CÁPSULAS SARAPERAS

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“Cuando San Isidro Labrador se quedó dormido en Saltillo” o bien “cuando los Saltillenses fuimos hijos de Noé”

En esta ocasión te platico del estado del clima que teniamos en esta hermosa ciudad de Saltillo, cuando aún eramos dos poblados, el Pueblo de San Esteban de la Nueva Tlaxcala y la Villa de Santiago del Saltillo y esto que te narraré sucedió en el mes de septiembre del lejano año de 1783.

Resulta que San Isidro Labrador, el Santo a quien le rezan para tener buenas cosechas y regular las lluvias, se quedó dormido. Sí eso pareciera, y el problema es que se quedó dormido con la lluvía encendida.

El día 11 de septiembre de 1783 en esta hermosa ciudad de Saltillo, llovió. El día 12 seguía lloviendo y se estimaba que el día 13 siguiera lloviendo. Y la lluvía era tanta y tanta que se convirtió en un problema para los habitantes de la Villa como del pueblo; los indigentes estaban sufriendo del frío torrecial, al no contar con techo alguno para refugiarse, el batiborrillo en el Pueblo de San Esteban era algo también serio, pues las labores, las cosechas y hay narraciones que hasta las huertas ya habían sido arruinadas por las aguas. De hecho el problema se presentó en todas las viviendas pues el agua entraba a la casa, lo que provocaba que las casas se enfriaran sin mencionar que las paredes se manchaban de humedad.

Don Macario Gómez, un habitante de este pedacito del cielo que hoy conocemos como Saltillo y que vivía en la calle de Guanajuato, les comentó a los vecinos de la Villa; “no ha parado de llover, ya lleva dos semanas así y no se le ven ganas a las nubes de irse. Cuando uno piensa que ya se apaciguó, se viene otra vez el aguacero”.

Los buenos Saltillenses de aquellos años estaban preocupados por cumplir la ley, ya que el Alcalde de lo que seria esta hermosa ciudad de Saltillo, de manera reciente había publicado un bando en el cual se obligaba a blanquear todas las viviendas, con costo por supuesto de sus propietarios. Motivo por el cual los vecinos de la villa le pidieron al alcalde una prórroga para cumplir con la orden, pues afirmaban que con esta lluvía torrencial, las casas no se podian blanquear, además de que los caminos y calles eran intransitables.

Estimada y estimado Saltillense, ahora yo tengo una desición que tomar, no se sí llamar esta Cápsula Sarapera con el nombre de “cuando San Isidro Labrador se quedó dormido en Saltillo” o bien “cuando los Saltillenses fuimos hijos de Noé”.