¿NO ES YA MUCHO?

 Temblor, coronavirus, substancia tóxica en el gel, enfrentamientos y desafíos narcos, crímenes, tormentas, arena que viene del Sáhara y AMLO presidente…

¿Qué te hemos hecho, Dios mío?

Hace ocho días escribí en este espacio que destruir lo que toca, es característica de la personalidad de López Obrador.

Que esta semana quedó nuevamente de manifiesto, con el numerito que contra el CONAPRED protagonizó, junto al verdadero poder tras el trono; y sin el que muchos, no nos hubiéramos enterado de la existencia de Chumel Torres y el chocoflán.

Y como no quiero angustiarme pensando en las destrucciones que nos falta ver, en la inseguridad que nos amenaza, en las falsas cifras de contagiados y muertos por Covid-19 que nos impiden conocer la extensión real de la pandemia, y en los dinerales que el austero dilapida en diarias conferencias de prensa que “informan” con retraso de ocho días y mandan a la gente mensajes contradictorios, mejor cambio de tema y me refugio en el hygge.

¿Saben ustedes lo que es?

Hasta hace poco, yo tampoco.

Me enteré leyendo un artículo de la periodista Violeta Cereceda, publicado este 30 de mayo en la revista Paula del diario chileno La Tercera.

Empieza por decir, que al buscar el hashtag #hygge en Instagram salen más de seis millones de resultados; la mayoría, imágenes de gente sonriendo, interiores de casas estilo escandinavo y antojadizos platos de comida.

Pero que este concepto danés, es mucho más que comerse un rico pastel o sentarse en el sofá, de una sala de revista.

El hygge, dice, “es casi un sentimiento” y el término fue incorporado en 2016 por Oxford, a su diccionario oficial; que lo define como “calidez y confort, que proporcionan felicidad.”

Y se ha vuelto tan popular, que estuvo entre las finalistas para “la palabra” de ese año; no ganó, pero se ha grabado en la mente de millones y cruzado las fronteras de Dinamarca.

Su inventor es Meik Wiking que ha vendido más de un millón de ejemplares de El Pequeño Libro del Hygge, best seller en Estados Unidos y el Reino Unido, donde explica que se trata del gozo que producen las pequeñas cosas de la vida.

Y pareciera que los daneses son expertos en ese arte, porque han ocupado por años los primeros lugares de la lista de los países más felices del mundo, que elabora Naciones Unidas.

Gozar las pequeñas cosas, -era algo que Matías mi esposo que no era danés sino chileno, predicaba y hacía diariamente- y ha permitido a los daneses tener un altísimo grado de gratitud hacía la vida, pese a vivir con uno de los sistemas de impuestos más caros del mundo y en un clima inhóspito, de días cortos y obscuros.

Dice Cereceda que, para llegar a esa plenitud, no es indispensable vivir en Copenhage o redecorar la casa; sino simplemente, convivir con familiares y amigos en ambientes seguros y de cariño.

Y que el mejor lugar para hacerlo, es el hogar de cada quién; sin importar tamaño o lujo.

Cita la periodista, un estudio publicado por el Instituto de Investigación de la Felicidad de Copenhage, que afirma que, por encima del ingreso económico y la salud, una casa en la que se experimente tranquilidad, es el factor que más incide en la felicidad.

Y que ayuda a esa sensación, beber té o infusiones de yerbas, disfrutar las actividades diarias, disponer de mantas suaves y abrigadoras y salir a observar el cielo y los alrededores.

Por lo que entendí, el hygge consiste en tener paz mental y estar presentes en alma y cuerpo en lo que uno está haciendo, lo que evita caer en el fastidio de la rutina; puede hacerse con o sin lujos y con o sin cuarentena y es muy eficaz para evitar la depresión.

Padecimiento este, que ha llevado al Secretario General de la ONU, Antonio Guterres, a pedir a los gobiernos atender la salud mental de sus poblaciones “como parte ineludible de las respuestas que deben dar al Covid-19.”

Ansiedad, depresión, y dolor por la enfermedad y muerte de seres queridos, unidos al miedo, aislamiento y la falta de empleos que son consecuencias de la pandemia, constituyen ya serios desafíos de salud pública que es inaplazable atender.

Pero desgraciadamente, a millones de seres humanos de todo el mundo el hygge no les servirá para salir de una pobreza, que los margina de todo bienestar y será más crítica, por las secuelas del coronavirus.