EL MESÓN DE SAN ANTONIO

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Noticias del espacio

¿A cuántos finales del mundo a usted asistido, estimado lector? Yo creo que ya llevo más de diez, entre predicciones erróneas de falsos profetas hasta las sustentadas por la ciencia, que incluyen, por supuesto, los choques espaciales y los meteoritos gigantescos que todo el tiempo pasan rozando nuestro querido y agujerado planeta.

El fin del mundo que más recuerdo es el del año 2000. Todos estábamos a la expectativa del cambio de dígito: del 999 al 000 porque los expertos pronosticaban que las computadoras se volverían locas, los ordenadores dejarían de funcionar, los sistemas bancarios se reiniciarían provocando un caos de épicas proporciones y, para colmo, los misiles nucleares que ya estaban armados se dispararían solos, así que los pocos humanos que sobrevivieran tendrían que empezar de cero, regresando de un día para otro a la edad de piedra.

Incluso, hubo personas que decidieron quitarse la vida para no ser testigos del derrumbe de la sociedad, y aunque la humanidad siguió su curso con normalidad, para ellos sí fue el fin del mundo.

Después vino la profecía Maya: una mala interpretación del calendario nos hizo resguardar el 21 de diciembre del 2012. Debido a que nuestros antepasados hicieron un corte en esa fecha -ya no le siguieron escribiendo, pues- los arqueólogos pensaron que era porque ahí se acababa el mundo, cuando en realidad sólo se les acabó la fuerza para seguir escribiendo en piedra.

Creo que después hubo otros anuncios del Apocalipsis pero no tuvieron tanto eco, quizá por lo inverosímil de las profecías o por el vacío que últimamente percibo en la humanidad, que hasta me da la impresión que está apurando su propia extinción.

Ahora, la siguiente cita para el fin del mundo es el 3 de octubre.

La Administración Nacional de Aeronáutica y del Espacio (NASA, por sus siglas en inglés), a través de su Centro de Estudios de Objetos Cercanos a la Tierra -sí, tienen un centro dedicado a monitorear qué puede chocar con nuestro planeta de aquí a cien años- confirmó que existe la probabilidad de que el asteroide 2007 FT3, cuyo diámetro es de 340 metros, impacte con la tierra… pero es una dentro de 11 millones de probabilidades.

Lejos de la preocupación percibida en el lejano 2000, las redes sociales se muestran incrédulas y hasta optimistas por la posibilidad del fin del mundo; los memes son bastante ingeniosos y el hecho de que sea un meteorito el culpable del fin y no nuestro desenfrenado ataque a la ecología, es una especie de alivio.

Toda la semana nos han llegado noticias desde el espacio sideral. Incluso leí una nota medio chistosa, medio alarmante en la que un tal Abraham Loeb, Jefe del Departamento de Astronomía de la Universidad de Harvard, aseguró que una nave de origen alienígena no sólo se acerca a la tierra, sino que vienen para unirse a los extraterrestres que ya están aquí entre nosotros.

Wow. Hemos leído tantos libros y visto un montón de películas al respecto que ya ni sabríamos cómo actuar en caso de un encuentro interplanetario, aunque supongo que eventualmente tenemos que conocernos. Llevamos toda la eternidad mirando hacia al cielo, preguntándonos qué hay más allá de la oscuridad plagada de estrellas, imaginándonos a seres parecidos a nosotros que también se preguntan qué hay de este lado… ¿los conoceremos alguna vez?

El espacio, tan lejano, tan inmenso, tan deseado, tan inalcanzable.

Justo en estos días se cumplen 50 años del lanzamiento del Apolo 11, días antes de que el hombre pisara por primera vez el suelo lunar. “Es un pequeño paso para el hombre, pero un gran salto para la humanidad”, dijo Neil Alden Armstron aquel histórico 21 de julio de 1969. Ese día el hombre se sintió un poco más pequeño, pero al mismo tiempo, comprendió un poco más su grandeza.

Ahora dicen que nada es cierto, que todo fue un montaje de Stanley Kubrick para que los soviéticos no llegaran primero, para que Estados Unidos se alzara con la victoria en la carrera espacial.

Bueno, siendo sinceros estimado lector, me gusta pensar que aquel joven de 17 años sentado frente al televisor, emocionado hasta las lágrimas al ver la pisada del primer hombre en la luna -¡la luna!- no fue timado por ningún director de cine ni por un gobierno mentiroso.

Y siguiendo con la sinceridad, me siguen asustando las noticias del fin del mundo.