CINEMATÓGRAFO

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 “Leto, un verano de amor y rock” y el adiós a Armando Ramírez

El filme nos narra un momento complejo en la vida de tres jóvenes artistas rusos habitantes de Leningrado, intérpretes de rock, que viven una especie de libertad desalineada, paralela al momento histórico que vive su país.

Dirigida por Kirill Serebrennikov “Leto, un verano de amor y rock”, es una película que muestra la espera de este grupo de jóvenes de que suceda algo grande, inspirados en la música y en el arte, convencidos de que estaba por llegar una nueva era y, precisamente ese cambio es la entrada en vigor de la Perestoika, que dio fin al viejo régimen comunista en Rusia.

La producción francesa, retrata el año de 1981 en Rusia, con todos los contrastes que la transformación le ha dado a una sociedad tradicionalista que justamente comienza a vivir una metamorfosis imparable, basada en esquemas occidentales, encabezados por los grupos que durante años  estuvieron de moda como The Beatles, Rolling Stones, Sex Pistol, David Bowie, entre muchos otros.

Técnicamente, la cinta tiene mucha tela de donde cortar, por principio de cuentas, maneja el blanco y negro como la base de la estética visual decorándola con algunos destellos de color e incrustando unos cuantos clips animados que pudieran parecer rústicos o rudimentarios, sin embargo, están perfectamente definidos. Los planos secuencia y el tono añejo del filme, hace recordar a Alfonso Cuarón y su notoria “Roma”. Un filme que permite al espectador el deleite parsimonioso.

El trabajo histriónico, cimiento artístico de un filme, es bien materializado por Irina Starshenbaum, Roma Zver y Teo Yoo, los protagonistas de la historia, característica que en conjunto con lo anterior permiten que la cinta se convierta en una recomendación para todo mundo, sin embargo, a algunos cuantos les costará engancharse al ritmo contemplativo con el que transita por momentos el largometraje.

Adiós, Armando Ramírez

Una triste noticia llegó a nosotros esta semana, el fallecimiento del gran escritor y cronista popular Armando Ramírez, quien no estuvo tan relacionado con el cine, a pesar de haber escrito un par de guiones, sin embargo, marcó una escuela en el mundo de la cultura popular.

Quién no recuerda sus libros “Chin chin el teporocho”, “Noche de califas”, Quineañera” o “El vampiro de la colonia Condesa” por mencionar solo algunos títulos o su gran aportación al Tepito Arte Acá.

Se va un enorme personaje de la cultura popular. Desde acá nuestro más sentido y respetuoso pésame a su familia.

Sólo le recuerdo que la imaginación se disfruta más en la oscuridad del cine, así que no deje de asistir a su sala favorita.

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