PLAZA CÍVICA  

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Seguridad, con malos augurios

Si hay un tema donde no puede caber la ineptitud gubernamental es en el combate a la inseguridad. Pues parece haber mucha de esta hoy en día. El actual mandatario federal heredó un problema mayúsculo de la administración anterior, por lo que no se espera una pronta solución. Sin embargo, preocupan las medidas tomadas hasta el momento, las cuales auguran más inseguridad y descontrol en el país.

Tres puntos se levantan como impedimentos para el combate eficaz a la inseguridad: un significativo desdén por el tema, una idiosincrasia altamente religiosa y una estrategia fundamentalmente social.

A Andrés Manuel López Obrador nunca le ha interesado el tema de la inseguridad. Solo como candidato presidencial en 2018 lo incluyó en su programa ante la prioridad que tenía, y tiene, para la población mexicana. Sin embargo, la falta de una propuesta seria como candidato y la media vuelta que hizo como presidente indican el disgusto sentido y una irresponsable improvisación política: sacar al ejército de las calles (cancelado), legalizar algunas drogas ilegales (cancelado), llevar a cabo un proceso de amnistía (cancelado), unir a todas las corporaciones policiacas y militares en una Guardia Nacional (cancelado), ampliar los programas sociales (vigente, y con altos niveles de opacidad en el gasto), invitar al Papa y a Antonio Guterres para elaborar un plan de paz (cancelado), entre otros (https://lopezobrador.org.mx/2018/05/08/participa-amlo-en-el-dialogo-por-la-paz-y-justicia-la-agenda-fundamental/). Dos puntos más preocupan. El primero es que no forman parte de la estrategia la persecución criminal (FGR) y la impartición de justicia (Poder judicial), e inclusive se han disminuido presupuestos. El segundo es que el titular de la Secretaría de Seguridad y Participación Ciudadana (SSPC) es Alfonso Durazo Montaño, una persona sin conocimiento y experiencia previa en el tema, quien además ha colocado en puestos clave del aparato de seguridad a personas de su mismo perfil (“Ocupan políticos de carrera puestos clave en la SSPC”, El Universal, 05/11/19). Y si un desdén en torno a la inseguridad representa un problema, una idiosincrasia altamente religiosa lo agrava aún más.

“Abrazos, no balazos”. ”Fuchi, guácala, piensen en sus mamacitas”. ”Tengo la conciencia tranquila”. Esas frases de AMLO nos hablan de una mentalidad muy religiosa. La gran aportación del filósofo político italiano Nicolás Maquiavelo fue separar la política de la religión, secularizando la primera. Lo hizo porque sabía que la idiosincrasia religiosa era antitética a la idiosincrasia política: la perfección individual está generalmente peleada con la virtud pública. AMLO podrá ordenar a soldados no emplear la fuerza y tener así la conciencia tranquila, pero en el mundo real el Estado necesita emplearla para pacificar al país y salvar vidas. Su conciencia está tranquila, pero la del país no lo está. Y por este carácter altamente religioso, que ya ha ocasionado preocupantes choques con el mundo militar, es que se afirma que la inseguridad se combate casi exclusivamente con una política social.

La pobreza y desigualdad podrán generar inseguridad, pero la principal causa radica en la falta de Estado. Ante la estrechez del Estado mexicano, existen grupos del crimen organizado que tienen el monopolio de la fuerza en amplias zonas del territorio nacional, que imponen su privativa ley y aplican su propio orden e, inclusive, que cuentan con el apoyo y simpatía de la población local. A base de programas sociales compuestos de billetazos no se va a combatir exitosamente esta problemática. Por ello resulta primordial la presencia de fuerzas de seguridad que tengan el control territorial del país, para que posteriormente lleguen jueces y magistrados a impartir justicia, así como servicios públicos y programas sociales. En algunos sectores se comienza a hablar de la necesidad de una estrategia de contrainsurgencia, y desafortunadamente la idea no resulta descabellada.

Si la derecha ideológica puede pecar de un exacerbado gusto por la fuerza, la ley y el orden, la izquierda puede pecar igualmente, pero de un inocente disgusto por ellas. Ese parece ser el problema con el combate a la inseguridad en la presente administración, y al menos que haya un significativo cambio de timón, el futuro no augura nada bueno.

 

www.plaza-civica.com          @FernandoNGE