Peña Nieto, ¿con un pie en la cárcel?

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A menos que AMLO tenga otros datos

Este miércoles, el periódico Wall Street Journal, uno de los más prestigiados del mundo, soltó la bomba: autoridades judiciales mexicanas están investigando al expresidente Enrique Peña Nieto como parte del posible caso de corrupción en el que fue señalado el exdirector de Pemex, Emilio Lozoya, citando como fuente a un alto funcionario del gobierno federal encabezado por Andrés Manuel López Obrador.

“La fiscalía general tiene pruebas de que la corrupción de Lozoya en a Agronitrogenados y Odebrecht alcanza el nivel más alto del gobierno, dijo el alto funcionario, refiriéndose a Peña Nieto”, de acuerdo al WSJ.

Días antes, el periodista mexicano Carlos Loret de Mola publicó un artículo en otro importante periódico estadounidense, el Washington Post, titulado: “Ya cayó Emilio Lozoya, ¿caerá el expresidente Peña Nieto?”

En éste, Loret escribe: “Si la política mexicana fuera un tablero de ajedrez, parecería que falta poco para que caiga el rey. Cayó primero el caballo, el que hacía el trabajo sucio: Juan Collado, abogado y operador del expresidente de México, Enrique Peña Nieto, fue acusado de lavado de dinero por millones de dólares y está en la cárcel desde julio de 2019.

Cayó después la reina. Rosario Robles Berlanga ocupó dos secretarías de Estado —donde estaba el dinero— en el mismo gobierno de EPN: Desarrollo Social, encargada de los programas contra la pobreza; y Desarrollo Agrario, Territorial y Urbano, donde se reparten las tierras. Era la reina de la operación política, protagonista de uno de los mayores escándalos de corrupción durante el gobierno pasado, conocido como La Estafa Maestra, que implicó el desvío de miles de millones de pesos. Ella entró un mes después que Collado a la cárcel.

Está en la mira la torre, sobre la que edificó EPN su control político: Miguel Osorio Chong, quien fuera su secretario de Gobernación y ahora es senador por el PRI. Se sabe que la Unidad de Inteligencia Financiera, encargada de las investigaciones anticorrupción, lo investiga por contratos fuera de la ley en las cárceles federales, que estaban bajo su responsabilidad.

Y junto con la torre, el peón: Luis Miranda, quien fue también secretario de Desarrollo Social, hoy es diputado federal por el PRI y fue, de todos, el más amigo del expresidente EPN, el de más confianza, el cuate.

El alfil había huido, pero ya cayó: Emilio Lozoya, quien fue director de la paraestatal mexicana Pemex y la dejó como la empresa petrolera más endeudada del mundo. Hijo de una familia de políticos-empresarios vinculados al sistema priista, fue detenido el jueves 12 de febrero acusado de lavado de dinero, delincuencia organizada y cohecho. Ha sido también acusado de recibir sobornos de la empresa constructora brasileña Odebrecht. Acusaciones similares han hecho que caigan presidentes en América Latina.

Emilio Lozoya encarna todo aquello que el actual presidente de México, Andrés Manuel López Obrador, prometió combatir: un mal gobierno, un viejo sistema de unos cuantos privilegiados, un país podrido por la corrupción.

La detención del Lozoya, cuyo caso se volvió un símbolo de la corrupción, llega en un momento políticamente perfecto para AMLO, quien llevaba una racha negativa en las últimas semanas: violencia y feminicidios que horrorizan al país, datos económicos que apuntan a la recesión, la burla internacional por rifar el avión presidencial ante su incapacidad de venderlo, Estados Unidos señalando que el presidente mexicano es su aliado contra los migrantes, un creciente desabasto de medicinas en los hospitales públicos, una caída en su todavía alta popularidad y hasta declaraciones desafortunadas sobre los feminicidios por las que tuvo que ofrecer disculpas.

Cayó el caballo, cayó la reina, están en la mira la torre y el peón, y ya cayó el alfil, pero falta el rey: ¿El presidente AMLO llevará a la cárcel a su antecesor, Enrique Peña Nieto? La lógica diría que sí, que es sólo cuestión de tiempo.

Pero en política la lógica no es la única que juega: ¿Se atreverá AMLO a romper la regla no escrita de la política mexicana, de que no se meten expresidentes a la cárcel porque no vaya a ser que el siguiente te meta a ti? ¿Existió un pacto EPN-AMLO que aniquiló desde el gobierno al candidato panista Ricardo Anaya, el rival más duro del actual presidente en las elecciones presidenciales de 2018, y pavimentó su llegada a Palacio Nacional? ¿La transición de terciopelo entre EPN y AMLO es reflejo de un pacto político?

Desde mi punto de vista, AMLO meterá a la cárcel a Peña… si lo necesita, cuando lo necesite” señala Loret de Mola en el Washington Post.

INVESTIGACIÓN EN CURSO

“La extradición y posible confesión de Lozoya son elementos que junto con las investigaciones en curso decidirán si el expresidente es acusado en el futuro”, afirmó la fuente citada de forma anónima por el WSJ.

La investigación en torno al expresidente es parte del caso contra Lozoya, quien fue arrestado en España la semana pasada y está la espera de una audiencia sobre la solicitud de México para su extradición.

Emilio Lozoya es acusado de recibir millones de dólares en sobornos de la constructora brasileña Odebrecht y la siderúrgica mexicana asentada en Monclova, Coahuila, Altos Hornos.

Investigadores del Gobierno de México, de acuerdo con Wall Street Journal, informaron que Odebrecht pagó 9 millones de dólares a Lozoya para asegurar los contratos de Pemex cuando él tenía un alto cargo  en la campaña de Enrique Peña Nieto en 2012.

En paralelo, según los investigadores, Altos Hornos le pagó 3.5 millones de dólares para garantizar la venta de la planta de fertilizantes Agronitrogenados a Pemex por un precio inflado.

El diario estadounidense refiere que si Enrique Peña Nieto estuviera imputado, sería la primera vez que un presidente mexicano enfrente cargos de corrupción ante la justicia. “En cualquier caso, es poco probable que los cargos se den en el corto plazo, ya que tan sólo la extradición de Lozoya podría tardar varios meses”, refiere.

“Un caso contra el expresidente impopular, quien dejó su oficina con una tasa de aprobación históricamente baja, podría impulsar la popularidad del propio López Obrador, en un momento en el que la economía de México no crece y los delitos alcanzaron récords”, agrega el WSJ.

 

 

¿EXISTE UN PACTO AMLO-EPN?

Luego de que el Wall Street Journal  publicara que la Fiscalía General de la República, investiga al ex presidente Peña Nieto, López Obrador descartó este jueves conocer sobre esas indagatorias. Insistió en lo que ha dicho un sinnúmero de ocasiones: que investigar a ex presidentes solamente está en manos de los ciudadanos, si reúnen las firmas y se lleva a cabo una consulta.

“No tengo información sobre que exista está investigación como lo sostuvo el Wall Street Journal, no tengo elementos para sostenerlo”, dijo AMLO.

Esta respuesta del presidente refuerza la teoría existente en el sentido de que entre López Obrador y Peña Nieto existiría una especia de “pacto de impunidad”. Según quienes sostienen esta teoría, Peña Nieto facilitó la llegada de AMLO al poder, a cambio de impunidad ante cualquier irregularidad que surgiera una vez concluido su mandato. Hasta el momento, López Obrador no ha tocado a Peña ni con el pétalo de una rosa, en tanto que si ha arremetido violentamente en contra de otros de sus antecesores, los panistas Vicente Fox y Felipe Calderón, y el priista Ernesto Zedillo. Extrañamente a su “villano favorito”, el también ex presidente Carlos Salinas de Gortari, lo ha tratado más bien con indiferencia.

(Reportaje elaborado con información de The Washington Post, The Wall Street Journal, El Financiero y Agencia Quadratín México)