El Canelo, Raúl DiBlasio y hasta el papa Francisco tienen un sarape de Saltillo elaborado por Héctor Tamayo

Foto: Harumi Kawasaki

El maestro sarapero es el único en Coahuila que realiza un trabajo completo, es decir, no solamente teje la prenda, sino que tiñe la lana en los ocho tonos que representan los amaneceres de Saltillo 

Héctor Tamayo es el único maestro sarapero completo en todo Coahuila, es decir, el único que –como dicta la tradición del sarape saltillense- conoce y aplica las técnicas centenarias para teñir lana y teje en el bastidor creando la prenda representativa de nuestra ciudad.

Los sarapes de Héctor Tamayo cobraron especial relevancia hace un par de semanas, cuando en Las Vegas, Nevada, el boxeador Saúl “El Canelo” Álvarez, apareció con un gabán azul con detalles verdes y el escudo nacional al centro. Éste sarape fue fabricado en Saltillo y fueron las hábiles manos del maestro Tamayo quienes lo elaboraron.

Pero no es ésta la única ocasión en la que el artesano saltillense elabora la indumentaria con la que El Canelo sale a reflectores antes de cada pelea, ya anteriormente le fabricó otros dos ejemplares similares, aunque de diferente color, y en ésta fueron dos los elaborados, uno azul y otro blanco con detalles verde, blanco y rojo, que quizá veamos en otro pelea.

Héctor y su hermano Rubén son los últimos alumnos del maestro José Espiridión Zendejo, el hombre que por décadas –y hasta el día de su muerte- se dedicó por completo a elaborar sarapes, dándoles un toque único que heredó a los Tamayo.

La pasión y buen trabajo que Héctor imprime en cada sarape que elabora, han hecho que personalidades se interesen por sus creaciones, y así ha logrado que el sarape de Saltillo, elaborado por el maestro Tamayo, haya llegado a las manos del papa Francisco, del pianista Raúl Di Blasio, de gobernadores y alcaldes.

Foto: Harumi Kawasaki

Héctor tiene su taller en un pequeño cuarto en la colonia Bellavista, en donde todos los días da rienda suelta a su creatividad para tejer cada hilo e ir formando los amaneceres en ocho tonos del Sarape de Saltillo. Además, el maestro trabaja desde hace 23 años con la familia Mendoza Oyarzabal, custodios de esta tradición desde hace 100 años, en El Sarape de Saltillo, en la Zona Centro.

Tamayo inició cuando tenía 18 años, sin conocer sobre artesanías, pero sí con la inquietud de un joven por conseguir un trabajo, y fue en un taller de cobijas del barrio Águila de Oro, en Textiles La Misión, donde elaboró sus primeras creaciones.

Aunque sarapes como tal fue hasta que llegó a El Sarape de Saltillo, donde ya trabajaba su hermano Rubén junto al maestro José Espiridión.

“De allí nace este interés por la artesanía y a mí me ha gustado, creo que tengo ese don porque no a cualquiera le gusta esto porque es mucha paciencia”, relata Héctor en entrevista.

Entre lo que aprendía de don José y de su hermano Rubén, Héctor logró convertirse en el referente actual de maestro sarapero, pues –asegura-que cualquier sarape de Saltillo que se adquiera actualmente y sea original, de ocho tonos, está elaborado por él o al menos, la lana teñida por él.

“Es una gran responsabilidad porque hay que hacerlo muy bien, cuando El Canelo va saliendo en Las Vegas con el sarape, se me puso la piel chinita”, relata.

“Mucha gente me ha hablado de Estados Unidos, que quieren réplicas (del sarape de El Canelo)”, agrega.

Héctor elabora toda clase de sarapes, desde los separadores de libros hasta los de 130 por 160 centímetros. Todos con las características del sarape de Saltillo: los colores verde, blanco y rojo en el pabellón al iniciar, los 8 tonos de los amaneceres, la cenefa y el diamante.

Sin embargo, el maestro Tamayo considera que la tradición saltillense está en agonía, y culpa de ello al desconocimiento, porque –dice- “cuando un pueblo no está informado a cualquier cobija le llaman sarape.

Y es que los falsos sarapes, que se hacen llamar de Saltillo, pero en realidad son de material sintético y no de lana, y algunos hasta chinos, son los que inundan los comercios que venden artesanías, como los del Mercado Juárez, y esto ha hecho que los turistas e incluso locales, se lleven con orgullo un sarape que no es el original, el elaborado desde hace 100 años en los bastidores de madera.

Héctor Tamayo dice que en la elaboración de un sarape se conjuga todo, desde su creatividad hasta sus sentimientos.

“Es importante cuando estoy tiñendo estar tranquilo, espiritualmente bien, porque se nota en la teñida y tejida, cada sarape es como parte de mí, siempre es un nuevo reto, cada dibujo es diferente”, asegura. (JOSÉ TORRES)

 

 

Acerca del autor
Reportero Multimedia. Periodista de barrio y contador de historias apasionantes. Premio Nacional de Comunicación “José Pagés Llergo” 2017. Premio Estatal de Periodismo 2015, 2016, 2017 y 2018
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