EL EMBAJADOR DE EU EN MÉXICO

El Embajador de EU en México, Cristopher Landau, dijo que no pueden continuar las atrocidades que ocurren en México en materia de seguridad.

En presencia del secretario de Seguridad y Protección Ciudadana, Alfonso Durazo, el diplomático estadounidense narró que en la Navidad pasada conoció a una pareja y que días después se enteró de que el hijo de ambos, de 16 años de edad, había muerto a causa de una sobredosis de drogas.

“Es un problema importantísimo. Yo sé que eso también pasa en México. Yo leo los titulares de los diarios aquí en México sobre algunas de las cosas atroces que están pasando aquí y no podemos continuar”, dijo el funcionario estadounidense en su discurso en la reunión binacional de planeación y seguridad fronteriza México-E.U.

Landau agregó que como sociedades “no podemos aceptar lo que está pasando” y aseguró que las reuniones entre funcionarios de ambos países no deber ser para “hablar nada más, estamos aquí para dar resultados”.

Agregó que es “deprimente” ver en archivos históricos que desde hace 10 años había reuniones de alto nivel entre los gobiernos de Estados Unidos y México sobre el tema del tráfico de armas.

“No sé qué habría pasado entonces, pero es algo urgente y para mí es una pasión ver cómo podemos cooperar, no solamente en reuniones y en visitas, pero en acciones concretas”, insistió.

Landau señaló que encuentra “poco productivo” señalar de quién es la responsabilidad del tráfico de armas, dinero y drogas entre ambos países, pues es compartida.

“Sabemos que ninguno de nuestros países está seguro cuando el otro no lo está, y, precisamente, la frontera es el espacio común en donde más intensa debe ser nuestra cooperación. La seguridad es un desafío compartido y una responsabilidad compartida”, afirmó.

Agregó que los grupos criminales han aprovechado los “desacuerdos históricos” de ambas naciones en materia de inseguridad.

Tras la reunión, las delegaciones de México y Estados Unidos acordaron mejorar la coordinación para frenar a los grupos criminales dedicados al tráfico de armas.

Entre los acuerdos destaca ampliar a 20, los puntos de revisión para detectar el paso ilegal de armas donde se pretende ubicar a traficantes de armas de fuego desde la frontera sur y de droga por la frontera norte de México, de acuerdo con un comunicado de la Secretaría de Seguridad y Protección Ciudadana.

Los representantes de los dos países coincidieron en la necesidad del fortalecimiento, actualización, intercambio de información y visitas de evaluación, como parte de los compromisos a desarrollar en el corto plazo por parte de los grupos de trabajo que participaron, agregó el documento oficial. (expansion.mx)

Sin lugar a dudas el actual embajador Landau ha fomentado algunas simpatías en México, sobre todo en redes sociales, difícilmente despertadas por sus antecesores.

Pero no debemos de olvidar que es el embajador de Estados Unidos y más bien tenemos que repasar las lecciones de la investigadora y analista Alicia Mayer, quien ha señalado:

Las relaciones entre México y los Estados Unidos se produjeron en planos desiguales. Este último, nación industrializada, moderna, rica y heredera de una particular tradición histórica, representó la potencia del continente americano, mientras que México, supuestamente viciado como todas las naciones latinoamericanas por su herencia hispana, católica y, pues, atrasada, con mestizaje, o como lo denominan los estadounidenses “miscegenación” racial y cultural, se consideraba rezagada del progreso material y espiritual de la humanidad.

La expansión económica en el extranjero se convirtió en un interés nacional vital que ocupó las energías gubernamentales. Al cuidado de dicho interés, los Estados Unidos entraron al concurso mundial para extender una amplia red de influencia en América Latina y Asia. Amparados por la Doctrina Monroe, tomaron en sus manos la responsabilidad de salvaguardar sus intereses y los de sus ciudadanos en el extranjero. No era posible para una nación tan grande, poblada y económicamente poderosa seguir aislada del viejo continente y la pugna por la hegemonía, que se remontaba desde el principio del siglo XIX, se manifestó entre las potencias con gran fuerza también durante las primeras décadas del siglo XX.

El gobierno estadounidense definió su postura internacional de esta manera: Nosotros nos encontramos, como nación, en el umbral de nuestra madurez. Hemos emergido ya adultos, como iguales, en el gran concurso de naciones. Hemos pasado por varios periodos formativos. Hemos sido egoístas en la lucha para desarrollar nuestros recursos internos y abordar nuestras cuestiones naciones […] nuestra nación ya es lo suficientemente madura como para seguir aplicando en sus relaciones esos recursos temporales, propios de un pueblo cuya única preocupación son los asuntos internos. (Mayer, Alicia)

José Vega Bautista

@Pepevegasicilia

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