EL MESÓN DE SAN ANTONIO

AQUELLAS PEQUEÑAS COSAS

Esta temporada de pandemia uno la matiza escuchando música y de pronto, se aparece “Aquellas pequeñas cosas”, interpretada por Joan Manuel Serrat:

Uno se cree / que las mató

El tiempo y la ausencia

Pero su tren / vendió boleto / de ida y vuelta

Son aquellas pequeñas cosas

Que nos dejó un tiempo de rosas

En un rincón / en un papel / o en un cajón

omo un ladrón / te acechan detrás / de la puerta

Te tienen tan / a su merced

Como hojas muertas

Que el viento arrastra allá o aquí

Que te sonríen tristes y

Nos hacen que / lloremos cuando

Nadie nos ve

La tranquilidad que ofrece esta forma de vivir el instante nos hace un poco melancólicos, se le acumulan a uno los recuerdos como miel en el panal.

Me puse a pensar en las letras de Serrat, él tiene influencia de otros poetas como Benedetti, Miguel Hernández, Antonio Machado, Federico García Lorca, León Felipe, Violeta Parra, entre otros. Ha sido reconocido con nueve doctorados Honoris causa por su contribución a la música y a la literatura española, además de obtener el Grammy Latino como “Persona del Año” en 2014, entre otros importantes galardones.

Yo pienso que la mejor canción de Joan Manuel es “Mediterráneo”, con ella me identifico al evocar el recuerdo del mar intenso de la cuadra donde se hacía la fiesta de San Juan.

En 1965 se editó su primera grabación, y en 1968 publicó sus primeras canciones en español, con varios sencillos que serían recogidos en el LP “La paloma”.

En 1969 ganó el Festival de la Canción en Río de Janeiro, y fue en 1971 cuando editó “Mediterráneo”, uno de sus álbumes más importantes. A este disco pertenece la canción “Aquellas pequeñas cosas”, que contiene una de sus letras más personales y evocativas. Quizás por eso la nostalgia, pues en ella entrega lo más personal de lo humano.

Se tuvo que exiliar en México durante un año por realizar unas declaraciones y reconocer la segunda República Española, debido a la orden de búsqueda y captura que emitió el régimen contra él.

En 1977 publicó el disco-homenaje al poeta catalán Joan Salvat-Papasseit, titulado “Nada es mezquino”, con arreglos del músico Josep María Bardagí, ese fue su regreso a una España indecisa y enrarecida tras la muerte del dictador Francisco Franco. Lo hizo con temor, pues al no haberse promulgado aún la amnistía existía la posibilidad de que fuera apresado y enjuiciado. Afortunadamente, nada ocurrió y Serrat se reincorporó, con cautela, a la vida pública de su país.

En 2007 realizó una gira junto Joaquín Sabina llamada “Dos pájaros de un tiro”, con la que recorrieron muchas ciudades españolas y latinoamericanas.

Escucho y recorro los pasos de Serrat a través de la extraña tranquilidad que vivimos en días de pandemia, donde las cifras se mueven aleatoriamente y los muertos se siguen acumulando en datos oficiales poco confiables, y otras estadísticas que hablan de una cantidad mayor. Yo no salgo a ningún lado, pues soy un elemento de mucho riesgo, y más vale cuidarse con esas reglas de sana distancia, manos limpias y cubrebocas.

Por cierto, descubrí que el cantante Joaquín Sabina tiene pasos parecidos a los de Joan Manuel Serrat, poco menos conocidos, pero no por ello, menos intensos.

Joaquín Ramón Martínez Sabina nació en Úbeda, Jaén, un 12 de febrero de 1949, y a la postre se convirtió en cantautor, poeta y pintor.

Ha publicado 17 discos de estudio y siete en directo, ha colaborado con distintos artistas cantando dúos y otras colaboraciones especiales, y en su faceta literaria ha publicado nueve libros.

La gran sorpresa es que, aunque es un poeta rasposo, es muy agradecido. El disco dedicado a José Alfredo Jiménez, con la presencia de Chavela Vargas, da razón a la querencia y uno la estimula con sus canciones, hasta parece que me levanto, salgo de mi casa y me voy a una taberna a echarme unos tragos con esos dos, hasta que me llaman a comer y detengo la música y el recuerdo, porque estas canciones hay que escucharlas dedicándoles atención suprema, y me deleito con unos versos que medito por un rato: 

Partiré sin cumplir mi condena,

pensaré que mereció la pena

y, si tiene paciencia el destino,

sin hacerle al espejo un reproche

le daré la razón a la noche

y abriré otra botella de vino.