EL MUÑECO DIABÓLICO (2019)

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Tres décadas después del original aparece este relanzamiento del insoportable y cómico Chucky, el muñeco que solo puede acarrear la muerte y la destrucción. Si bien es una película entretenida y respetuosa en el concepto básico -el susto fácil-, en verdad que no aporta nada nuevo al noble género del terror que, hace rato, parece estar agobiado por este tipo de filmes que solo profitan de las glorias pasadas. 

Digamos las cosas bien claras: este nuevo Chucky es un muy buen reboot, un nuevo lanzamiento de ese incombustible muñeco diabólico, que aparece 31 años después de la película original de Tom Holland, filmada en 1988.

Y como se trata de un relanzamiento, el director Lars Klevburg se permite tomar los elementos esenciales, para trabajar con libertad en nuevas aristas y actualizando la historia para que las generaciones de hoy enganchen con este siniestro muñeco.

Obviamente que mucha agua ha pasado bajo el puente en estos 31 años.

Desde luego está el tema de la necesaria actualización del muñeco: recordemos que en la versión original, la madre soltera le regalaba con todo su cariño un muñeco para que su hijo se sintiera más acompañado, sin saber que ese juguete estaba poseído por el alma de un asesino serial.

Ahora se trata de una especie de robot hogareño, dependiente de la tecnología de hoy, producto de la inteligencia artificial y con alusiones a la explotación que sufren los fabricantes vietnamitas de juguetes (sic).

Es así que un trabajador, a punto de ser despedido, decide eliminar los denominados filtros de lenguaje apropiado de un muñeco en serie, capaz de interactuar con otros productos del hogar con la licencia Kaslan e incluso con la facultad de programarse para hablar de manera espontánea y poseedor de un software de reconocimiento facial, que le permite adoptar un rostro y hacerlo su dueño.

Con esta premisa y con el objetivo de hacer feliz a Andy, su dueño, el muñeco pregunta: “¿nos estamos divirtiendo ahora?”, intuyendo que a través de sus acciones, cada vez más siniestras, está ayudando al chico a superar sus problemas auditivos y a superar el constante bullying.

El director se permite hacer pequeños homenajes al cine de terror clase B (el muñeco está viendo “La masacre de Texas 2” para aprender a matar) y a introducir tópicos humorísticos (Chucky se dedica a escuchar a Andy y sus dos amigos), obsesionándose con hacer que los deseos de su dueño se cumplan cabalmente, aunque para ello deba destruir, asesinar y suma y sigue.

Como se trata de un relanzamiento, el realizador se toma buenos minutos del metraje para explicar los acontecimientos y dejar bien claro el contexto en el cual se desarrollará el filme, anticipando que habrá secuelas, lo mismo que sucedió con “Annabelle 3”, y toda la saga de “El conjuro”.

Quizás la mejor alusión al cine sea el homenaje que se le tributa a la saga de “La guerra de las galaxias”: Mark Hamill (Luke Skywalker) le pone su voz a Chucky, a quien Andy decide llamarlo Han Solo, y el muñeco le responde “¿Dijiste Chucky?”.

También está la alusión a “ET” (el muñeco malvado tiene un dedo iluminado), por el dedito iluminado del personaje malvado; e incluso a “Ted”, el oso de la comedia que protagonizó Mark Wahlberg.

Conviene destacar que el noruego Lars Klevburg, acaba de presentar otro filme de terror en los Estados Unidos, titulado “Polaroid” que, como ha de suponer el espectador, se trata de la posesión diabólica… de una cámara fotográfica y quienes la han visto aseguran que se trata de una película fuerte, donde se introducen elementos tan poco sutiles como miembros cercenados, sierras eléctricas, cortadoras de césped y las cuchilladas que son característicos de este tipo de cine.

A pesar de todos estos elementos, este relanzamiento de Chucky solo alcanza a provocar nostalgia y a revivir los elementos que en los ochenta eran exquisitos y que en 2019 solo parecen entretenidos y nada más. Porque de verdad, hay terror estandarizado que no ofende al original, cierto, pero que tampoco logra establecerse como un filme autónomo o capaz de aportar con una mirada diferente respecto del archiconocido universo de este muñeco siniestro y vengativo.