EN EL TINTERO

Capitalizar

El 30 de noviembre cuando el gobernador Miguel Ángel Riquelme Solís acudió al Palacio Legislativo a presentar su Segundo Informe parecía una mañana de sábado bastante normal. La visita de la secretaria de Gobernación, Olga Sánchez Cordero, daba el espaldarazo al Ejecutivo en materia de seguridad.

Lo cierto es que, pese a los recortes y los impactos en Coahuila, la relación con el gobierno federal ha sido cordial y hasta benéfica en algunos aspectos para el estado.

Entre las 11:00 y 11:40 aproximadamente concluyó el acto protocolario, las autoridades se retiraron del recinto, mientras los reporteros consignábamos la información, fue entonces que comenzó en Villa Unión un episodio de hechos violentos que no se había registrado en muchos años atrás.

El saldo fue de 24 muertos, entre los que destacan 18 delincuentes, cuatro elementos de la policía del estado y dos civiles no armados, empleados de la Presidencia Municipal que fueron privados de su libertad para guiarlos a la salida y posteriormente asesinados.

Esa tarde que comenzó a fluir la información, las opiniones variaban, algunos consideraban que uno de los días más importantes para el Ejecutivo como era el informe, se ensombreció con el hecho delictivo. El principal discurso de Riquelme Solís era la seguridad. ¿Ahora qué iba a pasar?

La reacción fue inmediata. Aunque 15 oficiales enfrentaron a más de un centenar de delincuentes por casi una hora, se desplegaron los refuerzos, el tiempo de llegada tuvo que ver con la distancia de ese municipio con la capital del estado, aunque se pusieron en operación tres helicópteros, uno fue dañado por las balas, pero aterrizó sin complicaciones.

En siguiente lunes en la “mañanera”, el Presidente Andrés Manuel López Obrador reconoció el trabajo de Coahuila y de cómo ha sido el estado que más atención le pone al tema de seguridad obteniendo buenos resultados en este operativo.

Unas horas después, al mediodía del lunes el gobernador al rendir su informe ante los ciudadanos en el Centro de Convenciones de Torreón, volvió a destacar la seguridad y capitalizó el buen resultado de la operación. Y es que hace 8 años en un hecho similar, en específico la masacre de Allende, Coahuila, pero ahí las autoridades ocultaron la tragedia y se resguardaron en otros sitios para evitar riesgos a su integridad sin importar la de los pobladores.

En esta ocasión, Miguel Riquelme se trasladó de manera inmediata a Villa Unión con todo su equipo de seguridad a pesar de los riesgos. Su prioridad: defender y proteger a los ciudadanos.

Capitalizar el tema con un hecho similar, pero una reacción distinta le dio al Ejecutivo puntos positivos, que sus propios opositores le han reconocido, y le valió incluso el apoyo incondicional del gobierno federal que envió más elementos de la Guardia Nacional a aquella región.

A diferencia de la estrategia del Presidente de la República, Riquelme Solís enfrentó a los delincuentes sin dejar de lado la integridad de los ciudadanos, porque como comentó “la fuerza del estado es mucho mayor a la de los delincuentes”. ¿Qué habría pasado si su decisión hubiese sido dejar ir a los responsables como lo hizo López Obrador con el hijo de “El Chapo”?

El único inconveniente con este tema que, coincidimos, pone a Coahuila como ejemplo nacional, es que ahora el Presidente aventará la pelota en el combate al narcotráfico a los estados, y también capitalizará los logros de Coahuila, pero para deslindarse de su responsabilidad, pues no hay que perder de vista que se ha señalado al 2019 como el año más violento.

Los gobernadores deberían aprovechar para recordarle al Presidente de los esfuerzos que hacen de las entidades en materia de seguridad y otros rubros que lo único para lo que les ha valido es par ser castigados con un alto recorte presupuestal.

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