AVISO DE CURVA

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Austeridad y urnas en Coahuila 

La caída en la recaudación federal participable (RFP) y la activación del Fondo de Estabilización de Ingresos Presupuestarios (FEIP) es una señal de que la economía mexicana entró en una desaceleración, la cual puede extenderse hasta finales de 2020. Es momento de que el Gobierno de Coahuila ponga atención en las señales de la economía antes de que sea demasiado tarde y el presupuesto estatal termine desbalanceándose.

El desplome en el PIB en el primer semestre de 2019 dejó sus primeras víctimas: las entidades federativas; Coahuila no es la excepción. Una recaudación de ingresos participables, entre ellos los provenientes del IVA y el ISR menor a la proyectada, trajo como consecuencia una reducción de las participaciones federales. Por ejemplo, a finales de septiembre, el Centro de Estudios de las Finanzas Publicas informó que Coahuila no ha recibido 453 millones de pesos correspondientes a las ministraciones programadas de enero a agosto de 2019.

En un estado cuyas finanzas públicas se encuentran estranguladas por la deuda, cualquier reducción de las participaciones y aportaciones federales estimadas se podría convertir en un desorden financiero, que a su vez podría provocar un desequilibrio en el ejercicio presupuestal del estado.

Así que, si como lo estiman los analistas, en 2019 el PIB crecerá apenas unas décimas por arriba del cero y, dado el contexto internacional recesivo y la caída en la inversión fija interna, en 2020 no se alcanzará el 2.0 por ciento proyectado por el secretario de Hacienda y Crédito Público, Arturo Herrera, en los Criterios Generales de Política Económica, entonces, es razonable estimar que los ingresos fiscales participables continuaran a la baja, el FEIP terminará cediendo, por lo que la crisis presupuestal impactará, principalmente, a las entidades federativas.

En un escenario de aprietos presupuestales, el Gobierno de Coahuila está obligado a implementar un verdadero plan de austeridad.

De hecho, en 2018 el gobernador Miguel Riquelme anunció el inicio de un plan de austeridad, sin embargo, hasta la fecha no se ha presentado un balance de las acciones dirigidas a racionalizar los recursos. El gasto corriente continúa siendo el mismo, la inversión no se ha incrementado y, por si fuera poco, el servicio de la deuda absorbe cuanto recurso disponible se encuentra a su paso, principalmente el proveniente de las participaciones federales. Es cierto, en los últimos años la deuda se ha reducido y los indicadores de riesgo han mejorado, no obstante, el costo del servicio se perpetúa como uno de los más altos del país.

A principios de 2019, se emitió el decreto Medidas de Austeridad, Ahorro y Disciplina del Gasto de la Administración Pública. Lamentablemente, los funcionarios estatales que sí hacen el trabajo, se quejan de que esta disposición ha traído privaciones en los suministros y los recursos humanos indispensables para cumplir con las acciones encomendadas. Por ejemplo, se sabe que en distintas oficinas se tienen que “cooperar” para comprar el agua y los vasos desechables. En cambio, comentan que los gastos en actividades no sustantivas y que no aportan valor a la gestión pública, continúan al alza.

En 2020, la austeridad se complica para Coahuila. La razón es simple y llana: habrá elecciones.

Si bien la desaceleración de la economía y la caída de los ingresos participables es una llamada de atención para las entidades federativas, por motivo de las elecciones para renovar el Congreso local a las autoridades les gustaría seleccionar el ícono “Posponer austeridad”, mientras pretenden que nada está sucediendo.

Penosamente, el riesgo de postergar acciones más eficaces para racionalizar y eficientar el gasto público estatal es mayúsculo. La mezcla de calamidades puede hacer explotar de nuevo a las finanzas de Coahuila.

No se trata de una eventual caída en las participaciones federales o de la eliminación del Ramo 23. La situación puede tornarse grave debido a la vulnerabilidad de las finanzas públicas del estado. Con respecto a sus ingresos de libre disposición, la entidad es la más endeudada del país y, por lo tanto, los riesgos financieros provocados por el sobreendeudamiento, según el Sistema de Alertas emitido por la SHCP, no deben soslayarse, y mucho menos por causa de las próximas elecciones. Camino sinuoso, manos al volante.

 

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