando José se casó, antes de tener a sus 5 hijos, se llevó a vivir a su casa a 4 niños que sufrían violencia en sus hogares. Habló con los padres de ellos y les pidió permiso para darles educación y cuidar de ellos.

Don José tenía alma de artista, por sus venas corría el talento saltillense, pues compuso poemas y decenas de canciones, que Beto, su muñeco, interpretaba para los automovilistas que tienen la fortuna de que el semáforo les toque en rojo en el crucero dónde ellos se ubicaban cada día.

El paso artístico de José Alfaro inició a los 16 años en las ‘carpitas’ que se ponían en Saltillo; allí acudía a cantar, algo que siempre le ha apasionado, aunque decidió dejar ese camino porque ‘esto tira mucho al vicio’.

Luego, hace unos 50 años, le entró de payaso, se consiguió un equipo de sonido y acudía a las fiestas infantiles a contar chistes y bailar rock and roll.

Pero en una de las ferias a las que José iba a trabajar conoció la profesión en la que terminaría, y sin maestro alguno, sino simplemente viendo, aprendió el arte de la ventriloquía. Por eso, cuando le vendieron a Chema, su primer muñeco, no batalló nada para hacer su primera presentación.

Hace 13 años don José sufrió un infarto. Como pudo, llegó hasta la Cruz Roja y luego lo trasladaron al Hospital General; allí duró varios días en terapia intensiva.

“Ya me estaba muriendo, y le pedí a Dios un poquito más de tiempo para juntar sus becas, porque de esa salita no iba a salir vivo, y pues yo creía que me iba a dar 2 o 3 meses más, y ya son 13 años”, dijo.

Para el ventrílocuo de Saltillo no había mayor pago que una sonrisa o el recuerdo que dejó grabado en la mente de muchos saltillenses, pues ha habido ocasiones en las que adultos le pedían que les cantara, y al terminar le decían que lo escucharon hace algunas décadas cuando eran niños.

Decía don José que hubo días en los que amanecía mal física o emocionalmente, pero cuando llegaba al crucero en el que trabajaba, todo lo malo se le olvidaba y se dedicaba solamente a provocar sonrisas.

“Cuando empecé en esto me dijeron que tenía que fingir la sonrisa todos los días, pero a mí me sale natural, a mí me gusta sonreír pase lo que pase”, señaló. (JOSÉ TORRES)

Hay despedidas que duelen mucho. Don José era todo un gran hombre, el ejemplo perfecto de un ángel terrenal. Dios ha…

Posted by José Torres on Tuesday, September 22, 2020

Autor

José Torres Anguiano
José Torres Anguiano
Reportero Multimedia. Periodista de barrio y contador de historias apasionantes.
Premio Nacional de Comunicación "José Pagés Llergo" 2017.
Premio Estatal de Periodismo 2015, 2016, 2017 y 2018.
Premio de Periodismo Cultural UAdeC 2016, 2018, 2021 y 2023.