PAPELERÍA EN TRÁMITE

¿LO DE CULIACÁN FUE UNA DERROTA MILITAR O MORAL?

Este viernes muy temprano vimos a un presidente acabado, debilitado, incoherente que pactó con el narco. Platicaba con mi amigo Paco de la Peña, director del Heraldo de Saltillo, sobre el asunto que está en boca de todos. Con de la Peña intercambiamos mensajes sobre la rueda de prensa que daba el filósofo de Macuspana y coincidimos con algo, este jueves por la tarde cuando entregaron a Ovidio Guzmán, el sexenio al que tanto jodió AMLO llegar, por fin había terminado en menos de un año de su gestión. El gobierno prefirió pactar con el narco por una estadía “momentánea de paz” como tanto han pregonado en redes sociales, a cambio de un gobierno sólido y firme con la seguridad. Andrés Manuel entregó al país a la delincuencia a la violencia, ahora cualquier hijo de vecino puede escupirte en la cara. ¿Acaso no observó usted los videos de terrorismo de esa noche? ¿Y después vio cómo los maleantes celebraban y saludaban al ejército, con quien habían estado combatiendo? Con los actos del gobierno, realzó las esperanzas de un grupo criminal que estaba minimizado, disminuido egocéntrica mente, pero con los hechos de la semana pasada, se le dio poder y posición sobre otros carteles del país. Los chairos defenderán a capa y espada a su presidente, pero saben que el presidente de este país fue derrotado, no en las urnas eso vendrá después el próximo año en Coahuila donde serán barridos y en el 2021 volverá a perder la mayoría en el Congreso, sino perdió en lo que tenía que hacer: su trabajo. Perdieron en lo anímico, en los creíble. Según una encuesta de Massive Caller publicada este viernes después de lo sucedió en Culiacán, el 54.2 por ciento comentó que la decisión del gobierno federal y del presidente de México fue cobarde, así como lo lee, tan solo el 18.7 por ciento dijo que fue una decisión valiente. Lo más triste y patético fueron las declaraciones de ese día. López, emprendió un viaje a Oaxaca y por una hora y media se olvidó del pueblo de Sinaloa, este mismo presidente que el sábado se escondió entre una banda de guerra de niños que gritaban al unísono: “¡Es un honor estar con Obrador¡” El presidente se refugió entre ellos para sentir la alabanza y la pleitesía después de la madriza que le dio el pueblo sabio y bueno. Qué patético hombrecillo tenemos como líder. Tanto es el desconcierto de este humilde reportero que prefiero terminar esta columna que con tanto amor se hace, con las palabras de Elmer Mendoza escritor originario de Culiacán, “Vamos , señor Presidente. Con todo respeto, a trabajar más y a hablar menos, este país lo necesita y tiene muy poco imaginarios”.

Cambiando de tercio vemos que las firmas de seguridad han convertido al estado en un oasis de seguridad, en un referente de cómo se debe trabajar en coordinación entre los tres órdenes de gobierno. Riquelme ha sabido manejar el tema, manteniendo la paz. No es fácil contener la mano del crimen organizado. Otro que también ha mantenido el orden es Manolo, esperemos que sigamos en el mismo camino, ya que, la puerta se abrió y los demonios andan sueltos y buscan donde asentarse. Y dado el aviso de fuero que el Presidente le otorgó a los criminales, las cosas se pondrán peor de lo que estaban. Si usted piensa que habíamos tocado fondo, no es así, este sexenio parece tener más tragedias que una película de José José y más carencias que la vida de un egresado de Letras Españolas.