PLAZA CÍVICA

La gran recomposición de los partidos políticos

La humanidad está entrando en una etapa de cambios tectónicos. Un ejemplo de lo anterior son los partidos políticos, donde muchos están naciendo, otros se están transformando, y otros más están muriendo. Nos encontramos en la antesala de la tercera gran transformación en el sistema de partidos de los últimos doscientos años, después de los debates que emergieron a raíz de la Ilustración y posteriormente de la Revolución Industrial. Las antiguas referencias partidistas están siendo demolidas, y se están edificando otras nuevas.

Desde el fin de la Segunda Guerra Mundial, los partidos políticos en las democracias-liberales tendían a agruparse en dos grandes bloques. En uno se encontraban los partidos de derecha, socialmente conservadores y económicamente liberales, con su base social en las zonas urbanas, entre gente de clase media y alta. En otro grupo se encontraban los partidos de izquierda, socialmente liberales y económicamente proteccionistas, con su base electoral en las pequeñas poblaciones y zonas rurales, entre gente de clase media y baja. Esas ideas y alianzas sociales estaban basadas en el debate surgido de la Revolución Industrial y la dinámica política de la Guerra Fría. Sin embargo, esa discusión ha quedado en gran parte zanjada, el bloque comunista ha desaparecido y nuevos eventos mundiales han surgido, por lo que nuevas ideas y alianzas sociales están emanando en diversos países del mundo. Incluyendo México.

El debate que comienza a asomarse parece ser uno entre comunidades nacionales y sociedades multiculturales, entre nacionalistas y cosmopolitas, entre los llamados “de una parte” y los “de todos lados”. Lo que está dando pie a lo anterior se puede resumir en una palabra: globalización. Por una parte, la apertura económica ha implicado la rápida movilidad de capital en detrimento de la clase trabajadora en el mundo desarrollado. Por otra parte, la apertura cultural ha implicado el empoderamiento de las minorías, el multiculturalismo y el tabú a la diferencia, todo con un trasfondo de inmigraciones masivas. La gran ironía es que los partidos tradicionales han sido víctimas de sus propios éxitos: si la victoria de la derecha fue en el ámbito económico, con la apertura comercial, y la victoria de la izquierda fue en el ámbito social, con la ampliación de los derechos sociales, los excesos en ambos rubros han producido una reacción feroz.

El caso paradigmático lo tenemos en los países que impulsaros en mayor medida esas ideas: los anglosajones. La apertura comercial que hizo EUA sin contar con una red de apoyo para su clase trabajadora, así como la apertura cultural con la inmigración y el multiculturalismo, han provocado el ascenso del populismo de derecha con Trump. Gran Bretaña igualmente abrió de manera considerable su economía con una intervención estatal mínima, y recibió amplias oleadas de inmigrantes desde décadas atrás, detonando el Brexit y la llegada al poder de un populismo conservador con Boris Johnson. Y han sido los populistas de derecha, y no de izquierda, quienes han logrado las mayores incursiones electorales porque comprenden que el tema que provoca mayor ansiedad es el cultural y migratorio. Más aún, han sido especialmente exitosos porque han mezclado un conservadurismo cultural con políticas económicas proteccionistas y redistributivas de izquierda. Y esto ha traído inevitablemente una nueva configuración en las alianzas sociales.

Hoy los partidos de derecha comienzan a tener su base social en las pequeñas poblaciones y zonas rurales, entre la clase media y trabajadora que son cultural y económicamente conservadoras. Los partidos de izquierda empiezan a tener su apoyo en los centros cosmopolitas, entre la clase media y alta, que tienden a ser liberales. Y aunque la situación en México no es la misma, no resulta raro que un presidente socialmente conservador y económicamente proteccionista haya llegado al poder. No resulta raro que el PRI, que tendía a esa rara mezcla, haya conquistado nuevamente la presidencia bajo las siglas de MORENA. Hoy por hoy, esa combinación de derecha en lo cultural e izquierda en lo económico parece ser la fórmula política ganadora.

 

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