CÁPSULAS SARAPERAS

Baile con el diablo

En esta ocasión te platico de una noche en la cual llegó a un conocido lugar del Saltillo noventero, llamado TEX MEX, un joven de estampa y galanura, cuya presencia no pasó desapecibida por nadie. Quienes lo vieron aseguraron que su personalidad era atrayente, se murmuraba sobre su identidad pues nunca se había visto por esos lares.

Este lugar del que te platico estaba ubicado en aquellos años casi en las afueras de esta hermosa ciudad de Saltillo, donde iniciaba la carretera a Monterrey por el rumbo en el cual hoy hay hoteles, agencias de autos y grandes supermercados. Por las noches de los fines de semana, había bailes y rodeos de media noche. El propietario era un buen hombre, oriundo de Torreón.

Una noche pasada las doce, cuando los jinetes ya habían montado los toros, un acordeón sonó para dar continuidad al baile norteño; varios de los asistentes traían unos tragos de más. El joven, del que nadie sabía nada, se acercó a una bella dama Saltillense, dicen era la mas hermosa esa noche. Bailaron un buen rato, parecía que no se cansaban de darle vuelo al taconazo, parafraseando al Piporro.

Después de varias canciones, él le propuso salir del lugar y seguir la fiesta en otro lado, a lo que la joven contesto que sí, pero con una sola condición: si aguantaba 8 segundos en el toro mecánico, se iría con él a donde quisiera.

El vaquero misterioso acepto el reto, monto al animal mecánico y se acomodó para vencerlo. El toro inició con una gran fuerza y en el preciso momento que el cronometro marcó los 8 segundos reglamentarios del rodeo, la bota, por cierto de piel exótica, del pie derecho del vaquero misterioro salió volando. La gente no daba crédito a lo que veía, pues era imposible de creer, el miedo se apoderó de todos, nadie se esperaba que debajo de la bota estuviera una pata de cabra, lo cual indicaba que aquel vaquero era el mismísimo diablo en persona.

Seguido de eso, hubo un apagón. El desorden, acompañado de gritos y miedo se apodero de ese lugar. A los pocos segundos la luz regresó y ya nadie vio al diablo que iba vestido de vaquero.

Cuentan que esa misma noche la chica con la que bailó el chamuco, salió corriendo, se subió a su carro, lo puso en marcha y manejo hacía el sur por el Blvd. Carranza, a los pocos kilometros, los frenos de su auto fallaron y en un brutal accidente perdió su vida. La promesa del diablo se la cumplió, se la llevó después de todo.

Así es amigos y amigas Saltillenses, esa noche el Chamuco, Belzebu, Satanás, Lucifer, o como quieran llamarle, bailó, se enamoró, montó el toro mecánico en Saltillo y se llevó con él a una bella mujer.

 

 

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Es Saltillense*, papá de tres princesas mágicas, Rebeca, Malake y Mariajose. Egresado de nuestra máxima casa de estudios, la Universidad Autónoma de Coahuila, en donde es catedrático, es Master en Gestión de la Comunicación Política y Electoral por la Universidad Autónoma de Barcelona, el Claustro Doctoral Iberoamericano le otorgó el Doctorado Honoris Causa. Desde el 2012, a difundido la historia, acontecimientos, anécdotas, lugares y personajes de la hermosa ciudad de Saltillo, por medio de las Cápsulas Saraperas. *El autor afirma que Saltillense es el único gentilicio que debe de escribirse con mayúscula.