EL MESÓN DE SAN ANTONIO

Marchamos

…y salieron otra vez las mujeres a las calles, y otra vez rayaron las paredes y saltaron las vallas y descargaron su ira contra los monumentos históricos, y otra vez son condenadas y tachadas de irracionales, y otra vez la sociedad pinta sobre sus cuerpos juicios que no se borran tan fácil como las consignas descargadas en el Hemiciclo a Juárez, porque en ellas las palabras “liosas”, “vandálicas”, “feminazis”, “brujas”, “indecentes”, se tatúan con el odio y la moralidad de una sociedad que se indigna por las formas más que por el fondo.

En el Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra la Mujer, que fue el lunes 25 de noviembre, miles de mujeres realizaron una marcha en la Ciudad de México para exigir a las autoridades seguridad y justicia, pero también, para recordarle a la sociedad que 6 de cada 10 mujeres ha sufrido algún tipo de violencia, que el 41.3% ha sido víctima de violencia sexual, que 9 mujeres son asesinadas al día… 9 mujeres son asesinadas todos los días… y lo que nos preocupan son las piedras.

“No son las formas”, dijo el alcalde panista de Torreón Jorge Zermeño cuando las laguneras se atrevieron a pintar las bancas de la alameda; “lo que el viento a Juárez”, twiteó Marcelo Ebrard al presumir que el Hemiciclo ya estaba limpio pocas horas después de la marcha; “y luego no se quejen de que las violen si van enseñando las chi****”, leí en varios comentarios de mis redes sociales, en donde no faltaron las burlas tipo “como para ir a la marcha feminista a preguntar quién es el hombre a cargo”. Y las risas.

¿De verdad somos tan primitivos? ¿Nos han despojado por completo de la sensibilidad, de la empatía? ¿Es posible que la sociedad que las condena no recuerde que tan sólo en el 2018 más de 3,700 mujeres fueron asesinadas y que a nivel nacional se han registrado 809 feminicidios?

Las mujeres se han manifestado contra la violencia con marchas silenciosas y no las han escuchado; han bailado para protestar contra los asesinatos dentro de las propias universidades y se han reído de ellas; han escrito sobre sus pechos que las están matando y volteamos a otro lado o las ridiculizan o las humillan.

Que el mundo ha sido construido por y para el hombre es una verdad irrefutable: las reglas las puso él, los parámetros de lo “correcto” e “incorrecto” los estableció él, la idea de que las mujeres eran objetos para su consumo la sembró él. Basta recordar que hace apenas 64 años se “concedió” el derecho al voto femenino en México.

Vaya, la voz la tiene él. Quizá por eso se molesta cuando las mujeres contestan.

A mi modo de ver, la marcha de ayer fue una provocación directa por parte del gobierno y de los medios hacia ellas, y desafortunadamente, cayeron.

El gobierno de la CDMX colocó vallas de 3 metros de altura para proteger locales y monumentos: una confrontación directa a modo de “a que no las pasas”… y ellas, por supuesto, las tumbaron. Envolvieron en plástico las estatuas que adornan la calle Juárez para que no las dañaran con pintura y brillantina… y ellas, por supuesto, lo arrancaron.

Las escenas fueron aprovechadas por los medios de comunicación, que se dieron vuelo mostrando a las mujeres como seres irracionales totalmente fuera de control, exigiendo desquiciadas un alto a la violencia mientras ellas rompían, martillo en mano, los vidrios de negocios y parabuses.

Pero seríamos muy ingenuos si nos quedáramos con esas imágenes, estimado lector, si no viéramos el dolor de las madres portando las fotos de sus hijas desaparecidas, asesinadas impunemente, víctimas de la violencia que todos los días, a todas horas, en todos lados, las acecha.

Seríamos parte del problema si olvidamos los motivos que mueven a estas miles de mujeres a mostrar en las calles el coraje y el dolor de verse en peligro y que nadie haga nada para protegerlas, para garantizar su seguridad, para castigar de manera ejemplar a quienes atentan contra su vida.

Normalicemos la empatía, y utilicemos nuestros privilegios de hombres en pos de garantizar los derechos de ellas.