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FRANCISCO TREVIÑO AGUIRRE

HISTORIAS QUE INSPIRAN: EDDIE «EL ÁGUILA»

”No tenía dinero, no tenía un lugar donde entrenar, no había nieve, no había salto en esquí y tampoco tenía entrenador, aun así busqué la manera de competir por mí país en los Juegos Olímpicos de invierno en salto en esquí, eso para mí, fue una medalla de oro”.

Michael Edwards, mejor conocido como Eddie «El Águila» finalizó en último lugar en las dos modalidades de salto en esquí en las Olimpiadas de Invierno de Calgary 1988, pero no era la fama y fortuna lo que impulsó a Eddie a participar, su sueño era representar a su país, Inglaterra, en una olimpiada de invierno.

El sueño se convirtió en realidad, pero no fue un camino fácil. Proveniente de una familia de escasos recursos en Cheltenham, Inglaterra, Eddie no le tomó importancia a esquiar sino hasta que era adolescente. A la edad de 17 años empezó en esta disciplina compitiendo en varios países europeos y por poco clasificaba para los juegos de invierno de 1984 en la modalidad de descenso o esquí alpino.

Con sus ojos puestos en las olimpiadas de 1988 pensó que si pudiera clasificar en salto en esquí no tendría competidores ya que Inglaterra no tenía equipo participante en esta disciplina, pero esto también significaba que no había entrenadores, equipamiento, ni fondos para el entrenamiento.

Sin apoyo financiero ni un lugar donde entrenar en Inglaterra, con sus ahorros y el automóvil de su madre, viajó por Europa para entrenar con un par de esquís usados y unas botas que le quedaban demasiado grandes (utilizaba 6 pares de calcetines para poder calzar dichas botas) con la esperanza de ser el primer británico en clasificar para esta disciplina en unos juegos de invierno.

Mientras competía por Europa, sus recursos económicos fueron agotándose, por lo que tuvo que conseguir empleo como mesero, barrendero, niñero y cocinero, a veces quedándose sin comer y durmiendo en su automóvil. En una ocasión sufrió un accidente en Italia y se rompió la mandíbula, pero al no contar con recursos económicos para su tratamiento, amarró su quijada con una funda de almohada y siguió con su entrenamiento.

Si todo esto no era suficiente, su mala vista requería gafas que a menudo se empañaban dentro de sus gogles y perdía visibilidad. Otro factor en su contra era el sobrepeso, ya que si bien para el salto en esquí se requiere un estilo definido, el contar con 20 libras más que sus competidores le ocasionaba caer como roca en lugar de volar.

Contra todas las adversidades, logra llegar a Calgary 1988, para entonces en Canadá se sabía sobre su fascinante historia, inclusive a su llegada a la justa olímpica fue recibido por las televisoras locales y hasta un club de fans con un letrero que rezaba “Eddie El Águila, bienvenido a Calgary”. Eddie robó la atención durante todo el evento, lo cual ocasionó el malestar de la elite deportiva. Con su figura regordeta y los inconfundibles gogles rosas que cubrían sus anteojos, inició su participación, en donde nunca sufrió ninguna caída, e inclusive, mejoró sus propios tiempos.

En ambas disciplinas de salto con esquí en las cuales participó, quedo en último lugar. La atención que capturó Eddie hizo que el Comité Olímpico Internacional endureciera los requerimientos para la participación de atletas en todas las disciplinas, por lo que Eddie no pudo volver a participar en otros juegos olímpicos, pero al finalizar las olimpiadas de Calgary 1988, durante la ceremonia de clausura, el Presidente del Comité mencionó las siguientes palabras: “durante estos juegos hubo atletas que ganaron muchas medallas, hubo otros que batieron récords olímpicos y personales, pero también hubo quien voló como las águilas”.

En 2016 se realizó una película inspirada en la vida de Eddie «El Águila».

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