TED BUNDY: DURMIENDO CON EL ASESINO

VÍCTOR BÓRQUEZ NÚÑEZ 

Lo que pretende ser un biopic de un asesino serial famoso en Estados Unidos, termina como un filme confuso, bastante oportunista y que demuestra que no vale un tema impactante para lograr una película de calidad. En todo este empeño, hasta la presencia del actor Zac Efron, en un rol poco habitual, no alcanza para levantar el vuelo de este relato algo tedioso, donde escasea lo esencial para una película de este género: tensión.

Un dato necesario: Ted Bundy fue un asesino serial, apodado el asesino de las estudiantes, que debido a su impactante presencia en los medios estadounidenses, se convirtió en un tipo tristemente famoso. El filme “Durmiendo con el asesino” trata de mostrar su vida, su ferocidad, el motivo de sus delitos pero, debido a una muy mala decisión del director Joe Berlinger, termina siendo una sucesión de hechos “recreados”, en donde solamente predomina el oportunismo y escasea el suspenso, algo que debería haber sido el vehículo para transmitir las atrocidades del protagonista, a quien se adjudicaron más de 30 asesinatos y violaciones en distintas ciudades de Estados Unidos.

Pecado mortal, “Ted Bundy: durmiendo con el asesino” tiene una construcción fílmica pobre, endeble, confusa, en la que el peor elemento es su estructura temporal que no solo confunde al espectador, sino que no se justifica del todo, dada la pobre narración que se nos entrega a partir de un libro escrito por una ex pareja de Bundy, Liz Kendall (interpretada por Lily Collins), novia del célebre violador, secuestrador y asesino en serie.

La película enfatiza de modo importante en cómo la relación amorosa fue la causa por la que Liz nunca sospechó de Bundy, pese al comportamiento errático de éste, a partir de diversos pasajes de la vida criminal de Bundy, que en la película son casos representativos e iniciales de su larga lista de asesinatos cometidos poco después de su época de estudiante.

No obstante a que la premisa resultaba interesante, lo que más molesta es que se ha idealizado la relación entre Bundy y Liz, lo que resta peso dramático a los reprochables acontecimientos que éste ejecuta como despiadado asesino en serie, así como la casi nula importancia que se le otorga a los crímenes.

Otro factor que le resta tensión y nerviosismo al filme es la ausencia de escenas en donde podamos ver a Ted Bundy en acción, no por morbo extra, sino porque si no se tiene en cuenta que este personaje en realidad existió y provocó este delirio mediático por sus crímenes, parecería una historia de dos enamorados separados por una acusación y un acoso constante de la policía.

El director Berlinger parece estar extasiado con la personalidad de Bundy (algo que también sufren ciertos personajes clave en el filme), lo que lleva a descuidar un análisis más serio de sus motivaciones, porque perfectamente los espectadores nos podemos preguntar a cada instante por qué Ted Bundy cometió tales atrocidades, qué fue lo que gatilló su conducta, qué hubo en su vida que detonó esta criminalidad.

Así, no se trata de una recreación de sus horrendos crímenes, ni tampoco una biopic que explore las motivaciones de una vida de tormentos, tratando de explicar su enfermiza megalomanía. Nada de eso, solo un recorrido que pone el énfasis en la relación con Liza, su pareja por muchos años y en quienes cayeron rendidos a su aparente personalidad irresistible.

Para colmo, el director toma una de las peores decisiones en cuanto a narrativa: utilizar encuadres que en nada ayudan a mejorar la historia, restando tensión donde debía predominar el vértigo y el suspenso.

Para completar las malas decisiones, el actor Zac Efron (que nunca ha sido especialmente apto en papeles dramáticos como éste) oficia de productor, razón que probablemente explique unas muy largas secuencias tipo “tour de force” que ponen a prueba la paciencia de los espectadores, pero que no se justifican ni dramática ni estéticamente. Acaso lo único rescatable sea la actuación como juez de John Malkovich quien, una vez más, alcanza un tono perverso e irónico, aunque ello no basta para levantar el ritmo cansino de esta película.

Si uno recuerda películas sobre asesinos seriales basadas en simple ficción, esta película queda totalmente apartada de las mejores: “Seven, los siete pecados capitales” (1995), “El silencio de los inocentes” (1991) y “La masacre de Texas” (1974). Incluso, uno puede recordar aquella notable reconstrucción del crimen famoso de una conejita de Playboy que fue “Star 80” (1983), del director Bob Fosse, para lamentar la pobreza y la falta total de vuelo dramático que caracteriza a “Ted Bundy: durmiendo con el asesino”.

Puede interesarle a quien guste de casos reales de asesinos en serie llevados a la pantalla grande, pero los que entienden el cine como lenguaje, acción y provocación saldrán defraudados con justificada razón porque cuando finaliza este filme nos damos cuenta que el título original en inglés -que podría traducirse como “extremadamente cruel, escandalosamente malvado y vil-, es un engaño ya que más que entender su criminalidad, el director centra el foco en quienes lo rodearon y se encandilaron con su megalomanía y seducción.