“RÁPIDOS Y FURIOSOS: HOBBS & SHAW”

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 VÍCTOR BÓRQUEZ NÚÑEZ 

Si este filme -un capítulo más de una franquicia que se niega a terminar- se analiza como si fuera un cómic, funciona a la perfección con su galería de personajes caricaturescos, malos de una sola línea y persecuciones imposibles, porque de lo contrario todo se vuelve una completa estupidez que solo implica destruir vehículos y saltar al vacío, materia obligada de esta serie que, curiosamente, se inició a partir de una nota aparecida en un periódico sobre carreras ilegales de automóviles.

Primera advertencia para espectadores que anhelan ver cine de calidad: absténgase de este filme. Es solo diversión, explosiones, saltos por el aire, peleas coreografiadas al máximo y, por supuesto, exhibición de los atributos físicos de sus protagonistas.

La segunda advertencia va para los fanáticos de la serie: acá está todo lo que se espera de un capítulo más de “Rápidos y Furiosos”, un montón de lugares comunes partiendo por la concepción de que el mundo entero es un pañuelo, los protagonistas ni siquiera sangran y, claro, jamás descansan, comen o duermen, porque son superhéroes en dimensión humana.

El universo inventado en torno a esta saga es curioso, porque las películas son todas parecidas, cortadas con un mismo molde aunque tengan sutiles diferencias en la forma en que se cuenta.

Para nadie resulta un misterio el hecho que Hollywood esté carente de buenas ideas, que una idea exitosa en la boletería se estira hasta el infinito, aun cuando se conviertan en caricaturas o se vaya desdibujando la historia central, la columna vertebral del relato que se contaba, cayendo en la exageración extrema, al punto que ya nadie le pide seriedad o la más mínima credibilidad a las hazañas que viven los personajes… porque ello resulta imposible.

Como suele ocurrir con las producciones de acción hollywoodenses de este siglo, todas estas historias están estructuradas desde la repetición de modelos, donde lo que siempre predomina es la acción violenta y los mensajes para el bronce que cada cierto tiempo se pronuncian, en este caso referidos a eso de que la familia unida jamás será vencida.

Hay elementos que no pueden faltar, los que posibilitan la “esencia” de esta franquicia: escenas de acción increíbles, una gran cantidad de autos veloces, decenas de peleas tan coreografiadas que llegan a ser cómicas y personajes que son buenos o malos, sin matices. Porque esto es Hollywood, señores. Es una serie donde se debe dar más de lo mismo.

El director de este capítulo es David Leitch, que proviene del rubro de doble de riesgo, donde alguna vez debió “cubrir” las escenas peligrosas de actores como Brad Pitt y Matt Damon y que tiene a su haber la realización de “Deadpool 2”, por lo cual algo de conocimiento tiene en materia de cine de acción.

La historia se inicia cuando la muy atlética agente del MI6 Hattie (Vanessa Kirby) se enfrenta a Brixton (el malo, interpretado por Idris Elba), un tipo sometido a alteraciones genéticas que lo han transformado en una máquina de matar de sorprendente poder. Ella cae en una trampa al querer apropiarse del virus CT-17, porque el malvado Brixton asesina a la totalidad del equipo de policías ingleses y no tiene más remedio que escapar del lugar, pero inyectándose el virus que en solo 72 horas se convertirá en un peligro para toda la Humanidad.

Considerada una traidora, es perseguida sin tregua por El MI6 y la CIA, teniendo que recuperar el virus antes de que se transforme en una amenaza global. Los ingleses llaman a Shaw, un elegante mercenario, mientras que la Central de Inteligencia recluta a Hobbs y aunque puede resultar obvio, ambos no se pueden ver y se hacen la vida insoportable, aunque están obligados a trabajar juntos para impedir la masacre que (para variar) implica que la suerte del planeta recae en sus manos. Era que no.

De esta manera, en estricto rigor, “Rápidos y Furiosos: Hobbs & Shaw” es una atípica buddy movie, aun cuando los protagonistas sean enemigos obligados a trabajar juntos. A esto se suman elementos que le ponen la sal al tema y que se saben desde los primeros minutos: la muy buscada agente acusada de traición es hermana de Deckard Shaw, cuya madre es nada menos que la muy premiada actriz inglesa Helen Mirren, encerrada en una prisión… Además, los fanáticos de la serie, estarán felices porque el filme aporta nuevos antecedentes respecto del pasado de Hobbs y hay más de una sorpresa durante el desarrollo del filme de 136 minutos.

El filme navega en lo ilógico, hasta en detalles básicos: Shaw y la agente acusada de traición son hermanos que fueron inseparables en la niñez… aunque él tenga hoy 52 años y la hermosa policía, 31. Pero, ¿le preocupa la lógica a los espectadores de este tipo de filmes? Desde luego que no, pero sí aporta datos para entender el estado de las cosas en esa tierra denominada como Hollywood.

Hay mucho chiste gringo, alusiones al mundo de los cómic (el malo es presentado como el Superman negro) y guiños humorísticos a la política que incluye el cambio climático, el terrorismo, el capitalismo y el pronóstico que toda esta lacra acabará con la Tierra en 2096.

A este paso, para esa fecha, seguramente se estará estrenando un capítulo más de esta incombustible saga que hace rato debió haber sido sepultada como lo que siempre ha sido: demostración de cómo Hollywood sabe sacar provecho de una idea que funcionó un día.

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