CÁPSULAS SARAPERAS

Maestro Lorenzo Hernández

En esta ocasión te platico de un Saltillense por nacimiento, un Saltillense que indiscutiblemente llevaba la músca por dentro y me refiero al Maestro Lorenzo Hernández Flores, sí el músico, el de la orquesta, el que hizo bailar y cantar a todos Saltillo, nacido el 11 de agosto de 1917 en plena revolución, pero cabe aclarar que se festejaba cada día 10 de ese mes, por ser el día de San Lorenzo.

Hijo de don Lauro Hernández y doña Manuela Flores, hermano de Florencia y Juan, con quienes desde niño se traslado a vivir a Bella Unión, en Arteaga, ya que don Lauro trabajaba en la fábrica de hilados y tejidos, de esa comunidad cercana a esta hermosa ciudad de Saltillo.

Su primer contacto con la música fue la armónica, instrumento que aprendió a tocar de forma autodidacta. Ya más grandecito, como a la edad de 11 años se le metió a la cabeza, y vaya que era terco, el aprender a tocar piano, por lo que una parte del dinero que ganaba como ayudante en la fábrica se lo gastaba en camiones para venir hasta Saltillo para aprender a tocarlo.

Al terminar la secundaria, Lorenzo, el jóven apasionado por la música, cual si fuera descendiente de Apolo, le insistió a su padre para que le permitiera irse a vivir a la Ciudad de México, para estudiar música en el Conservatorio Musical, donde tuvo de maestros a Manuel M. Ponce, Silvestre Revueltas, Julián Carrillo, por mencionar algunos, especializándose en composición musical.

Pero el cariño por su terruño, el extrañar a la famiilia y la vida de provincia, hizo que regresara a Saltillo, donde dio clases de piano particulares y en escuelas, logrando ser contratado en la Sultana del Norte por el Colegio Regiomontano y el Tec de Monterrey donde organizó la primera orquesta juvenil.

Antes de finalizar los años 40´s del siglo pasado, despúes de soñar, planear y entrevistar a musicos Saltillenses, dio vida a la Orquesta de Lorenzo Hernández, hasta mediados de los 70´s, orquesta que amenizaba los bailes en el Casino de Saltillo, en la Sociedad Manuel Acuña, y los bailes estudiantiles del Ateneo, de la Narro o del Tec; pero no sólo eso, su música y la orquesta llegaron a todo el noreste de México, sur de los Estados Unidos y gran parte de la Costa del Golfo de México.

El éxito de la orquesta, fue la perfección que siempre buscó con sus músicos, además de las actulizaciones con la música del momento, realizando viajes frecuentes a la capital del país, para adquirir las partituras e instrumentos.

Fue autor del primer himno del Tec de Monterrey, del himno del Colegio Zaragoza, en donde por cierto fue maestro de música por mucho tiempo, incluso mío, por lo que lo recuerdo siempre con gran aprecio y respeto. Además maestro del Instituto del Valle Arizpe, de la Normal de Educadoras, y de los colegios La Paz y el Cumbres.

Se casó con Elena Treviño, con quien tuvo 4 hijos, 3 mujeres y un hombre. De hecho Ana Laura, su hija, fue maestra mía en la Facultad de Economía. Recordado como un padre estricto, dedicado, siempre al pendiente de la educacion y formación de sus hijos, cariñoso, hombre culto de mucha lectura, herencia que adquirieron sus hijos.

En el mes de agosto de 1997, el creador organizó un gran baile, en el cual ángeles, arcangeles y querubines bailarían al ritmo de las mejores notas musicales y Dios encontró en el Maestro Lorenzo al director de la orquesta para ese baile.

Bien se sentía don Lorenzo, bien dijo que era un hombre privilegiado, pues hacia lo que le gustaba y le pagaban.

Defnitivamente don Lorenzo, el Maestro Lorenzo, su orquesta y su música son algo muy de Satillo y que vale la pena presumir.

 

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Es Saltillense*, papá de tres princesas mágicas, Rebeca, Malake y Mariajose. Egresado de nuestra máxima casa de estudios, la Universidad Autónoma de Coahuila, en donde es catedrático, es Master en Gestión de la Comunicación Política y Electoral por la Universidad Autónoma de Barcelona, el Claustro Doctoral Iberoamericano le otorgó el Doctorado Honoris Causa. Desde el 2012, a difundido la historia, acontecimientos, anécdotas, lugares y personajes de la hermosa ciudad de Saltillo, por medio de las Cápsulas Saraperas. *El autor afirma que Saltillense es el único gentilicio que debe de escribirse con mayúscula.