Residuos de COVID-19 podrían sumarse a la contaminación de los océanos

En un día, una sola persona trabajando en áreas COVID-19 puede requerir hasta 16 cambios de guantes, cuatro batas, cuatro cubrebocas desechables, una mascarilla N-95 y cubrebotas: Raquel Briseño, del ICML de la UNAM 

Ciudad de México.- Los residuos del material que se utiliza para protegernos de la COVID-19 deben ser tomados en cuenta como un elemento adicional a la contaminación de los océanos. Guantes y cubrebocas que ahora son artículos de primera necesidad y en muchos casos de uso obligatorio, se suman por millones a los desechos que al no tener un manejo adecuado, pueden llegar a mares y costas del planeta, advirtió Raquel Briseño.

La investigadora del Instituto de Ciencias del Mar y Limnología (ICML) de la UNAM resaltó que antes de la pandemia la basura que llegaba a estas masas de agua era una preocupación, y ahora los restos de estos insumos se sumarán a los que llegan a mares y costas del planeta.

En el marco del Día Mundial de los Océanos, que se conmemora este lunes, señaló que en las campañas para donar material de protección hospitalario, “las estadísticas muestran que en un día, una sola persona trabajando en áreas COVID-19 puede requerir hasta 16 cambios de guantes, cuatro batas, cuatro cubrebocas desechables, una mascarilla N-95 y cubrebotas.

“Si estas cifras se extrapolan a cada hospital del país, a nuestra región y a nivel global, podemos tener otro ángulo para visibilizar la magnitud de generación de estos residuos”.

En días pasados la organización Operation Mer Propre Sea (Operación mar limpio) difundió un video en el que mostró que ya han llegado al Mar Mediterráneo estos desechos; con ello se muestra que hasta ahora no hay un tratamiento apropiado, dijo la también coordinadora del Banco de Información de Tortugas Marinas (BITMAR).

Indispensables para vida del planeta

De acuerdo con la Organización de las Naciones Unidas (ONU), los océanos ocupan tres cuartas partes de la superficie de la Tierra, contienen 97 por ciento del agua del planeta y absorben alrededor del 30 por ciento del dióxido de carbono producido por los humanos, amortiguando los impactos del calentamiento global.

Además, son la mayor fuente de proteínas de más de tres mil millones de personas en el mundo y se estima que esa misma cantidad depende de la biodiversidad marina y costera para su sustento.

Sin embargo, para la sociedad el océano es tan inmenso como inagotable, por tanto, cree que se puede verter cualquier tipo de sustancia o material de origen antropogénico sin que tenga efecto negativo, expuso Briseño, quien forma parte de la Red de Investigación Marino Costera para América Latina y el Caribe (REMARCO).

“La COVID-19 es una advertencia dolorosa en términos de pérdida de vidas humanas, economías trastocadas y problemas sociales en niveles inesperados. Ha obligado a mirar con otros ojos y adquirir mayor conciencia sobre nuestra vulnerabilidad. El efecto boomerang tiene muchas aristas negativas para la sociedad, por lo que esta experiencia debe conducirnos a repensar nuevas formas de relacionarnos con la naturaleza”, subrayó.

Temas prioritarios 

La acidificación de los océanos, las floraciones de algas nocivas o mareas rojas, los microplásticos, la eutrofización (exceso de nutrientes en ambientes costeros y marinos por fuentes antropogénicas), el vertimiento de sustancias químicas como metales pesados y metaloides o compuestos orgánicos de hidrocarburos del petróleo y plaguicidas, entre otras, aunado a los efectos del cambio climático, son estresores de los océanos.

En el caso de los plásticos, se conocen las grandes islas conformadas por toneladas de residuos en los vórtices de los océanos Pacífico, Atlántico e Índico, y recién se han mostrado evidencias de su acumulación en el océano más profundo. Se están realizando investigaciones con las mejores herramientas disponibles para dilucidar su impacto en la vida marina y los potenciales efectos en las comunidades humanas.

Sin embargo, todavía hay muchos vacíos de conocimiento sobre los océanos, a pesar de su rol fundamental para mantener nuestro planeta seguro y saludable. En atención a este tema crucial, la ONU declaró la década 2021-2030 como el “Decenio de las Ciencias Oceánicas para el Desarrollo Sostenible”. 

Briseño remarcó que debemos fortalecer las capacidades para revertir los graves procesos de deterioro de los océanos y su biodiversidad, a partir de compromisos individuales y colectivos que se complementen con políticas públicas en ámbitos locales, regionales e intergubernamentales.

Para ello existen los Objetivos del Desarrollo Sostenible, en específico el 14, que señala la necesidad de conservar y utilizar en forma sostenible los océanos, los mares y los recursos marinos. “Sólo si nos aplicamos en alcanzar las metas allí propuestas obtendremos los beneficios de la pretendida sostenibilidad”, concluyó. (UNAM)