ALGO QUE VALE LA PENA LEER

Historia de una canción 

Dice Alessandro Barico en su extraordinario estudio, “El alma de Hegel y las vacas de Wisconsin, una reflexión sobre música culta y modernidad”, que más que un repertorio en particular, la verdadera música se define por una actitud: la de escuchar. Que la esencia de la buena música, consiste en escapar de ser un producto meramente comercial, para entrar en otro nivel, uno en el que se abre un diálogo único entre quien toca y quien interpreta lo escuchado. De esta manera, tocar e interpretar la música se vuelven un sólo momento. A diferencia por ejemplo, de ver un cuadro en un museo, pues sabemos al momento de admirarlo, que el deleite artístico es un acto autónomo. Con la música no sucede así, la música es sonido y existe en el momento en el que se ejecuta. Por ende, al momento de ser tocada, no se puede evitar, interpretarla.

Creo sin temor a equivocarme, que precisamente en este sentido, radica el éxito que ha llevado a mi buen amigo y profesional de las ondas hertzianas, Gerardo Herrera Ramírez, a lograr transmitir fielmente, tanto a través de la palabra hablada, como escrita, lo trascendente que resulta conocer el contexto, el sentimiento y la motivación que existe tras la historia de una canción.

Gerardo, poseedor de una vocación musical a prueba de acordes, ha hecho ya una tradición de años el conducir su programa de radio, “Corazón Bohemio”; muchos más, como notable intérprete musical (hoy vigente al frente del Trío “Los Sembradores”), y por supuesto, como autoridad reconocida en la crónica musical escrita, a través de las páginas que conforman sus dos libros publicados: “Historia de una Canción I y II”.

Y sí, acabo de leer ambos volúmenes y lo cierto es que como fiel seguidor de la buena música, la perspectiva que me brindó conocer y entender el motivo que llevó a un compositor transmitir desde el pulso de sus venas el arrojo de un sentimiento, cambió para siempre mi manera de interpretar la melodía. Totalmente recomendables ambos volúmenes del maestro Gerardo Herrera, imagínese, qué mejor manera de disfrutar la música, si además de escucharla, también podemos leerla.

Somos lo que hemos leído y esta es, palabra de lector.