PLAZA CÍVICA

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Morena y las dificultades de las grandes coaliciones sociales

Las grandes coaliciones electorales están haciendo importantes irrupciones políticas alrededor del mundo. En México Morena conformó una gran coalición social que llevó al poder a Andrés Manuel López Obrador en 2018. En Estados Unidos el Partido Demócrata se ha convertido en la “gran carpa” social rumbo a las elecciones presidenciales de 2020. Y sin embargo, ante coaliciones electorales tan variadas cabe preguntarnos si estas son realmente perdurables o son simplemente tigres de papel.

Primero, un poco de teoría e historia. Durante los últimos cien años la expansión en la franquicia del voto trajo consigo la democracia masiva, y, por ende, partidos políticos masivos. Lo anterior ha producido un dilema electoral permanente en dichos institutos políticos: ¿confeccionar alianzas sociales reducidas pero homogéneas, o amplias pero heterogéneas? Por una parte, una alianza social reducida pero homogénea trae como desventaja un estrecho número de votantes, pero como ventaja la uniformidad: coherencia ideológica, alianza disciplinada, fuerte esprit de corps. Por otra parte, una alianza social amplia pero heterogénea trae como ventaja un extenso número de votantes, pero como desventaja la pluralidad: incongruencia ideológica, alianza indisciplinada, frágil moral.

Un claro ejemplo de estos dilemas partidistas los encarnó el PRI de antaño. El otrora “partidazo” tenía una ideología amplísima y camaleónica con el fin de crear una coalición social extendida donde todos se sintiesen identificados. Sin embargo, el PRI fue capaz de mantener adherida tal coalición porque era un partido hegemónico que contaba con el respaldo de un Estado autoritario. En el momento en que se comenzó a democratizar el país esas distintas partes sociales que componían al PRI se fueron a sus respectivos partidos congénitos o formaron los propios. Entonces el PRI comenzó lenta pero inexorablemente a desinflarse. Y luego llegó AMLO.

El hartazgo de la población mexicana con los partidos políticos tradicionales representó una oportunidad para formar nuevamente una gran coalición social rumbo a 2018. Esa oportunidad fue aprovechada por Morena y AMLO, haciendo propuestas tanto de derecha como de izquierda, tomando como adeptos a figuras claves de distintas fuerzas políticas y ganando en regiones tan disímiles como Baja California y Oaxaca. Sin embargo, a poco más de un año de gobierno lopezobradorista las contradicciones de esa gran alianza social ya se han hecho presentes: en las elecciones de 2019 hubo un importante repunte de votos hacia los partidos de oposición y las peleas intestinas en Morena no parecen tener conclusión (y de manera muy naturalmente el PRI se ha convertido en su partido satélite). Peor aún, si todos los partidos políticos ideológicamente coherentes han necesitado de liderazgos fuertes durante sus primeros años de vida (Manuel Gómez Morín en el PAN, Cuauhtémoc Cárdenas en el PRD), la ausencia de AMLO al interior del partido, aunado a la incoherencia ideológica de Morena y la amplitud de la coalición social solo auguran un final desafortunado.

El caso de Estados Unidos es paradigmático en este sentido. El Partido Republicano se ha convertido en el partido de los blancos-cristianos-conservadores, y aunque eso necesariamente trae menos votantes a sus filas, existe una motivación apabullante en torno al partido y Trump. Por otra parte, el Partido Demócrata se ha convertido en el partido de los blancos de izquierda y de las minorías estadounidenses, ampliando considerablemente sus filas de votantes pero ocasionando un importante caos a su interior: si gana Sanders solo se movilizará la parte más radical del partido, y si gana un candidato moderado solo se movilizarán los votantes de centro-izquierda. ¿Darle a cada quien lo que desea? En una coalición tan vasta, imposible.

Las grandes coaliciones sociales nacen en contextos políticos muy específicos y solo perduran en sistemas autoritarios o totalitarios; en las democracias liberales son realmente tigres de papel. Por ello, entre otras razones, el Partido Demócrata tiene amplias posibilidades de perder nuevamente la presidencia, y Morena es un Humpty-Dumpty en potencia que de desplomarse jamás podrá ser arreglado.

 

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