ENTRE LA BRIBONADA Y LA CORRUPCIÓN

Los desvíos de recursos en gobiernos y sindicatos son nota diaria y motivo de escándalo en nuestra sociedad. Políticos y dirigentes que incurren en excesos y extravagancias, no importan siglas o filiaciones partidistas, abundan por todos lados y hoy más que nunca están sujetos no únicamente al escrutinio sino hasta el linchamiento público. Lo merecen, de eso no hay duda.

¿Por qué entonces toleramos, y en ocasiones hasta festinamos, o incluso replicamos, conductas que son también en el fondo actos de corrupción?

Recién lo puso en evidencia un funcionario estatal, más de la mitad de los 16 mil ciudadanos que tramitaron placas de circulación preferentes en 2018 mintieron, pues no tienen en realidad discapacidad alguna que les complique su movilidad al grado de requerir ese trato. Son ciudadanos, particulares, vecinos nuestros.

Un empleado municipal, responsable de la famosa caja cinco, en la que se pagan en Saltillo las infracciones de tránsito, confía: «aquí nada más llegan los de carne y hueso, los demás mandan la firmita». Se refiere a las condonaciones, a los que tienen algún conocido con influencias que les puede librar del pago de la sanción.

¿Pues no qué ya se había acabado eso?, le preguntamos, y sentencia con su experiencia, «No, eso no se va a acabar nunca».

En 2011, el académico de la UAdeC Jesús Acevedo Alemán, publicó su investigación «De lo antisocial a asesinos en serie», donde en primer término se va a lo conceptual, a explorar la cultura del mexicano, incluye ahí un texto de Guillermo Zúñiga Zárate sobre «La bribonada mexicana».

Los mexicanos, dice Zúñiga, siempre tratamos de ser sagaces y astutos, y pregunta: ¿por qué es costumbre que en los bancos la gente se meta a la fila sólo porque estaba ahí un amigo o de plano le da el cheque para que se lo cambie en vez de hacer fila él mismo? ¿Qué clase de vínculo hace que una o varias de las cajeras efectúen movimientos bancarios para personas «especiales» que inopinadamente llegan brincándose toda la fila de clientes?, y responde el autor: «los mexicanos somos en esencia bribones».

¿Qué tanto hay del deleite de la bribonada al delito del robo?, ¿en qué momento se nos deben de encender las alertas para poner un alto a ciertas conductas que son comunes y cotidianas?

Es bien sabido que en las gasolineras los despachadores venden los «tickets», y los compran quienes andan necesitados de facturas para comprobar los viáticos que le dieron en su empleo, o los que tienen que justificar gastos para efectos fiscales.

Hoy las consecuencias de un acto así pueden ser mayores y perjudicar a terceros, pues en ese mercado negro se comercializan hasta los «tickets» de las compras de combustible que se pagan con tarjetas de crédito o débito. Deja entonces una huella falsa, pues puede ser que usted pague en forma electrónica y cuando quiere facturar resulta que alguien más ya lo hizo, ¿qué pasa si después ese alguien que facturó tiene un problema con el fisco?, lo van a tratar de rastrear a través de usted, pues para efectos legales hacía operaciones con dinero suyo.

Un ticket puede parecer cosa menor, pero bien se sabe que grandes empresarios tienen gasolineras nada más  por la facilidad que hay para conseguir facturas y justificar el movimiento del dinero para no pagar impuestos. Unos facturan compras de 700 pesos, otros de 300 mil o más. En esencia corrupción hay en unos y en otros.

Las «bribonadas» están en todas partes. ¿Por qué las compañías de seguros cuando surten los medicamentos de sus clientes limitan algunos y en otros se exceden?, un médico lo explicó así: «todo depende de cuál laboratorio le da comisión al empleado que autoriza la compra».

Y si de médicos hablamos, hay muchos desde luego que son excelentes, profesionales y éticos, pero abundan también los casos de abusos. Si antes de darle un diagnóstico el doctor le pregunta si tiene seguro de gastos médicos, y la respuesta es positiva, de seguro enseguida tendrá la sorpresa de que necesita un tratamiento costoso o una cirugía.

Si de ahí se va por una segunda opinión, puede ocurrir que encuentre a un profesionista serio que tenga otro diagnóstico y alternativa menos costosa, o que de plano le digan: «vente conmigo, yo te opero por menos». Ejemplos los podemos encontrar en todos los ámbitos y profesiones.

Zúñiga Zárate, en su texto al que hacemos mención párrafos arriba, señala: «el caldo inocuo de toda la corrupción, simulación, improductividad intelectual y laboral por sabotaje o inacción, chantaje, soborno, mal manejo de dinero, abuso de poder, contaminación ambiental y otras acciones más, es la formación bribona de hombres y mujeres en la infancia y en la adolescencia», y apunta: «la bribonada establece de manera generalizada el cultivo que dará lugar a muchas conductas delictivas».

Conviene reflexionar sobre esta que es una innegable realidad en nuestro país, o cuando menos detenernos la próxima vez que vayamos a alentar a un hijo para que haga una trampa o travesura.

 

edelapena@infonor.com.mx