HISTORIAS DE SALTILLO A TRAVÉS DE SUS PERSONAJES, SUS ANÉCDOTAS Y SUS LUGARES

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 JUAN JOSE CASAS

 La mujer que se le aparece a los taxistas en Lomas de Lourdes

Los mitos y las leyendas forman parte de una cultura, la alimentan, la enriquecen, la hacen más rica. Todos los pueblos del mundo poseen mitos y leyendas, unos muy elaborados y otros no tanto, pero todos y cada uno de ellos contribuyen al enriquecimiento de la historia. No se deje llevar, todos tienen su explicación. El Minotauro, por ejemplo, que fue vencido por Teseo no es otra cosa que la explicación social, política y económica de la superioridad de la isla de Creta en la Grecia Antigua, más importante que Atenas incluso (lea el maravilloso cuento de Borges La casa de Asterión sobre el tema, le encantará).

Nuestro país también tiene sus mitos y leyendas, la llorona está presente en cada ciudad de México al igual que el hombre que pregunta la hora justo antes de propinar una estocada. Sea cual fuere el caso, las leyendas están ahí, presentes y vivas.

La ciudad de Saltillo cuenta con sus propias leyendas, muchas de ellas muy viejas. Seamos francos, todos hemos escuchado que existen túneles debajo de la Catedral, que incluso llegan a la Escuela Miguel López y a otras iglesias circundantes, pero nadie los ha recorrido, al menos no he conocido a ninguno que lo haya hecho. ¿No se enteró del callejón del diablo que se encuentra cerca de la Normal Superior? Seguro que sí; y qué tal del callejón de Santos Rojo o de aquellas leyendas del Cañón de San Lorenzo. Todas ellas le dan color a nuestro vivir cotidiano.

De todas estas leyendas prefiero las más “modernas” las que se van construyendo a lo largo del siglo XX. Cuando era aún muy niño escuché la leyenda del rodeo -que por cierto está presente en al menos tres estados más del norte del país- la del vaquero alto y apuesto que montaba un toro mecánico o un toro real, otras versiones dicen que estaba bailando en la pista de una discoteca. Sus botas caen y dejan ver, en lugar de dos pies humanos, una pata de gallo y una pezuña de macho cabrío (¿acaso influencia de nuestra muy mexicana lotería?). ¿No ha escuchado hablar de la niña que se aparece en alguna escuela o en alguna fábrica a las afueras de Saltillo, siempre de blanco? (y siempre niña ¿qué tendrá nuestra sociedad con las apariciones femeninas de ultratumba?)

Existe sin embargo otra leyenda de mi particular atención, tal vez porque se ha edificado en la generación de mis padres muy cercana a la mía, por supuesto: la de la mujer de Lomas de Lourdes (de nuevo mujer, de nuevo de blanco). Esta leyenda tiene particular interés con los taxistas de Saltillo. Tomo regularmente taxis o, gracias a las maravillas de la modernidad, algún Uber o InDriver. Todos comentan lo mismo, en el vado de la entrada de Lomas de Lourdes se aparece una mujer de blanco única y exclusivamente a los taxistas. Hace poco tomé un InDriver, el chofer me comentaba que al manejar solo y al pasar por el vado de Lomas se le apagaba el carro, le ocurrió el percance en ya tres ocasiones. “N’ombre ahí no más metes segunda y ámonos, si volteas en el retrovisor ya valiste, ahí mismo se te aparece” me dijo.

Muchos de sus conocidos “sí valieron”, se les apareció la muchacha, a algunos les dio azúcar y a otros “ya se los estaba llevando”. Me dijo que muchos de los taxistas ya conocían esta historia y que el remedio era no voltear al retrovisor. Pero el primer taxista que le tocó el suceso fue quien contó la historia. Subió una carrera en el vado de Lomas, una mujer muy bella y muy pálida vestida de blanco. La mujer dio una dirección y el chofer manejó hasta llegar al destino. Una vez ahí la mujer le comenta que debe bajar para ir por su dinero y pagar la carrera, pero una vez adentro no volvió a salir. El taxista se bajó a tocar la puerta para que le pagasen la carrera, salió otra mujer, de una edad mayor a la primera “traje a una muchacha, se metió y no me ha pagado” comentó el taxista. La mujer de edad avanzada le dijo “es mi hija, pero ella murió hace dos años”. El taxista, pálido del susto, regresó a su coche y emprendió el camino.

Esta leyenda la he escuchado de varios taxistas, verdaderos sabios y conocedores de la vida nocturna de nuestra ciudad. Verdad o no, víctima de un suceso sobrenatural o de una estafa de alguna mujer que quería un servicio gratuito, los mitos y las leyendas son invaluables piezas de nuestro folklore y registros importantísimos de nuestro imaginario colectivo.

 

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