DE FINA SELECCIÓN

REVISITANDO A SOFIA COPPOLA 

Odiada y amada por partes iguales (me encuentro entre los que la adoran en su preciosismo), Sofia Coppola hace mucho rato que dejó de ser “la hija de Francis Ford” y ganó su propio lugar en la historia del cine reciente con pocas películas, pero un innegable talento para provocar con cada uno de sus filmes. Poseedora de un refinado estilo, cultiva el placer de los detalles, privilegia los tiempos muertos y tiene una especial sensibilidad para retratar épocas, entornos y personajes que, para bien o para mal, han de terminar sacudiéndonos. En Netflix se encuentra por partida triple, Vale la pena rescatarla para aquilatar que se trata de una cineasta que, cuando menos, escapa de las convenciones y siempre tiene algo para generar las iras o las delicias de los espectadores. 

1.- UNA MUJER, SU CABEZA Y LA DIVINA DECADENCIA / MARÍA ANTONIETA

María Antonieta no era para nada querida en la Corte francesa. Fue reina consorte de Luis XVI, procedente de Austria. Su permanencia en la estirada corte gala coincidió con un país que abogaba por la República, a finales del siglo XVIII. Una época en que nadie veía con agrado tener que pagar impuestos para mantener los gastos de la familia real, conocida con encono por sus excentricidades y sus fiestas eternas, en una nación hambrienta y decepcionada de sus monarcas.

¿Qué vio Sofia Coppola en esta mujer como para transformarla en la protagonista de su filme de 2006 “María Antonieta”?

Tal vez el hecho de que la reina era un personaje que no debió estar en esos años, porque nunca comprendió el delicado instante en que estaba viviendo la ilusión del poder y la fastuosidad. Quizás, el lujo de los palacios de Versalles, lugar privilegiado en que se filmó este largometraje.

Lo cierto es que a Sofia Coppola le pareció una buena idea hacer su película siguiendo la misma mirada tan frívola con que la reina veía su entorno, sin saber ni sospechar siquiera que esos que la adulaban, la entregarían a un pueblo cansado de los abusos y ávido de justicia. Un estilo frívolo que se traspasa al guion, que recalca la manera en que María Antonieta iba de fiesta en fiesta para evadirse de un mundillo sofocante.

Aunque a los puristas e historiadores les dio ataque cuando vieron el filme, en especial por las licencias que se dio la directora, a la que, por supuesto, no le preocupó nunca la precisión histórica de la cinta, lo cierto es que acá lo que a ella sí le interesa es mostrar una sociedad hedonista, viciosa, insaciable, que no logra atisbar el caos que viene a su encuentro. Conviene recordar que María Antonieta se alejó de su familia con solo 14 años para casarse con el heredero de Francia entonces, en un enlace que escondía una maniobra política cuyo único fin era fortalecer las relaciones entre Austria y Francia. A esa edad, separada de sus amigos y del mundo que conocía, la consorte hizo lo que cualquier adolescente con un palacio a su servicio hubiera hecho: divertirse para no deprimirse a tan temprana edad y eso, dijo la realizadora, era lo que quiso retratar.

Y ojo, hay elementos que descolocan a todos los espectadores que no saben si reír o indignarse cuando María Antonieta acude a un baile usando nada menos que zapatillas marca Converse y baila en una suerte de discoteca al ritmo de versiones de cuerda de Siouxsie and the Banshees, una banda mítica de los 80, o de Phoenix, el grupo liderado por el novio de la directora en esos años, Thomas Mars.

Fue aplaudida por lograr filmar toda su película en los lugares auténticos de Versalles, algo que es complejo y negado generalmente a otros realizadores que tienen más afinidad con el apego a la historia. Fue abucheada por utilizar esas maravillosas locaciones para retratar de manera tan vacía y superficial a una mujer como María Antonieta, en los momentos previos a su debacle.

A pesar de todo -y aquietadas las aguas- este filme permanece como un delicado trabajo de ambientación como no se veía tal vez desde “Barry Lyndon”, la obra maestra de Stanley Kubrick, unido al exquisito trabajo de vestuario de la siempre sorprendente Milena Canonero, quien se llevaría el Óscar de la Academia en este apartado.

¿Amas a Sofia Coppola desde que viste su brillante “Las vírgenes suicidas”? Entonces deja la exactitud histórica para el colegio y prepárate para ver un delicioso trabajo fílmico lleno de elementos y situaciones improbable para esa época, donde la reina María Antonieta (gran actuación de Kirsten Dunst) baila, disfruta y gasta sin saber que su cabeza estaba dispuesta para la guillotina días más tarde.

Antonia Fraser, autora del libro en que se basa la película, siempre fue enfática en destacar que María Antonieta fue un chivo expiatorio de la Revolución Francesa que convirtió a Francia en una República y todos esos lujos, extravagancias, vestidos increíbles, lujos inenarrables y tocados imposibles ya existían en Versalles y ella, como reina adolescente, solo los utilizó a su antojo.

2.- POR CAUSA DE LA (MALA) TRADUCCIÓN / PERDIDOS EN TOKIO

Los que se habían enamorado de Sofia Coppola y su sensible película debut “Las vírgenes suicidas” (1999), terminaron por amarla sin condiciones cuando apareció su tercer trabajo fílmico, la muy notable “Perdidos en Tokio” (2003).

¿Qué sedujo a los espectadores y a los críticos en esta película?

Seguramente el estilo visual brillante, dominado por las luces de la capital japonesa, un ritmo pausado y melancólico, un par de actuaciones de lujo de Bill Murray y Scarlett Johansson, como los solitarios personajes que se conocen en un hotel de Tokio y claro, la dirección cada vez más firme de Sofia Coppola con cuatro nominaciones a los Óscar de esos años de los cuales se alzó con el de Mejor Guion Original y un aplauso cerrado en todos los festivales en que se presentó.

La película cuenta el viaje de una estrella de cine que ha ido a una serie de eventos a esa ciudad que se encuentra, por casualidad, con una mujer joven que ha acompañado a su marido, un fotógrafo adicto al trabajo. Los une de inmediato el sentirse extraños en una ciudad gigantesca, donde no logran entender los códigos, ni el lenguaje ni menos aceptan las traducciones que se les entregan. Son dos seres solos, perdidos en Tokio, con ganas de que algo llegue a sus vidas para sacudirse esa brutal sensación de que no sucede nada a su alrededor.

Con delicadeza extrema, Sofia Coppola describe a través de estas dos personas el tema de la soledad contemporánea, la sensación de extrañeza que produce estar en una ciudad que no conocen y cuyo idioma les resulta ininteligible. Y por supuesto, esa misma soledad los une e inician un romance, que se describe en escenas brillantes, limpias, poseedoras de un sentido plástico pocas veces logrado como ese paseo en el taxi, recorriendo las calles de Tokio y con el tema Sometimes, de My Bloody Valentine sonando como telón musical.

“Perdidos en Tokio” es cine en estado puro. Inteligente, bien filmada, con grandes actuaciones y con una manera de expresar estados anímicos a través de imágenes diáfanas, en donde la luminosidad, el atardecer, las luces de las primeras horas del amanecer van revelando mucho más que las palabras innecesarias cuando uno se encuentra perdido en el idioma y en las malas traducciones.

3.- LA GUERRA, EL DESEO, EL HOMBRE HERIDO / EL SEDUCTOR

Nicole Kidman encabeza esta bellísima película en que nuevamente la directora viaja al pasado, esta vez a 1864, donde ella interpreta a una mujer cuyo marido se fue a la guerra, dejándola sola con sus estudiantes en una suerte de internado para señoritas.

“El Seductor” es una cinta de Sofía Coppola estrenada en 2017, incorporada por Netflix a su catálogo. Es una apuesta inquietante, elegante y mejor fotografiada, que se convierte en una claustrofóbica película de suspenso, a partir de la llegada de un soldado desertor herido que es introducido a la casa, despertando los deseos reprimidos en un universo femenino que está acostumbrado a rituales estrictos, todos los que se quiebran con la llegada de ese individuo.

La realizadora obtuvo el premio como Mejor Directora en el Festival de Cannes de 2017, convirtiéndose en la segunda mujer en lograrlo, con este portentoso retrato de época, que permite nuevamente desarrollar un trabajo visual de exquisitas dimensiones, sobre todo con el trabajo de la luz, la sombra y el reflejo del sol en la vegetación, marco ideal para que comience a aparecer un drama de ribetes inquietantes.

Ambientada en plena Guerra Civil de Estados Unidos, ese soldado herido (Colin Farrell) representa un símbolo del macho herido, que debe someterse a un mundo cuyas reglas él no acepta y por tanto comienza una especie de rebelión interna en ese mundo privado, dominado por las mujeres. En medio de su proceso de recuperación, el soldado intenta seducirlas, lo que despierta la ira de la anfitriona, provocando una situación límite que ni él ni nadie se esperaban.

El reparto se completa con Kirsten Dunst y Elle Fanning, dos de las habituales actrices favoritas de Sofia Coppola.

Aunque “El Seductor” es un remake de una cinta de 1971, dirigida por Don Siegel y protagonizada por Clint Eastwood. Por cierto que hay marcadas diferencias en el estilo como en los elementos visuales y temáticos entre ambas cintas, subrayada por el hecho que los críticos resaltaron la visión feminista de Coppola, contada desde el punto de vista de las protagonistas, y la versión original de los setenta calificada como erótica.

Pese a que el filme despertó polémica por el hecho de que un personaje afroamericano no fue considerado, todos los críticos aplaudieron la maravillosa puesta en escena “El Seductor”, con una fotografía virtuosa, delicada, trabajo del fotógrafo francés Phillippe Le Sourd y como es habitual, con vestuario, actuaciones y dirección de máxima elegancia.

Se destacó que el rodaje apenas duró 26 días y pese a su brevedad el elenco recibió clases de costura, baile, etiqueta, entrenamiento de corsé; pero además debían cocinar y comer juntos. Sofía Coppola, nuevamente da un claro ejemplo de su preciosismo al recrear una época y tratar de desentrañar el alma femenina.

Tres filmes, una misma directora y un estilo seductor, embriagador y reposado que encanta o irrita, pero jamás dejará indiferente. Buena ocasión para revisitar el cine de Sofia Coppola.